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Liv Parlee, la pianista ciega astur-costarricense con "oído absoluto" que tiene que aprenderse las partituras de memoria: "La música me ayudó mucho"

"Me dan una partitura nueva y, literalmente, leerla y releerla hasta que por lo menos pueda saberme un poco", explica la joven, de 21 años, que participa en el Curso Nacional de Música de Verano de Soto del Barco becada por la ONCE

Liv Parlee y Noelia Rodiles durante la sesión en el teatro Clarín

Liv Parlee y Noelia Rodiles durante la sesión en el teatro Clarín / J. V.

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Claudia Serantes

Son las diez y media de la mañana en el teatro Clarín de Soto del Barco. En el centro del escenario, un piano de cola iluminado directamente por un foco centra la atención del grupo de jóvenes que ocupa la primera fila del patio de butacas. Junto al instrumento, la pianista avilesina Noelia Rodiles, una de las profesoras del Curso Nacional de Música de Verano. Una niña sube a la platea para interpretar una pieza. En el centro de esa primera línea de asientos, Daniel Tarrio, el director de este congreso, marca el ritmo de la pieza a una adolescente que tiene sentada a su lado. "Tap, tap, tap".

Cuando la intérprete finaliza, la niña que se encuentra junto a Tarrio se pone en pie, coge su bastón blanco y se guía con él para subir los dos grandes peldaños que llegan hasta el escenario. Se sienta en la butaca del piano y, mientras Rodiles se ausenta unos instantes, la joven, invidente, empieza a calentar sus manos. El sonido del piano llena la sala y el resto de alumnos, en el patio de butacas, se mira sorprendido. "Vamos a empezar por la sonata opus 79 de Beethoven", dice la docente. Mientras Rodiles busca en su tablet la partitura, desde los asientos empiezan a lanzarse preguntas. "¿Cómo te aprendes las piezas?", "¿cómo imprime las partituras?"... No hay tiempo, aún, para responderlas, porque Liv Parlee empieza a tocar el primer movimiento de la sonata y sus compañeros enmudecen. "Le puedes dar otros colores al sonido", le aconseja Rodiles, al finalizar la interpretación, provocando una visible sonrisa en la cara de la joven.

Parlee nació hace 21 años en Costa Rica siendo invidente y con displasia septo-óptica, una rara enfermedad congénita que provoca un subdesarrollo en los nervios ópticos, la ausencia del septo pelúcido y un déficit hormonal. Pero ninguna de esas características le impidió, desde bien pequeña, disfrutar de la música. "Recuerdo que estábamos en el coche y no paraba de cantar las canciones que sonaban en la radio. Y si se les ocurría parar la música, me ponía a llorar", recuerda la aprendiz de pianista, que se trasladó con su familia a España, más concretamente a Oviedo, a muy corta edad.

Si bien, su aproximación a las clases de música llegó en el colegio. Comenzó su etapa escolar en el centro de Educación Espacial de Latores (Oviedo). Allí, en una sala de música, cuenta Parlee que aporreaba el piano. Pero no de cualquier manera: lo hacía con ritmo. Esa circunstancia llamó la atención de una de sus profesoras, que habló con la familia. "¿Por qué no lo apuntáis a la Escuela de Música Divertimento?", les propuso. Y dicho y hecho.

En este centro la pequeña Parlee, por entonces cinco años, se puso en manos de la profesora Ana Castaño. "Ella aprendió a manejar el sistema braille para enseñárselo a mi madre, y que ella me lo enseñase a mí. Fue así como pude empezar con las clases de solfeo", recuerda la joven intérprete, que desde el año pasado también comenzó a leer partituras a través de este sistema. "Cuando me llegó no sabía leerla. Eran todo signos nuevos, pero aprendí sola", reconoce con orgullo la pianista que, eso sí, tiene que memorizar todo lo escrito en los pentagramas. "Me dan una partitura nueva y, literalmente, leerla y releerla hasta que por lo menos pueda saberme un poco", ahonda la intérprete, que a lo largo de estos años ha desarrollado oído absoluto.

Parlee participa en la quinta edición del Curso Nacional de Música de Verano de Soto del Barco becada por la ONCE, entidad a la que lleva años muy vinculada. De hecho, en 2013 fue la encargada de recoger en el teatro Campoamor el "Princesa de Asturias" de la Concordia concedido a la Organización Nacional de Ciegos Españoles. “Me llamó Virginia Corredera, que es la jefa de Servicios Sociales de la ONCE, y me dijo lo del curso. Me informé, hablé con mi profesora del Conservatorio y decidí apuntarme. Todo lo nuevo me gusta, y si tengo tiempo y puedo me apunto, yo soy así”, añade entre risas Parlee, que deja en el aire una reflexión. "La música me ayudó. Es que sin música, ¿qué hay?".

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