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Sarah Waters, escritora: "Con el Brexit parece como si estuviéramos viviendo en una época realmente gótica"

"Tengo la impresión de que la gente siente ahora unas emociones que son incontrolables: de eso va la ficción gótica, de sentir las emociones hasta desbordar"

Sarah Waters en la escalera principal del hotel Palacio de Avilés.

Sarah Waters en la escalera principal del hotel Palacio de Avilés. / Miki López

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Saúl Fernández

Saúl Fernández

Avilés

La escritora galesa Sarah Waters (Neyland, Reino Unido, 1966) está en Avilés porque es una de las invitadas principales de la décimo quinta edición del Festival Celsius 232 de literatura fantástica, de ciencia ficción y de terror. Waters empezó a abrirse hueco en la literatura a finales de los noventa: lo suyo son novelas de ambiente victoriano o de posguerra mundial, historias de mujeres que quieren a mujeres. Y así le salieron clásicos como “Falsa identidad” o “Ronda nocturna”. Atiende a LA NUEVA ESPAÑA en el hotel Palacio de Avilés con la ayuda de la traducción de Virginia de la Fuente.

¿La ficción fue para usted un paso más de su carrera académica?

Bueno, comencé mi doctorado porque me interesaba la ficción histórica y la manera en que siempre reinventamos el pasado cuando escribimos novelas históricas. Y me interesó en particular el modo cómo se habían escrito historias gays o “queer”. Así que mi doctorado se centró principalmente en la presencia de las lesbianas y los “queer” en ficciones creadas a partir del siglo XIX. Terminé mi doctorado con dos cosas en mi cabeza: una fue que había visto mucho sobre hombres homosexuales en la época victoriana y las subculturas gays en el siglo XIX. Así que pensé, ¿puedo tomar algo de esto que he aprendido y contar una historia lesbiana? Y también me interesó la impersonación de los hombres en las películas, las mujeres que se vestían como hombres. O sea, que sí, que a partir de mis estudios de doctorado me centré mucho en la ficción histórica. Y puse mi foco en la reinvención de lo gay, lo “queer”, lo LGBTI.

¿Había una ausencia de asuntos lésbicos y LGBTI en la literatura inglesa de años 90?

Bueno, sí y no. Sí, en el sentido de que no creo que mucha literatura “mainstream” hablara de asuntos lésbicos o gays. Aunque hubo algunos escritores que me influenciaron: Jeanette Winterson, Alan Hollinghurst, un par de grandes escritores. En aquellos días más que LGTBI la cosa era más simple: LGB. Se publicaban historias por pequeñas editoriales, dentro de la comunidad. Todo estaba muy mezclado: algunos escritores eran bastante ambiciosos, algunos no eran tan buenos. Yo, que empezaba a escribir, sentía que había algo muy inspirador en todo ello. Había dos cosas que tenía claras: quería contar historias de contenido claramente lésbico y tratar ese tema como un asunto literario y ambicioso.

Entiendo entonces que la literatura que encuentra era más militante y política que literaria.

Bueno, fue una mezcla, creo. Había un elemento de enfado muy entendible para lesbianas y gays: se estaba legislando contra la comunidad homosexual. Además, a causa del sida había un sentimiento antigay muy marcado. Había un montón de prejuicios. Así que, inevitablemente, mucho de eso se convirtió en un asunto político. No quiero decir que todo fuera una proclama política porque también encontrabas historias lésbicas, por ejemplo, de crímenes, o también romance gay.

¿Ha cambiado todo esto?

Creo que hoy en día, en el Reino Unido, hay sí, espacio para un montón de novelas y tramas... Quizás en los noventa, todas estas historias gays estaban al margen de lo que era la literatura convencional, pero sí, siento que hoy en día todas las historias tienen su espacio, bien sean historias con un componente transexual, bien “queer”. Creo que los editores no buscan un tipo de historia en concreto; buscan historias potentes y, a veces, sucede que son historias heterosexuales y otras veces, no.

Sus ficciones se desarrollaron primero en un escenario gótico y luego cambió a los bombardeos de Londres, al Blitz. ¿Puede ser que estos dos períodos definan al ser británico actual?

Sí, es una pregunta interesante. La gente está muy interesada en el gótico en Inglaterra en este momento: historias sobrenaturales basadas en las tradiciones británicas, lo que llamamos horror folklórico. El horror folklórico es algo muy importante en este momento. Todo esto está pegando bastante fuerte ahora mismo a nivel narrativo en el Reino Unido. Sin embargo, creo que culturalmente, la posguerra tras la Segunda Guerra Mundial, todo ese período, devino en una estratificación de las clases sociales. ¿Cómo se conecta lo gótico y la posguerra? Creo que en Reino Unido todavía hay mucha conciencia de clase, creo que la gente está enfadada. Creo que toda esta deriva populista de la derecha política que nos está azotando -no sólo en mi país, también en España y en otros países europeos- se debe al descontento que trajo la crisis económica actual, la que afectó al período social que se inició después de la guerra. Al final, los dos períodos son como dos caras de la misma moneda.

¿Dónde se siente más cómoda? ¿En la época victoriana o en el Blitz?

Yo, personalmente… Bueno, en ambos períodos. Es interesante. Recientemente abandoné una obra porque no funcionaba y esa obra se estaba desarrollando en los años 1950. De alguna manera no caí bien en ese período histórico: no sé por qué. Sin embargo, en la época victoriana y en los años 40 me siento como en casa.

¿El Brexit puede dar terror político?

 Sí, creo que el Brexit ha generado mucha ansiedad, bastante descontento y un acrecentamiento de la sensación de xenofobia. En general ha traído sentimientos negativos y creo que hay, sobre todo, una sensación de división en la sociedad y de tristeza que, bueno, bien visto, se podría entender como un ambiente bastante gótico. Parece como si estuviéramos viviendo en una época realmente gótica.

“Frankenstein”.

Sí, creas un monstruo y luego de repente se escapa a tu propio dominio. Tengo la impresión de que la gente siente unas emociones que son incontrolables, que no pueden manejar por sí mismas: de eso va la ficción gótica, de sentir las emociones hasta el extremo, hasta desbordar.

Y a la última de todas. ¿Está contenta con las versiones fílmicas que han hecho de sus novelas?

Mucho. Con unas adaptaciones estoy más contenta que con otras. Recientemente, ha salido la película de “La doncella”, que es una producción coreana que se lleva la época victoriana original a la Corea de los años treinta. Me parece fascinante. Todo el proceso de adaptación me parece muy interesante porque es un proceso de traducción de un medio a otro

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