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"La montaña echará de menos a Anselmo": emotivo adiós a un montañero pionero en Avilés

Lleno en San Nicolás de Bari para despedir a "El cubano" de Rivero: "Un gran amigo, siempre alegre, positivo y folixero"

Asistentes al funeral de despedida del montañero Anselmo Menéndez.

Asistentes al funeral de despedida del montañero Anselmo Menéndez. / I.G

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Illán García

Illán García

Avilés

«La montaña echará de menos a Anselmo». Lo dice Luis Estéfano, montañero y amigo de Anselmo Menéndez, «El cubano», el alpinista y escalador avilesino fallecido el pasado miércoles a los 75 años tras semanas ingresado en el HUCA, en Oviedo. Estéfano subía al Aramo, cuando cerraba su tienda, Confecciones Menéndez, en la calle La Cámara, siendo ambos unos chavales. Lo cuenta a la puerta de San Nicolás de Bari, minutos antes del funeral de su colega, con el que también compartió estudios en los Agustinos. Allí se concentraron amigos, montañeros varios y vecinos de la calle Rivero, a la que Anselmo llegó siendo un niño desde Cuba y donde residía hasta la fecha de su fallecimiento.

«Era un gran compañero, un gran montañero, un gran amigo», comenta José Antonio Bustamante. Y ahí está Kike Oltra, uno de los «discípulos de Anselmo». La iglesia estaba llena, a rebosar: «Esto es una prueba de que a Anselmo lo quería mucha gente», señala una mujer a la entrada del templo de la calle San Francisco.

Kike Oltra también subió con Anselmo la segunda cima más alta de América, en Los Andes, el Nevado Ojos de Salado y también picos de Los Alpes y Pirineos. Lo cuenta emocionado, como le ocurrió a Carlinos, que no quiso dar su apellido: «Le conozco desde hace sesenta años, por él empecé a salir a la montaña: hay personas que mueren y la gente las acaba olvidando, quien conoció a Anselmo no lo puede olvidar nunca y no solo en la montaña, también en la folixa, siempre estaba dispuesto a todo». Y no solo por su amor a la montaña, sino por su sonrisa perpetua, su afabilidad y su disposición siempre para echar una mano.

«Era una bellísima persona, muy cariñoso, activo...», se emociona Tere Fernández. Maite Bayón recuerda cuando Anselmo le prestó unos pies de gato para subir al Urriellu.

El tenor Emilio Menéndez, con los ojos llorosos, recordaba con cariño a su vecino de la calle Rivero: «Me crié con él, como un hermano, era un hombre excepcional, profesional en la montaña, siempre alegre y positivo... si canté desde el balcón cuando el confinamiento, en la pandemia, fue por Anselmo, estaba contento porque había nacido su nieto Óliver pero no lo podía ver y canté para animarle», sonríe y se emociona. El también alpinista avilesino Manolo Taibo habla de su amigo Anselmo, «un histórico, un pionero, un referente como deportista avilesino» que dejó «un enorme legado, mucha gente que ha seguido sus pasos a nivel deportivo».

Ya en el interior de una iglesia de San Nicolás en la que no quedaba ni un sitio libre y había personas de pie, el párroco Juan José Déniz, tuvo palabras de reconocimiento para las amistades y familiares de Menéndez allí presentes. Expresó desde el púlpito que la noticia de su fallecimiento «había golpeado como un viento helado en la montaña» e hizo una metáfora de la pasión por escalar y subir picos de Anselmo Menéndez, «El cubano»: «La montaña es una escuela de vida, hay que lidiar con el esfuerzo y el cansancio, vivió disfrutando de la belleza, del aire, del viento, del sol y la nieve y la amistad, con sus vecinos, siempre disponible para ayudar».

Con pena y con cariño, con mucho cariño, Avilés despidió a un hombre aventurero, deportista y folixero que, como mandó escribir su nieto Óliver Iglesias Menéndez, de seis años, en la esquela: «Escala muchas montañas». «ElCubano» hizo cumbre. n

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