"El Último de la Fila", inmenso e irrepetible en Avilés ante 20.000 espectadores
Manolo García y Quimi Portet regalan un concierto interminable y lleno de verdad

FOTOS: Miki López

Hay pocas bandas en España capaces de acabar una carrera de décadas con la cantidad y la calidad que tiene el repertorio de "El Último de la Fila" y volver a ponerla en pie con la forma y el fondo con que Manolo García y Quimi Portet lo hicieron este sábado por la noche en Avilés. Muy lejos de ser los abuelitos que bromearon ser, la banda se entregó a la multitud con una alegría digna del principiante y una generosidad de dos horas y media y más de 25 canciones coreadas a pulmón por un público agradecido y consciente de estar viviendo algo, posiblemente, irrepetible. Una segunda y última oportunidad de bailar con los muchachos.
El concierto había arrancado como un verdadero test de esfuerzo (lo sería también a la salida con problemas para desalojar a toda la gente) para el Pabellón de la Magdalena en esta nueva vida dedicada a los macroconciertos. Las 20.000 almas iban llenando explanada y gradas, con miles de personas aguardando todavía en la calle a la hora de inicio del recital, las diez y media. Para la tercera canción, la celebrada "Querida Milagros", la práctica totalidad ya había logrado entrar.
"El Último de la Fila" abrió con un par de "Los Burros", "Huesos" y "Conflicto armado", sonido muy rockero y esa actitud de Manolo García de chaval majo dispuesto a ayudarte a cambiar una rueda o invitarte a una cerveza. Ayer hizo el esfuerzo de presentarse en asturiano –"Buenes noches, guajes y moces, equí tamos esta nuechi, ¿lo he dicho bien?"– y Quimi Portet felicitó luego al respetable por haber crecido tanto, fieles, contó, al "id y multiplicaos" con el que despedían los bolos cuando todavía empezaban en este negocio ante muy poca gente.
Ahora su público es legión en esta nueva gira de reunión y comunidad. Desde el principio el repertorio está hecho a medida de lo que se espera, sea "Aviones plateados", "No me acostumbro", "Dios de la lluvia" o "Soy un accidente", en el primer tercio del concierto.
"Disneylandia", una joya de "Los Burros", marcó el ecuador de la noche, con Manolo García muy juguetón, enseñando los calcetines, los calzoncillos y tirando una butaca del escenario al foso. Suena raro, pero se entendió bien dentro de la rareza que siempre ha acompañado a la banda, a pesar o además de su éxito masivo.
No ocultaron tampoco su compromiso, cuando el cantante, en uno de los momentos más aplaudidos de la velada, dedicó el recital a labradores, pescadores, "los paisanos que mantienen viva la cultura en Asturias", los que soportaron el "juego de trileros" de verse obligados a vender sus vacas. Y a los sufridos autónomos "que están hasta los huevos". Antes, también se había referido a la concejalía de cultura de Avilés para darle las gracias, celebrar lo "guay" que era el Niemeyer y concluir que esas son las cosas que hacen falta: "La enseñanza y la cultura es la mejor arma para mejorar el mundo".
Lo que siguió fue un paseo triunfal por un repertorio muy colorista ("Lápiz y tinta", "Sara"; "Lejos de las leyes de los hombres" o "El que canta su mal espanta"), ejecutado con solvencia y matices. Una parada de siete minutos en la que se pudo seguir viendo en las pantallas, como durante el resto del concierto, material de archivo de la historia de la banda, dio paso a la traca final. En ese momento sonaron, como en un inmensa fiesta de cumpleaños, "Ya no danzo al son de los tambores", "Los ángeles no tienen hélices" y "Como un burro amarrado a la puerta del baile". Para "Insurrección" hubo fuegos artificiales, confetti y ositos. "No volvemos a tener 25 años pero los que tenemos están de puta madre", celebró Manolo García antes de animar al público a que siguiera pidiendo bises. En clave ranchera, "El Rey" , de José Alfredo, y una jota aragonesa que se marcó Ángel Celada, el batería, pusieron casi el punto final. Se quedaron solos en el escenario Manolo García y Quimi Portet, a los que luego se unirían las coristas, para regalar un último "Mar antiguo". Entre aplausos y muy emocionado, el cantante se quedó solo y dejó un alegato ecologista de propina a la multitud: "Cuidad el paraíso que tenéis, que no os lo jodan como han hecho con el Mediterráneo, que no os jodan Asturies, esta tierra es para vuestros hijos y vuestros nietos".
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