La Bienal Climática reivindica el conocimiento compartido como motor para revitalizar el medio rural: "La cultura no puede fosilizarse"
Especialistas de la Universidad de Zaragoza, la Universidad Autónoma de Madrid y el Ministerio de Cultura defendieron en el parque de Ferrera de Avilés la colaboración, la diversidad y la participación ciudadana como claves para afrontar el reto demográfico

Carlos Giménez abre el acto leyendo un poema. / Miki López
"No hay desarrollo rural sin cultura". Esa fue la idea que atravesó de principio a fin el espacio de conversación "Cultura y conocimiento como bases para reimaginar territorios rurales", que reunió este jueves en el parque de Ferrera de Avilés a investigadores, representantes institucionales y especialistas en el marco de la Bienal Climática. La cita sirvió para reflexionar sobre el papel de la cultura, el conocimiento, la participación ciudadana y la creatividad como herramientas para afrontar el reto demográfico y transformar las comunidades rurales. El encuentro estuvo guiado por Manuela Morales y Carlos Mataix, del centro de innovación de la Universidad Politécnica de Madrid itd-UPM, encargados de plantear las preguntas que vertebraron la conversación.
El encargado de abrir el acto fue Carlos Giménez, catedrático emérito de Antropología de la Universidad Autónoma de Madrid, que recitó un poema de su autoría, titulado "Contigo", acompañado a la guitarra por Carlos Mataix. La composición sirvió como punto de partida para reivindicar la importancia de la fuerza del colectivo. Giménez defendió que "la cultura es el elemento central de la antropología" y recordó que no puede entenderse únicamente como patrimonio o tradición, sino como "una forma de pensar y de sentir compartida por un grupo humano".
El antropólogo puso el acento en la necesidad de preservar esa transmisión entre generaciones. También defendió que toda cultura es internamente diversa, por lo que la cohesión social debe construirse desde "un nosotros plural". "La cultura es un dispositivo cambiante y un mecanismo de adaptación; no debe fosilizarse", explicó. Giménez rechazó además una separación rígida entre lo rural y lo urbano, al considerar que ese enfoque puede situar a los pueblos en una posición de "inferioridad".
Luis Antonio Sáez, antropólogo de la Universidad de Zaragoza, centró su intervención en la importancia de la comunidad como espacio de convivencia y creación. "No me gusta hablar de territorio; prefiero la palabra comunidad, porque nos lleva a otra dimensión", afirmó. Según explicó, la cultura es una parte esencial de la identidad, ya que "nos moldea de una determinada manera". Sáez lamentó que la potencia de lo rural se haya ido debilitando por unas dinámicas políticas y administrativas que tienden a concentrar recursos y espacios, pero defendió que los pueblos mantienen un valor diferencial basado en la proximidad y el contacto humano.
El profesor puso como ejemplo la propia celebración del encuentro en el parque avilesino. "Esta conversación no tendría el mismo impacto a través de una pantalla, porque aquí nos exponemos a la interrelación", indicó. Para Sáez, la cultura forma parte de los elementos intangibles que condicionan el desarrollo y la productividad. "En España tenemos mucha productividad, pero nos fallan aspectos como la creatividad. En los pueblos existe mucho potencial", aseguró. También destacó la capacidad de la cultura para "polinizar muchos ámbitos" y funcionar como una palanca de transformación, aunque advirtió de que no conviene idealizar sus efectos.
Políticas públicas y experiencias internacionales
La visión de las políticas públicas llegó de la mano de Xian Rodríguez, técnico del programa de Ruralidades del Ministerio de Cultura, quien explicó que la iniciativa trata de alejarse de una visión centrada exclusivamente en las industrias culturales para conectar con la cultura ciudadana. "El programa nació con la idea de igualar las prácticas rurales y urbanas", señaló. Rodríguez destacó que la introducción del reto demográfico en la agenda política y mediática ha cambiado la atención prestada a los pueblos, especialmente desde la pandemia.
Rodríguez defendió que lo importante no es únicamente hablar de ruralidad, sino comprender cómo puede intervenir la cultura en el contexto social. "Desde lo rural se puede pensar la contemporaneidad en igualdad de condiciones", aseguró. Para ello, reclamó políticas públicas adaptadas al tejido existente, una mayor coordinación y un verdadero trabajo en red. También apuntó una de las dificultades habituales para sacar adelante los proyectos: "Los tiempos culturales no encajan con los tiempos de la Administración". Por eso, defendió que las distintas instituciones, asociaciones y profesionales no deben entender su labor como una competición, sino como una colaboración entre agentes que trabajan por un mismo objetivo.
La conversación incorporó asimismo perspectivas y experiencias de otros países, entre ellas algunas procedentes de Escocia, que permitieron comparar modelos de desarrollo rural, participación comunitaria y creación cultural. El intercambio sirvió para constatar que cuestiones como la despoblación, la pérdida de identidad, la necesidad de atraer nuevos habitantes o la convivencia entre tradición y modernidad no son exclusivas del medio rural español. El acto terminó abriéndose al público para generar un diálogo con todas las personas que quisieron participar, plantear preguntas y compartir sus propias experiencias. La clausura reforzó así la principal conclusión de la jornada: que el futuro de los pueblos no depende solo de las infraestructuras, sino también de su capacidad para construir comunidades abiertas al conocimiento compartido.
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