Hosteleros de Avilés evitan la prohibición de sacar las televisiones a las terrazas colocando las pantallas detrás de un cristal para ver el partido desde la calle
“Lo que me parece increíble es la norma del Ayuntamiento de no poner volumen”, señalan los usuarios y hosteleros

Ambiente en las terrazas de Avilés. / Miki López / LNE
“Esta sí es La Roja que nos gusta”. La frase de Raúl Serrano resumía el sentir general de los aficionados cuando el árbitro señaló el descanso en el España-Arabia Saudí. En Avilés, donde decenas de seguidores siguieron el encuentro desde bares y cafeterías, el 4-0 final sirvió para devolver la confianza a una selección que llegaba cuestionada tras el inesperado empate ante Cabo Verde en el estreno del Mundial. Un segundo partido de la Roja que en Avilés se vivió de forma especial por la polémica de la prohibición en la villa del Adelantado (y en Langreo) de sacar televiones fuera de las terrazas.
La victoria no solo despejó dudas futbolísticas. También dejó una imagen muy distinta a la del primer partido. España dominó desde el principio. “Está mejor que contra Cabo Verde, jugando por las bandas”, analizaba Antonio Espolita mientras seguía el partido. “Es importante jugar por los extremos. El otro día intentó conservar a los buenos, pero es el Mundial, todos los partidos son a muerte”.
La polémica de las terrazas marcó la previa del partido
El ambiente alrededor del encuentro estuvo marcado por una polémica que había acompañado toda la semana a los aficionados. Hosteleros de Avilés y también de Langreo habían solicitado permiso para sacar televisores a las terrazas y permitir que los clientes siguieran el partido desde el exterior de los establecimientos. La petición fue rechazada por los ayuntamientos por cuestiones relacionadas con el ruido. La negativa no evitó que muchos buscaran fórmulas alternativas. En el K Fe de José, uno de los puntos de reunión habituales para seguir a España, la pantalla permaneció dentro del local, colocada estratégicamente junto al cristal para que pudiera verse desde la calle. Desde allí, numerosos aficionados siguieron las acciones más importantes del encuentro.
“Siempre quedamos en este bar”, explicaba Víctor Ayuso mientras observaba el partido junto a sus amigos. “Lo que me parece increíble es la norma del Ayuntamiento de no poner volumen”. El comentario era compartido por buena parte de los presentes, que no entendían por qué no podía aprovecharse el tirón de una cita mundialista para crear un ambiente más festivo en las calles.
Pese a todo, el balón acabó imponiéndose a la polémica. España salió decidida a borrar cualquier rastro de incertidumbre y pronto comenzó a encerrar a Arabia Saudí en su campo. Toño Morán lo tenía claro antes incluso del inicio. “La alineación es mejor que el otro día”, señalaba.
Así vivió Avilés, Gijón y Oviedo la goleada de España ante Arabia Saudí / Miki López, Marcos León y Mario Canteli
Lamine lidera la reacción de España y devuelve la ilusión
Cuando llegó el primer gol en el minuto 10, obra de Lamine Yamal, fue de alivio evidente. Luis García seguía el encuentro con una petición muy concreta al seleccionador. “Que saque a Lamine y lo tenga entre algodones”, comentaba tras su gol. Una reflexión compartida por quienes consideran al joven talento una de las piezas imprescindibles de esta selección y prefieren evitar cualquier riesgo innecesario en la fase inicial del torneo. “A partir de meter el primer gol ya nos relajamos”, reconocía después Víctor Ayuso.
Entre celebración y celebración también había espacio para otro fenómeno cada vez más habitual en las grandes citas deportivas: las apuestas deportivas realizadas a través de aplicaciones móviles. El resultado del partido mantenía en vilo a varios grupos de amigos por motivos que iban más allá de la clasificación mundialista. “Yo aposté un euro a que España ganaba con la portería a cero”, contaba Víctor Ayuso mientras consultaba el móvil.
A su lado, Rodrigo de Miguel seguía pendiente de una apuesta diferente. “Ambos marcan mínimo un gol. Un euro”, explicaba entre risas. La más original quizás era la de Yago Leiceaga, que no estaba pendiente de los goleadores sino de las estadísticas. “Ocho córners de España”, comentaba cuando la selección ya acumulaba seis saques de esquina. La conversación derivó rápidamente hacia las supersticiones futboleras. “Tenemos un amigo que no apuesta a España nunca, no vamos a decir su nombre”, bromeaban entre carcajadas.
El ambiente festivo también se repetía en otros puntos de Avilés. Miriam Carretón, Lucía García e Ingrid Sánchez llevaban días organizando su particular ruta futbolera. “Estamos viendo todos los partidos. Cambiamos de bar según vemos”, explicaban. Para ellas, el Mundial se ha convertido en una excusa perfecta para reunirse y disfrutar del verano. “Estaría bien que el Ayuntamiento pusiera una pantalla gigante”, proponían. “Hoy vemos a España mejor. Había que calentar”.
La idea de habilitar un espacio público para seguir los partidos aparecía una y otra vez entre los aficionados. Desde el interior del K Fe de José, Álvaro Rodríguez coincidía con esa visión. “La solución sería que los ayuntamientos pusieran una pantalla grande”, planteaba.
Mientras tanto, sobre el césped, España seguía haciendo los deberes. Los goles fueron cayendo y el marcador terminó reflejando una superioridad incontestable. El 4-0 permitió recuperar sensaciones y volver a situar a la selección entre las favoritas del torneo.
También hubo tiempo para las bromas futboleras más clásicas. María Blanca celebraba cada buena acción española con especial entusiasmo. “Soy de España y del Barça, así que estoy encantada”, aseguraba. A su lado, su novio, Jaime Santamarta, no podía evitar reírse. “Yo soy del Madrid”, respondía, reflejando una rivalidad que desaparece cuando juega la selección.
La confianza crecía con cada ataque español. Ferran Torres envió el balón al fondo de la red. Durante unos segundos, los aficionados festejaron el tanto convencidos de que ampliaba la ventaja. Sin embargo, mientras algunos ya cantaban el gol, desde varias mesas se escuchó una frase repetida casi como una consigna: “Era para Nico Williams”.
La revisión confirmó las sospechas. El tanto quedó anulado por fuera de juego y el marcador no se movió.
Con el pitido final, las conversaciones ya no giraban alrededor del decepcionante debut. España había convencido y había ganado. Había vuelto a parecerse a la selección que los aficionados querían ver. Y aunque las terrazas no pudieron llenarse de televisores y altavoces, Avilés encontró igualmente la manera de vivir una tarde de Mundial.
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