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Secciones

Condenan al párroco de Luanco por agredir a una vecina en la iglesia: "Suélteme para que me pueda ir"

El juzgado sanciona al sacerdote con dos meses de multa y con una indemnización de 3.969 euros a la vecina, aunque la sentencia no es firme y ha sido recurrida ante la Audiencia Provincial

Algunas de las secuelas que le dejó la agresión.

Algunas de las secuelas que le dejó la agresión. / LNE

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Luanco

La Justicia ha dado la razón a una vecina de Luanco que denunció al párroco de la localidad, José Antonio Alonso, por una agresión ocurrida en el interior de la iglesia de Santa María. El Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 6 de Avilés ha condenado al sacerdote como autor de un delito leve de lesiones, al considerar acreditado que la agredió durante una discusión originada porque sonó el teléfono móvil de la amiga que la acompañaba. La resolución, fechada el 9 de junio, no es firme y ya ha sido recurrida ante la Audiencia Provincial de Asturias.

Los hechos se remontan al 3 de agosto de 2025. La denunciante se encontraba en el interior de la iglesia acompañada por una amiga cuando comenzó a sonar el teléfono de esta última. Fue entonces cuando el párroco les recriminó su comportamiento, inició una discusión y, según la sentencia, cogió con fuerza de los brazos a la mujer para empujarla hacia el exterior. La víctima asegura que el detonante de la situación fueron una serie de graves insultos proferidos por el sacerdote. La jueza considera probado que la zarandeó y que llegó a golpearle las tibias con una mesa camilla utilizada previamente en un funeral.

Como consecuencia de esos hechos, la víctima sufrió lesiones que tardaron treinta días en curar y padeció un cuadro de estrés postraumático. La mujer sostiene que aquella tarde acudió simplemente a enseñar la iglesia a una amiga. "Fue entrar, poner una vela y al girarnos para salir le sonó el móvil. Lo cogió enseguida y ya iba caminando hacia la puerta diciendo que estaba en la iglesia y que salía en ese momento", relata.

A partir de ahí, asegura, todo ocurrió de forma repentina. "Salió eufórico, gritando 'fuera de mi casa'. Me agarró del brazo y yo solo le decía: 'suélteme para que me pueda ir'. Luego cogió una camilla de hierro y empezó a golpearme en las piernas. Me dio muchísimo miedo. Pensé: 'no puede estar pasando esto en una iglesia con un párroco'", afirma la denunciante.

Durante el juicio, tanto la Fiscalía como la defensa del sacerdote solicitaron su absolución. Sin embargo, la jueza otorga plena credibilidad al testimonio de la denunciante al apreciar en su declaración "verosimilitud, persistencia y ausencia de incredibilidad subjetiva", destacando además que ni siquiera conocía previamente al denunciado. La resolución subraya que su versión quedó corroborada por la amiga que la acompañaba, por el parte médico realizado al día siguiente de los hechos y por otro testigo que confirmó haber observado una discusión y al sacerdote "forcejeando".

La condena y el recurso

La magistrada también analiza la versión del párroco, que negó haber agredido físicamente a la mujer, aunque sí reconoció la discusión verbal y admitió haber realizado un gesto físico que definió como "animar a salir" a la denunciante del templo. Frente a ello, la sentencia concluye que la valoración conjunta de las pruebas permite considerar probado el relato de la víctima y desvirtuar la presunción de inocencia.

La resolución impone al sacerdote una pena de dos meses de multa, con una cuota diaria de ocho euros, además de la obligación de indemnizar a la víctima con 3.969 euros por las lesiones y secuelas sufridas. La jueza considera proporcionada esa indemnización y destaca que los hechos se produjeron en un lugar público, circunstancia que incrementó el daño moral sufrido por la perjudicada.

La denunciante asegura que el episodio le dejó una profunda huella psicológica. "Lo peor no fueron los moratones, que terminaron desapareciendo. El daño psicológico sigue ahí. Si esto me hubiese pasado con cualquier persona por la calle habría sido terrible, pero que ocurra dentro de una iglesia y con un párroco es algo que todavía hoy me cuesta asimilar", afirma. La mujer confía ahora en que la sentencia, todavía pendiente del recurso presentado por José Antonio Alonso, sirva para que se conozcan los hechos: "La Justicia me ha dado la razón, aunque todavía habrá que esperar a que la sentencia sea firme".

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