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Mortadelo y Filemón se enchufan a la ciencia en el salón del cómic de Avilés

El CSIC inaugura una muestra de viñetas de Ibáñez con la presencia de la hija del historietista: "Hacía inventos en casa como los de Bacterio y al final, acabé siendo bióloga"

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Illán García

Illán García

Avilés

Mortadelo y Filemón están en Avilés. Han llegado con Nuria Ibáñez, la hija de su creador, Francisco Ibáñez, y se han instalado en la Sala del Cómic. Esta nueva aventura de los agentes de la TIA —Técnicos de Investigación Aeroterráquea— presenta una serie de imágenes sobre la vinculación de esta historieta con la ciencia. Y por eso está detrás de todo el CSIC. Mientras tanto, el Ayuntamiento de Avilés sopesa nombrar al profesor Bacterio director de la Manzana del Talento por eso de la investigación y la innovación, pero, al final, enmarcados en este espacio de humor, todo entra dentro del amplio espectro de la ironía.

La alcaldesa, Mariví Monteserín, lo plantea y se ríe al mismo tiempo. La imaginación desbordante de Ibáñez es palpable en cada una de las portadas que pueden visitarse en Avilés, y más en este caso, en el que la ciencia y la innovación engarzan con el presente y el futuro de la ciudad. El consejero de Ciencia, Borja Sánchez, así lo expresa: “Avilés es industrial, innovadora y artística… Es una buena manera de acercar la ciencia a la ciudadanía, no tiene por qué ser un espacio académico”. Y es que Borja Sánchez, como muchos, se declara lector de estas historietas ya míticas y de aquella sustancia flexible de nombre “elasticina” y del “rayo transmutador”, capaz de convertir a quien tuviera delante en una lámina de papel. “Mi vocación científica fue por leer a Julio Verne, pero también muchos mortadelos”, confiesa el consejero.

La ciencia entra en la viñeta

Nuria, la hija de Ibáñez, es bióloga. Quizá también por el impulso que el creador de estos dos personajes le dio a la ciencia. “Es un motivo de diversión y alegría conocer la ciencia de esta manera. Acabé siendo bióloga leyendo los tebeos de mi padre”, señala, y añade después: “Me imagino que, como muchos otros, hacía de Bacterio, haciendo inventos en casa que funcionaban tan mal y luego acabas dedicándote profesionalmente a la ciencia”. Nuria Ibáñez es de las que piensa que la TIA, la de Mortadelo y no la de los talleres infantiles de Avilés, se adelantó a su tiempo, como es el caso de los drones, “que se usan en las guerras y en esa época eran solo juguetes”, y los coches eléctricos. “Era como un visionario en muchas cosas y en la tecnología y la ciencia, lo mismo”, remarca, no sin antes expresar que ella dibuja, “pero en casa”, no como su padre, ese genio del lápiz y el papel.

Y es que las portadas que se pueden apreciar en el Salón del Cómic hasta el 30 de septiembre muestran las disparatadas ideas que pasaban por la cabeza de su creador, los mil y un disfraces de Mortadelo, con dibujos que hablaban ya del cambio climático, de vacunas y espacios contaminados, o de ese apego a la realidad del momento con su versión de “Las vacas locas” con “Las vacas chaladas”, y así hasta una numerosa representación de las locas aportaciones de Mortadelo y Filemón al campo científico.

Mortadelo, Filemón y el espíritu crítico

“Es importante acercar la ciencia a la sociedad y más con un guía inesperado como Francisco Ibáñez. La historieta invita a observar el mundo con espíritu crítico. Más allá de las persecuciones y disfraces, muestra una representación de la investigación con imaginación”, apunta María Fernández, delegada institucional del CSIC en Asturias, que, tirando de humor, habló de “bacterios en laboratorios de microbiología y otros” de la vida real “a los que rara vez les salían adelante los proyectos”. Y es que la ciencia, continúa Fernández, se descubre con creatividad y curiosidad, y las aventuras de Mortadelo y Filemón ayudan a despertar ambas.

Mariví Monteserín defiende las “crónicas disparatadas” de Ibáñez como un acercamiento a la ciencia, a esa fusión de ciencia y cultura, de presente y futuro, con un guiño a la Bienal Climática y a esa invitación a la reflexión, al diálogo y a la divulgación que Ibáñez consiguió a través de sus viñetas. “Está vinculado con la Bienal Climática, el cambio climático estuvo muy presente en el mundo de Ibáñez. En 1987 crea una máquina de cambiar el clima en el tebeo que tituló ‘El estropicio meteorológico’. Y posteriormente, en 2021, dedica un número especial a ‘El cambio climático’, satirizando las consecuencias del clima extremo mediante situaciones disparatadas, disfraces inverosímiles y los habituales desastres provocados por la torpeza de los protagonistas, que nos provocan siempre una sonrisa”, resalta la alcaldesa en su discurso, en el que relacionó estas historietas con los centros de I+D “en los que el profesor Bacterio pudiera avanzar en su ciencia vanguardista y rupturista y contribuir a la transformación de nuestra industria, o al desarrollo de nuevas energías renovables que contribuyesen a la descarbonización de nuestro planeta”.

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