Juan Echanove, actor y director de escena: "Después de mi casa, el teatro es el lugar donde más cómodo me siento"
"El truco de llevar a Azcona y a Berlanga a escena siempre es el mismo: no hacer cine en el teatro y no hacer teatro en el cine", señala

Juan Echanove. | EP

Juan Echanove (Madrid, 1961), que atiende la llamada telefónica de LA NUEVA ESPAÑA, regresa este viernes a Avilés (20.00 horas), al teatro Palacio Valdés. Allí se convirtió en director de escena –hace veintiún años–. En esta ocasión, viene con "Esencia", que es su mano a mano con Joaquín Climent, un espectáculo que aparcó para montar "La escopeta nacional", ahora, en el teatro Español.
Creo que esta "Esencia" les está dando muchas alegrías, ¿no?
La verdad que sí. Estamos haciendo una gira muy bonita, muy aceptada por el público, por la crítica; todo. Nos metimos en un proyecto muy complicado, realmente: Eduardo Vasco como director, Joaquín Climent y yo como actores; todo el mundo. Y la verdad que está siendo un placer. Y vamos a seguir girando hasta enero del año que viene.
¿Y cómo se combina la gira con la dirección?
Pues parando la gira y dedicándome a dirigir durante los dos meses y pico que ha durado el montaje de "La escopeta nacional". Y ahora que "La escopeta" ya va sola, pues vuelvo a la gira. Lo que no se puede hacer es dos cosas a la vez. Yo, durante los últimos dos años, he estado dando vueltas en mi cabeza, he estado preparando el montaje de "Escopeta", y lo que he hecho ha sido cumplir los tiempos. En todo momento yo dije, cuando empezamos con "Esencia", que lo que no podía era hacer bolos de "Esencia" y, a la vez, dirigir "La escopeta nacional". Entonces paramos la gira "Esencia" a finales de abril y la hemos retomado ahora con Avilés y con el Festival de Spoleto, en Italia, a primeros de julio. Y luego ya paramos en verano, porque es un espectáculo que no se hace al aire libre. Y en septiembre retomamos: septiembre, octubre, noviembre, diciembre y enero.
¿Qué tienen Berlanga y Azcona que le seducen tanto?
Para mí, Berlanga y Azcona, muy especialmente Rafael Azcona, forman parte de mi ADN. Yo estoy seducido por Rafael Azcona desde el primer momento que fui actor. Tuve la suerte de conocerlo muy pronto, de participar con él en muchos proyectos como guionista, como coproductor y, sobre todo, como amigo. Entonces, para mí hacer "La escopeta nacional" ha sido, de alguna manera, revivir todas las conversaciones, todos los momentos compartidos con Rafael y su visión del mundo.
Porque usted había trabajado en "Suspiros de España y Portugal", con García Sánchez.
Claro: "Suspiros de España y Portugal", "Siempre hay un camino a la derecha" y "Adiós con el corazón" son películas en las que no solamente trabajé como actor, sino que fui, junto a Juan Luis Galiardo, el propio Azcona y José Luis García Sánchez, coproductor.
No es su primer Azcona, ya hizo "El verdugo". ¿En qué momento vio usted que "La escopeta" también tenía una obra de teatro?
Bueno, ya cuando hicimos "El verdugo" pensamos que "La escopeta" sería un buen texto para adaptar. Y aproximadamente hace ahora dos años fue cuando nos reunimos Bernardo Sánchez y yo y dijimos: "Vamos a retomar el proyecto ‘Escopeta’ y vamos a darle forma. Y vamos a conseguir que todo eso que nos cuenta la película pueda ser contado en un teatro de una manera, además, que no sea como lo mismo que ‘El verdugo’, que no sea un calco de la película, sino que sea una dramaturgia para que el espectador, en un teatro, pueda vivir todo aquello que les planteaban Azcona y Berlanga en el escenario". El truco, Saúl, siempre es el mismo: no hacer cine en el teatro y no hacer teatro en el cine.
Cuando dirige lo suele hacer a un gran elenco y cuando actúa, va más a la esencia.
