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 Mikel Chillida, director del museo Chillida Leku: "Él no solo dominaba la forma, sino que era un punto de encuentro entre el material y el ser humano"

"Mi abuelo era un fuera de ley, su visión de la geometría es radical porque se basa en la naturaleza que tanto admira"

Mikel Chillida

Mikel Chillida / Iñaki Luis / Luznorte films

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Claudia Serantes

Avilés

Mikel Chillida (San Sebastián, 1982) es el director del museo Chillida Leku y nieto de Eduardo Chillida. Este martes participó en la mesa redonda “Legados artísticos e impacto cultural”, de la mano de José María Luna, exdirector de la Agencia Pública para la Gestión de la Casa Natal de Pablo Ruiz Picasso, y Celina Quintas, subdirectora del Museo de Arte Abstracto de Cuenca, dentro del II curso de arte contemporáneo y coleccionismo realizado en la Casa de la Cultura de Avilés. Durante una de las pausas del encuentro, concedió una entrevista a LA NUEVA ESPAÑA.

En marzo de 2026 fue nombrado director del museo. ¿Cuáles fueron sus pensamientos?

Muchos y muy variados. Más que pensamientos fueron emociones. Es una bonita sensación de responsabilidad, de esas que pesan hacia arriba, de las que empujan. Más allá de eso diría que es un compromiso tremendo el que he tenido siempre con el legado de mis “aitonas”, Eduardo y Pili. A la vez, buscamos mirar con ilusión al futuro, seguir colaborando para que este gran legado, museo y filosofía sigan teniendo su espacio en el presente.

¿Qué valores cree que representan las obras de sus abuelos?

Son valores fundamentales, tanto sociales como de tolerancia. No diría que fue un artista político, pero sí que fue un humanista, alguien que se centraba en las personas, en poner siempre al ser humano en el eje de la ecuación. Son valores de respeto, pero no solo con las personas, también con los materiales. Trabajaba el acero de una manera diferente, siempre forjando, pero nunca fundiendo, con el fin de respetarlo para que la obra fuese algo que sucedía entre ambos. Como artista, él no solo dominaba la forma, sino que era un punto de encuentro entre el material y el ser humano, con el fin de respetarlo.

El legado de Eduardo Chillida y Pilar Belzunce

¿Cuál diría que es el trabajo más importante a la hora de adaptar la visión del pasado con la del presente?

Creo que las culturas que se preservan son las que son capaces de crecer de nuevo en otro momento. Ahí es donde hay que entender muy bien qué es aquello que te hace único, cuál es tu identidad; todo lo demás, lo superficial, se puede modificar, pero no tu propia base. En el caso de Eduardo Chillida y Pilar Belzunce, el gran legado que crearon es ese respeto, esa apertura, esa capacidad de ser tolerantes. Mi abuelo tenía un bonito refrán que decía: “No será la única manera de llegar a la libertad el respetar la libertad de los otros”. Si entramos en ese juego, donde se respeta la libertad del otro, todos seríamos libres. Sé que es una cierta utopía, pero es una manera de sentirte arraigado a un lugar y, a la vez, estar abierto a todo aquello que no sea como tú. Esa es nuestra raíz y lo que tenemos que preservar.

En cuanto a su exposición actual, ‘Cuerpos Geométricos’, ¿cómo surgió esa obra?

Esta exposición acoge la primera etapa de Eduardo Chillida. Es una obra muy figurativa, de finales de los años 40, donde él estaba de alguna manera obsesionado con lo clásico y lo preclásico. Ahí sufre una gran crisis como artista y decide volver a su casa en el País Vasco, donde descubre el hierro y la forja. En ese momento todo cambia; ya en París empezaba a abandonar la figura humana y sintetizaba los elementos. Esa transición no se limita a la descomposición de la figura, sino a la perfección matemática, ya que es la síntesis de las estructuras moleculares. Mi abuelo, en ese sentido, es un fuera de ley. Su visión de la geometría es radical porque se basa en la naturaleza que tanto admira y lo que busca es una geometría propia. Por ejemplo, la ausencia del ángulo de 90 grados es una constante en él. Rehúye los 90 grados y trabaja con el ángulo que hace el ser humano con su propia sombra, el gnomon. Él creía que, con cuatro de esos diversos ángulos, podría cerrar un cuadrado, y ahí es donde hay un verdadero diálogo lleno de tolerancia. Nos hace volver a la base de su trabajo, esa que hay que preservar, porque cuando aprendes a mirar su obra, la ves una y otra vez.

Chillida Leku busca atraer al público joven

¿Tiene algún plan o estrategia para que los jóvenes conozcan más acerca de las obras del museo?

El público joven es muy complejo. A nosotros nos visitan niños y personas que ya son padres, pero hay una etapa de la vida en la que los jóvenes abandonan los museos y la cultura, ya que los consideran menos experienciales. Chillida Leku es un gran espacio natural con once hectáreas de terreno. Allí tratamos de ofrecerles una programación para que los jóvenes se acerquen a nuestro museo. Somos parte de los principales festivales de San Sebastián, tanto del Jazzaldia como del de música clásica y, además, hacemos cine al aire libre. Lo que buscamos es darles oportunidades para que descubran el lugar porque, una vez que los jóvenes descubren Chillida Leku, ven que su cultura y escultura no se basan en mirar un objeto a tres metros de distancia, sino que se busca la interacción con él. Se basa en ver cómo, en un momento relajado, escuchando un concierto o teniendo una obra cerca, te cambia la perspectiva. El arte no es un pasajero, es un acompañante; no es estático, es algo que va a cambiar con el tiempo.

¿Qué diferencia a Chillida Leku de otros museos?

Allí se pueden tocar las esculturas que están en el exterior y, gracias a esto, los jóvenes generan una relación especial. Por eso queremos atraerlos mediante una programación que se realiza para ellos y, a partir de ahí, que sean capaces de generar un vínculo con la obra, con el lugar, y que sientan que este espacio también es para ellos.

Un museo con escultura, filosofía y naturaleza

En lo relativo al futuro, ¿cuáles son las metas a las que intentáis adaptaros?

Las metas son claras. Queremos seguir siendo relevantes en un ecosistema muy interesante, no solo en el País Vasco, sino en todo el norte de España, porque está desarrollando un gran crecimiento que se puede ver en lugares como Oviedo y Gijón, con los que tenemos un maravilloso vínculo. Tenemos una oportunidad de trabajar juntos en este gran corredor atlántico y buscamos seguir siendo relevantes en un ecosistema muy competitivo, donde hay fantásticas colecciones y museos, tanto públicos como privados. En nuestro caso, somos un museo-fundación privado que quiere que la gente sepa que aquí hay algo más que solo escultura; hay filosofía, pensamiento, tolerancia y naturaleza.

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