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Ramón Estébanez, el profesor de Avilés que se jubila después de 27 años siendo director del colegio Enrique Alonso: "He puesto el 200% de mi"

El máximo responsable del centro afirma que se va "con la satisfacción del deber cumplido"

Ramón Estébanez, el día de su última fiesta de fin de curso en el Enrique Alonso.

Ramón Estébanez, el día de su última fiesta de fin de curso en el Enrique Alonso. / Mario Canteli

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Illán García

Illán García

Avilés

Ramón Estébanez cumplirá el próximo mes de octubre 63 años, una cifra redonda que ha elegido para poner el punto final a una trayectoria impecable: 39 años de servicio en el magisterio, de los cuales 27 los ha pasado de forma consecutiva liderando el colegio público Enrique Alonso, en el barrio de La Magdalena. Esta hoja de servicios le convierte en el director de colegio público que más años años ha pasado en ese cargo en Avilés en las últimas décadas. .

La historia de Estébanez con la docencia fue una vocación temprana. "Desde bien pequeño tenía claro cuál iba a ser mi destino, que iba a ser maestro", rememora con nostalgia. Su andadura oficial comenzó un simbólico 14 de octubre de 1987, apenas unos días después de su cumpleaños y recién terminada la carrera. Gracias a un expediente brillante, se incorporó a la bolsa de Magisterio y recibió su primer destino en el colegio público de Las Vegas entonces conocido como Mateu de Ros y situado en lo que hoy es el centro Tomás y Valiente. Tras cinco cursos como interino, en 1992 aprobó las oposiciones en un año agridulce marcado por el temprano fallecimiento de su madre.

Aunque su formación se centró en Ciencias Humanas e Historia, el destino —y su formación musical en acordeón y flauta travesera— lo llevó a obtener la plaza por la especialidad de música. Tras un paso por Versalles y Gijón, en 1994 llegó al Enrique Alonso, el centro que terminaría convirtiéndose en su segundo hogar y donde ha dado clase a miles de alumnos a lo largo de varias generaciones.

RAMON ESTEBANEZ, EN EL COLEGIO ENRIQUE ALONSO, EN UNA IMAGEN DE 2011.

RAMON ESTEBANEZ, EN EL COLEGIO ENRIQUE ALONSO, EN UNA IMAGEN DE 2011. / MARA VILLAMUZA

Del aula al despacho: Una dirección de récord

El salto a la gestión directiva no fue algo buscado, sino "rodado". En 1996 asumió la jefatura de estudios en un momento complejo de reestructuración educativa por la implantación de la ESO, que dejó al centro con la mitad de la plantilla. Tres años más tarde, el 1 de julio de 1999, la Consejería de Educación le nombró director en Comisión de Servicios tras la dimisión de su antecesor. En el año 2000 formalizó su candidatura en un proyecto en solitario. Desde entonces, renovación tras renovación, los sucesivos claustros y la comunidad escolar han seguido respaldando su liderazgo al frente de uno de los colegios públicos con más alumnado de Avilés.

Bajo su batuta, el Enrique Alonso vivió una auténtica transformación. El colegio pasó de una época crítica en la que apenas contaba con un centenar de alumnos a crecer de forma exponencial, multiplicando sus unidades.

El coste del esfuerzo y los "avisos" de la salud

Llevar las riendas de un centro educativo con un nivel de autoexigencia "al 200 %" pasa factura. Estébanez reconoce haber sido un director que ha "vivido para trabajar", restando horas a los fines de semana y a su propia familia.

Esa intensa dedicación comenzó a manifestarse físicamente a través del estrés en los últimos dos años. "El cuerpo empezó a darme toques. He puesto tantas horas de trabajo que entendí que este año era el momento de decir 'hasta aquí'", confiesa.

Un futuro con calma, kilómetros y jardín

Afrontar el día después de una jubilación tan dilatada no es fácil para una mente inquieta. Ramón Estébanez, que actualmente reside en Cancienes (Corvera) desde 2007, ya tiene diseñada su nueva rutina, alejada de los despachos y las pantallas de ordenador.

Tras someterse a una operación de la vista programada para este mes de julio, los planes de futuro del ya exdirector pasan por recuperar el tiempo perdido: viajar junto a su esposa, devorar lecturas pendientes con tranquilidad, cuidar del jardín de su casa, con lo que disfruta y se convierte en su vía de escape, y seguir sumando kilómetros corriendo, el deporte que le apasiona. Además, demuestra que nunca es tarde para aprender: continuará estudiando francés desde casa y sopesa seguir en la Escuela Oficial de Idiomas.

Ramón Estébanez deja el Enrique Alonso con "una pena tremenda", pero con la cabeza muy alta y la íntima satisfacción del deber cumplido. Dijo adiós a sus alumnos el último día de curso, en el polideportivo del centro y el día de la fista, con la emoción a flor de piel. Se despide de las aulas un director de récord, pero, sobre todo, un maestro de los que dejan huella.

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