No. Esto no es una elección personal. En los últimos años yo he trabajado como actor en la empresa privada haciendo teatro quitando los dos últimos proyectos en los que trabajé con Gerardo Vera, que eran proyectos de teatros públicos, es decir, "Los hermanos Karamázov" y "Sueños de Quevedo". Trabajar en la empresa privada hoy en día supone moverte con un esquema de producción de obras que no superen un elenco de cuatro o cinco actores. Respecto a "La escopeta nacional" siempre dije que yo no quería que los actores doblaran personajes. Yo creo que un montaje como "La escopeta nacional" requería una intervención pública, como así ha sido. Eso hace que no vaya de gira: la vida de "La escopeta nacional" empezará y terminará en Madrid.
¿Qué le da trabajar con Bernardo Sánchez?
Creo que somos como las hermanas Labèque en el piano. Bernardo y yo trabajamos al alimón, trabajamos muy bien a cuatro manos, nos entendemos muy bien y cada uno firma nuestro cometido. Él, la dramaturgia y yo, la dirección de escena. De la misma manera, salvando las distancias, que en el cine Azcona y Berlanga trabajaban juntos muy bien, a Bernardo y a mí nos pasa lo mismo en el teatro. Las dos personas con las que mejor trabajamos cada uno de nosotros, somos nosotros dos.
El otro día, pillé en RTVE Play "Turno de oficio" y me la vi entera.
A mí me da mucha nostalgia por de pronto porque ahora la veo y no está Juan Luis Galiardo y no está Irene Gutiérrez Caba y no está Antonio Mercero y no está Horacio Valcárcel. No hay prácticamente nadie. Yo creo que de todo ese elenco seguramente quedamos Carmen Elías y yo. Y la verdad que me da mucha, mucha, mucha nostalgia. También le digo que cuando la veo, no me reconozco físicamente. No me reconozco. Veo más a mi hijo. Mi hijo se parece más a Cosme que yo. Pero quitando eso, siempre pienso lo mismo: "Qué suerte tuve de que Antonio Mercero me escogiera para ese personaje. Qué suerte tuve de hacerlo con ese elenco. Qué suerte tuve en todos los sentidos".
Tenía treinta y tantos años.
Menos, menos. Cuando empezamos a grabar tenía veintidós.
Te contaba toda aquella España que pasaba por los juzgados.
En aquellos tiempos la gente no sabía lo que era el turno de oficio. Creo que "Turno de oficio", además de tener un valor indudable como serie de televisión, también cumplió una función social explicando a la gente lo que era todo esto. Creo que a lo mejor sería el momento de hacer algo que tuviera que ver con las audiencias provinciales, los tribunales supremos, los consejos generales del Poder Judicial, el Poder Judicial en sí. A mí me instruía en los procedimientos la decana de los jueces: nada menos que Manuela Carmena. Rodamos en escenarios reales. Todas las tardes, a las cuatro, porque el juzgado terminaba su labor a las tres, empezábamos a grabar y estábamos hasta las diez u once de la noche todos los días. Y veíamos pasar por allí de todo. Pero de todo.
¿El teatro es el sitio donde más cómodo se siente?
Después de mi casa, sí. Para mí el teatro ya se ha convertido en un hábitat totalmente amable para mí. Hace poco se lo comentaba a una amiga cercana con la que he trabajado bastante y me decía: "Ni siquiera hoy, que estrenas ‘La escopeta nacional’, estás nervioso". Y yo decía: "Si es que yo no he tenido nervios nunca". O sea, para mí levantar un telón es algo tan asumido como el hecho mecánico de respirar. No me causa ningún estrés, lo disfruto enormemente, me encanta el público, me encanta el sonido que hace el telón cuando se levanta, me sigue gustando ir de gira. Todas esas cosas realmente hacen que el teatro sea para mí ya no solamente una profesión, sino mi vida.
Hablando de su vida: Avilés hace años que forma parte de ella.
En Avilés fue la primera vez que yo dirigí una función de teatro. Y, concretamente, uno de los actores es ahora el protagonista de "La escopeta": Pere Ponce. Y yo le decía a Pere: "¿Tú te das cuenta de que el primer día de ensayos, porque Juanjo Otegui tenía que llegar al día siguiente, el primer día de mi vida como director ha sido dirigiéndote a ti? Y ahora estamos en ‘La escopeta’". Y en Avilés fue cuando Jordi González, uno de los jefes de Focus, me dijo: "Juan, tú tienes que seguir dirigiendo además de interpretar, porque tienes una manera de dirigir que es muy sincera, muy natural". Y le hice caso. Y, a partir de entonces, no he parado.
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