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José Lázaro, médico: "Las humanidades curan si consiguen que el médico interactúe con empatía"

"‘Tiempo de silencio’ es asombroso: Martín-Santos hace con la lengua española lo que el ‘Ulises’ de Joyce hizo con la inglesa", sostiene el profesor en la Universidad Autónoma de Madrid que estos días participa en un congreso en Avilés

José Lázaro, el viernes, en el Hospital San Agustín.

José Lázaro, el viernes, en el Hospital San Agustín. / MARA VILLAMUZA

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Saúl Fernández

Saúl Fernández

Avilés

José Lázaro (La Coruña, 1956) prepara su jubilación como profesor de Humanidades Médicas en la Universidad Autónoma de Madrid. Escribió "Vidas y muertes de Luis Martín-Santos". Vuelve estos días a Avilés, donde esta semana se ha desarrollado la vigésima segunda edición del Congreso sobre Tratamiento Asertivo Comunitario en Salud Mental. Unos minutos antes del último acto del encuentro atiende a LA NUEVA ESPAÑA en el salón de actos del Hospital Universitario San Agustín.

Ha trabajado mucho sobre Martín-Santos.

Yo hice un libro sobre su vida que se publicó en el 2009. Y realmente no hice nada más porque no había más fuentes, ni había más material. Cuando lo hay es ahora, que se están publicando las obras completas. Pero, por un lado, yo ya estoy fuera del tema. Y, por otro, nos pasa siempre, los problemas con las familias, te quitan muchas veces las ganas de trabajar sobre un tema.

Martín-Santos era un médico psiquiatra que escribió una novela que cambió la historia de la literatura española y luego, todo lo demás, lo dejó guardado.

No es que lo dejara guardado, es que no se podía imaginar que se iba a morir con 39 años. Y tampoco tenía ningún interés en publicar cosas que o eran de aprendizaje o estaban sin acabar. Escribió toda su vida, pero no se planteó publicar hasta que pensó que un libro era lo suficientemente bueno como es el caso de "Tiempo de silencio", que me parece un libro asombroso. Martín-Santos hace con la lengua española lo que hizo el "Ulises" de Joyce con la inglesa.

¿Y qué hizo?

Introducir técnicas narrativas completamente nuevas respecto a las tradicionales del realismo. Joyce lo hace en los años 20 y Martín-Santos, en los 60. No es que él copie el "Ulises", sino que realmente ha asimilado esa manera de hacer literatura y la recrea en su propio mundo.

Lo hace sobre un asunto muy realista: el señor burgués que entra en el lado oscuro de la ciudad y lo cuenta.

Pero la manera de contar todo eso de los poblados chabolistas no tiene nada que ver con el Realismo. Realismo es "La colmena", Realismo es Delibes, es decir, es un retrato directo de la realidad. Lo que él hace es jugar con el lenguaje, retorcer el relato, hacer que cambien las voces de que en un párrafo habla una persona y en otro otra. Hacer saltos en el tiempo, toda una serie de técnicas narrativas que ahora ya estamos muy acostumbrados a ellas, pero que en el siglo XIX nadie las conocía ni las usaba.

¿Y de dónde le viene la modernidad a Martín-Santos?

Es un autodidacta puro. No tuvo ningún tipo de formación en literatura, salvo su pasión por la lectura, su inteligencia natural. Y cuando llegó a Madrid en los años 40, el contacto con Juan Benet y con las personas que estaban al tanto de este tipo de literatura

¿El hecho de que el protagonista de "Tiempo de silencio" y que Martín-Santos fuera médico también le hacía partícipe de su propia historia en esa novela?

