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La Arena presume de santos por San Juan: "Merece la pena esperar un año para volver a verlo"

Cientos de personas acompañan la comitiva marinera en una jornada de calor sofocante culminada con la tradicional bendición de las aguas junto al Nalón

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La Arena

San Juan de La Arena celebró su tradicional procesión marinera en una jornada marcada por el calor, la alta afluencia de público y la emoción de una cita que cada 24 de junio reúne a vecinos, visitantes y representantes institucionales en torno a una de las señas de identidad del concejo. La misa cantada, la salida de las diecinueve imágenes y la bendición de las aguas volvieron a convertir el entorno de la ría en el punto culminante de la fiesta.

La mañana amaneció espléndida en San Juan de La Arena. El sol lucía con fuerza desde primeras horas y los termómetros se acercaban a los 30 grados en una jornada plenamente veraniega que invitaba tanto a participar en la fiesta como a disfrutar de la cercana playa de Los Quebrantos. Esa combinación se dejó notar en los accesos a la localidad, con un tráfico más intenso de lo habitual por la mezcla de vecinos, visitantes y curiosos que acudieron a presenciar la tradicional procesión marinera y de los muchos bañistas que eligieron el arenal para combatir el calor. "El año pasado no tuvimos muy buen tiempo, pero este calor quizás es demasiado", bromeaba Ana Valentín, vecina de la zona, mientras buscaba una sombra desde la que seguir los preparativos de la celebración.

El principal enemigo de la mañana, sin embargo, no era otro que la propia indumentaria festiva. Los trajes de marinero y los de los gaiteros empezaban a dejarse ver en el entorno de la parroquia de San Juan, donde el calor apretaba antes incluso de que la comitiva echase a andar. Muchos participantes y acompañantes se acercaban a los bares de la plaza, con las terrazas hasta la bandera, en busca de algo fresco con lo que aliviar la espera, mientras en el interior del templo se ultimaban los detalles antes del arranque de la procesión.

"Es un día muy importante, todos sentimos mucho esta celebración", destacaba el párroco, José María Menéndez, poco antes del inicio de la ceremonia. La tradición se remonta a generaciones atrás y, aunque algunos aspectos han evolucionado, conserva gran parte de los elementos que la convierten en una de las señas de identidad del municipio. No en vano, en sus orígenes, para portar las imágenes, era obligatorio ser hombre, estar soltero y no haber realizado el servicio militar, unos requisitos que desaparecieron hace años para dar paso a una participación más abierta. "Mi padre ya sacaba a los santos en esta parroquia hace más de cincuenta años; es una de las tradiciones que identifican a San Juan de La Arena", añadió el sacerdote.

Misa cantada y procesión

La celebración religiosa arrancó puntualmente a las doce del mediodía, anunciada por un intenso repique de campanas que resonó por todo el casco urbano. El templo de San Juan presentaba un aspecto imponente, lleno hasta la bandera para asistir a una misa cantada que reunió a vecinos, visitantes y familias fieles a la tradición marinera. La afluencia fue tal que numerosas personas siguieron la ceremonia desde las puertas de la iglesia e incluso desde el exterior, aprovechando los huecos desde los que podían escuchar el oficio. La eucaristía se prolongó durante unos cincuenta minutos y, una vez concluida, fueron los gaiteros quienes marcaron el inicio de la procesión interpretando el Himno de Asturias a la salida del templo.

Concluida la misa, las imágenes comenzaron a salir de la iglesia una a una hasta completar las diecinueve que integraron la comitiva. Acompañándolas, alrededor de un centenar de participantes vestidos para la ocasión fueron ocupando sus posiciones. Hubo incluso un pequeño susto en los primeros compases, cuando la Virgen del Carmen se balanceó más de la cuenta al cruzar el umbral de la iglesia, aunque el momento quedó en una simple anécdota. Las imágenes lucían además un aspecto especialmente cuidado tras el proceso de restauración acometido recientemente. "Restauramos todas las imágenes de la parroquia hace un año. Empezamos por una y acabamos arreglando las diecinueve. Estaban en mal estado y ahora lucen preciosas", explicaba Manolo Álvarez, uno de los impulsores de unos trabajos que han permitido recuperar el esplendor del patrimonio religioso de la parroquia.

La procesión siguió después el recorrido tradicional por las calles de la localidad, arropada por un público que se fue repartiendo a ambos lados del itinerario. Entre los espectadores más atentos estuvieron los mayores de la residencia del pueblo, que bajaron a la calle para seguir el desfile en primera fila. El párroco, José María Menéndez, caminaba con gorra para protegerse del sol durante el paseo, mientras algunos bebés aguardaban en brazos con auriculares para amortiguar el sonido de la alarma de la rula, que comenzó a sonar a las 13.22 horas anunciando la llegada de los santos al entorno de la ría.

Amplia representación política

Entre los asistentes no solo se encontraban vecinos, feligreses y participantes de la procesión. La cita volvió a reunir a numerosas caras conocidas de la política municipal de la comarca. Como no podía ser de otra manera, estuvo presente el alcalde de Soto del Barco, José Manuel Lozano, que en plena polémica política en el consistorio recibió el respaldo de varios regidores del entorno que quisieron acompañarle en una de las jornadas más importantes para el concejo. Junto a él se dejaron ver David Álvarez, alcalde de Pravia; Celestino Novo, alcalde de Muros de Nalón; y también los alcaldes de Salas, Sergio Hidalgo, y Cudillero, Carlos Valle.

El momento más emotivo de la jornada llegó al alcanzar el entorno de la rula. Allí, las imágenes de San Juan, la Virgen del Carmen y la Santina de Covadonga abandonaron momentáneamente el grueso de la comitiva para avanzar hasta la orilla de la ría, seguidas por cientos de miradas. Fue entonces cuando el párroco realizó la tradicional bendición de las aguas del Cantábrico, un rito cargado de simbolismo que durante décadas también marcó el inicio de la temporada de baños en la playa de Los Quebrantos.

"No estamos en Semana Santa ni nada parecido, pero es una procesión preciosa. Merece la pena esperar un año para volver a disfrutarla", comentaba Carmen Mayo, vecina de Gijón y habitual de una celebración que cada 24 de junio convierte a San Juan de la Arena en el epicentro de una de las tradiciones más singulares de la costa asturiana.

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