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Consumo de drogas, faltas de respeto y música a todo volumen: los vecinos de Luanco estallan por el presente del Gayo

Los residentes denuncian el deterioro de la convivencia en el puerto y reclaman más vigilancia, limpieza y normas para recuperar la tranquilidad de uno de los rincones más emblemáticos de la villa

Por la izquierda; Loreto Ovies, Olaya Giadás, Maria Montero, Avelino Pito, Carmen García, Elisa López y Sonia Moro.

Por la izquierda; Loreto Ovies, Olaya Giadás, Maria Montero, Avelino Pito, Carmen García, Elisa López y Sonia Moro. / P. M.

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Luanco

"El Gayo era un paraíso y ahora se está convirtiendo en una cloaca". La frase resume el sentir de un grupo de vecinos de Luanco que denuncian el deterioro del puerto del Gayo, uno de los enclaves más queridos de la villa marinera. Lo que durante décadas fue un espacio de baños, meriendas, encuentro y convivencia se ha transformado, aseguran, en una zona marcada por el botellón, la música a gran volumen, la basura, los escupitajos, los patinetes eléctricos y la falta de respeto.

Durante años, el Gayo funcionó con unas normas no escritas. Cada generación tenía su sitio, los pasos quedaban libres, las personas mayores podían pasear hasta la cabecera y quienes llevaban comida recogían después sus residuos. "Era una paz celestial", recuerda María Samoano. "Íbamos todos los del pueblo, nos tirábamos al agua, hacíamos aguadillas y nunca faltábamos al respeto a nadie. Siempre hubo mucha gente, pero aquello era maravilloso porque todo el mundo sabía comportarse", explica.

La convivencia se rompe

Ese equilibrio comenzó a romperse, según los vecinos, hace unos cinco o seis años. Loreto Ovies habla de una llegada cada vez mayor de pandillas numerosas, muchas de ellas de fuera de Luanco, que han cambiado el ambiente del puerto. "Vienen grupos de treinta personas y parece que la unión hace la fuerza, pero para mal", lamenta. "Antes ibas con tu comida, guardabas la basura y la tirabas en un contenedor. Ahora aquello está lleno de suciedad y de gente que no respeta nada".

Olaya Giadás sostiene que el problema no es que acuda más gente, sino la pérdida de educación y convivencia. "Había zonas de paso y nadie las ocupaba. Ahora una persona mayor tiene que ir pegada al borde para poder pasar entre las toallas", denuncia. La vecina asegura que llamar la atención a quienes bloquean accesos o ponen la música demasiado alta suele acabar en malas respuestas. "Les pides las cosas con educación y se ríen o te contestan mal. La tolerancia tiene que ser para todos".

Ruido, botellón y sensación de inseguridad

El ruido es una de las quejas más repetidas. María Montero denuncia que los altavoces se han convertido en parte del paisaje diario del Gayo. "Cada uno pone su música y al final no se puede ni hablar. No estamos hablando de las diez de la noche, sino de las cuatro o las cinco de la tarde, cuando hay familias, niños pequeños y gente mayor", señala. A ello suma el consumo de alcohol, los porros y el botellón en plena tarde.

La situación actual de la zona.

La situación actual de la zona. / LNE

Sonia Moro considera que la falta de vigilancia ha agravado la situación. Recuerda que hace años era habitual ver a la Policía Local recorriendo la zona e incluso imponiendo sanciones cuando era necesario. "Ahora llamamos y siempre nos dicen que es competencia de Costas", critica. Los vecinos aseguran sentirse desamparados porque nadie asume la responsabilidad sobre lo que ocurre en un espacio que cada verano funciona, de hecho, como una zona de baño.

A esa preocupación se suma la seguridad de los bañistas. Elisa López alerta de los saltos al agua con la marea baja, una práctica peligrosa que quienes conocen el puerto siempre evitaron. "Toda la vida supimos cuándo se podía tirar uno y cuándo no. Ahora se lo dices y te miran como si no supieras nada. Un día va a pasar una desgracia", advierte. Carmen García añade otro problema: los patinetes eléctricos circulando entre las toallas y las escaleras ocupadas por grupos con botellas, mochilas y altavoces.

Avelino Pito denuncia también la acumulación de plásticos, cristales, botellas y restos de comida que quedan en el suelo o acaban directamente en el mar. Los vecinos hablan de accesos bloqueados, duchas ocupadas, ropa abandonada, basura escondida bajo la verja del puerto y una imagen que, consideran, perjudica a todo Luanco. "Antes ibas, dejabas la bolsa y te metías al agua tranquila. Ahora no te atreves", resumen.

Las soluciones que plantean pasan por instalar paneles informativos con normas básicas de convivencia, prohibir de forma efectiva la música amplificada, reforzar la limpieza, aumentar la presencia de la Policía Local durante el verano y aclarar la gestión entre Ayuntamiento, Costas y Puertos. Moro lo resume con una petición clara: "Alguien tiene que tomar medidas". Los vecinos insisten en que no quieren echar a nadie del Gayo. "Puede venir todo el mundo, pero con respeto", concluyen. Porque el verdadero riesgo no es que el puerto se llene, sino que Luanco pierda definitivamente uno de los lugares que forman parte de su historia.

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