Sí, totalmente. Yo pienso que toda novela tiene algo de autobiográfico. En cualquier narración uno parte de su vida, sus recuerdos, sus obsesiones, sus manías y las recrea con la imaginación. Entonces va mezclando cosas que en la realidad ha vivido con cosas que a partir de ahí construye. "Tiempo de silencio", evidentemente, es una visión que él da de su propia sensación de que el mundo del catolicismo franquista en el que tenía que vivir era totalmente frustrante para un intelectual libre pensador ateo como él era. Todo esto lo representa en eso de un joven investigador, un médico, y que poco menos sueña con ganar el premio Nobel y acaba metido en un lío que le condena a ser un médico de un pequeño pueblo y dedicarse a jugar al dominó con el farmacéutico. Pero en "Tiempo de destrucción", la novela que dejó inacabada, el protagonista es un juez y la novela es tan autobiográfica por lo menos como "Tiempo de silencio".

¿Qué nos perdimos con su muerte?

Eso es literatura ficción. Muchísimo. Estaba empezando. Estaba dando los primeros pasos.

Usted es profesor de Humanidades Médicas.

Bueno, ahora soy jubilado.

Pues entonces es la persona adecuada para explicarme el término.

En la carrera de Derecho hay dos asignaturas de primerísima importancia que nadie discute que son la Historia del Derecho y la Filosofía del Derecho. La Historia y la Filosofía son dos instrumentos fantásticos para entender una disciplina. En Medicina eso no existía hasta que apareció la Historia de la Medicina que no fue una asignatura importante y entonces era solo Historia. Sin embargo, hay que entender que la realidad de la enfermedad en los seres humanos tiene aspectos que se pueden abordar con el método científico experimental, la farmacología y la cirugía, y esos se encargan el 98% de la formación de los estudiantes. Tiene aspectos sociales -la medicina legal, la medicina preventiva y social-, y luego tiene aspectos humanos que son la manera en que cada persona vive una misma enfermedad de una forma totalmente distinta, la importancia que tiene en el tratamiento, el tipo de simpatía o antipatía que produzca de una manera intuitiva el médico en el enfermo, y todo ese campo de las humanidades en cierto modo está representado por estas disciplinas, por el intento de acercar.

El luto es un tema literario inmortal, pero me llama la atención de que cuando uno escribe sobre un luto, ese luto es suyo; cuando lo deja escrito, ya no es tuyo porque te has liberado, pero ese luto sigue estando escrito.

Claro, muchas personas sostienen que la escritura es una forma de psicoterapia, en el sentido de catarsis, es decir, una vez que consigues expresar algo y ponerlo en palabras, de alguna forma te has liberado de ello. Curiosamente, personas que han tenido un sufrimiento tremendamente intenso e importante, por ejemplo, la experiencia de los soldados en una guerra donde tienen que pasar hasta por una lucha cuerpo a cuerpo, te encuentras que hay algunos en que esas situaciones traumáticas, ese estrés postraumático, obliga al paciente a contarlo una y otra vez hasta que parece que a base de contarlo lo desgasta. Sin embargo, hay otros que es típico del excombatiente, que se refugian en el silencio más absoluto y jamás en su vida hablan de lo que vieron y lo que hicieron. Las dos reacciones tienen su sentido, hasta qué punto depende de diferentes experiencias o de diferentes tipos de personalidad, pues eso habría que verlo caso por caso.

Finalmente lo que quiero decir es que las humanidades pueden ayudar a curar.

Claro, si consiguen que el médico interactúe con sus pacientes de una forma más empática, se comunique mejor con ellos, el paciente se siente mejor tratado, cumple mejor el tratamiento, vuelve a ir a ese médico. Torrente Ballester, que era un gran escritor gallego, dijo en una conferencia que era amigo de todos sus médicos y le preguntaron cómo era posible. Dijo, muy fácil, cuando yo voy a un médico la primera vez, se habla conmigo, me explica las cosas, pues nos hacemos amigos y si es una persona antipática, seria y distante, no vuelvo a ir a ese médico. Para él era tan esencial poder hacer amistad con su médico, que si no podía, se buscaba otro médico. Eso que muestra un poco la importancia de lo que es el contacto personal humano y el sentirse bien acogido emocionalmente por parte del médico para seguir o no seguir el tratamiento, hasta ese punto influye.

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