Opinión

Presidenta del Rotary Club de Avilés
La ciudad que he aprendido a mirar
La experiencia de acompañar la evolución de un Avilés que ha sabido reinventarse sin perder algo esencial: la cercanía de sus gentes

Ambiente durante una pasada celebración festiva en Avilés. | S.F.
Hace años descubrí que las ciudades no se conocen caminando por sus calles. Se conocen caminando junto a sus personas. Nunca olvidaré una tarde en el Teatro Palacio Valdés. Al finalizar una representación benéfica, el público abandonaba la sala entre sonrisas, aplausos y palabras de agradecimiento. Aquella función había servido para apoyar una causa solidaria, pero mientras veía salir a tantas personas comprendí que el verdadero éxito no había sido llenar un teatro. Lo realmente importante era comprobar que esas personas habían decidido implicarse para ayudar a quienes más lo necesitaban. Ese día entendí, una vez más, cuál es el mayor patrimonio de Avilés.
Con los años he tenido la fortuna de conocer esta ciudad desde una perspectiva privilegiada: la del voluntariado. Recorriendo asociaciones, colaborando con instituciones, compartiendo proyectos con empresas, entidades y personas de ámbitos muy distintos, he descubierto una realidad que pocas veces ocupa titulares, pero que sostiene silenciosamente la vida de nuestra comunidad.
Es fácil hablar de la transformación de Avilés pensando en su desarrollo urbano, en la recuperación de espacios o en su evolución económica y cultural. Todo ello forma parte de nuestra historia reciente y ha contribuido a construir una ciudad moderna y abierta. Pero, si alguien me preguntara qué es lo que más ha cambiado en estas últimas décadas, respondería sin dudar que lo más valioso ha sido comprobar cómo ha crecido la capacidad de las personas para colaborar.
El próximo año, el Rotary Club de Avilés cumplirá treinta y cinco años de trayectoria, una coincidencia que comparte con el trigésimo quinto aniversario de la edición de Avilés y Comarca de LA NUEVA ESPAÑA. Durante este tiempo, cada uno desde su responsabilidad, hemos acompañado la evolución de una ciudad que ha sabido reinventarse sin perder algo que considero esencial: su cercanía.
Presidir el Rotary Club de Avilés ha supuesto para mí una enorme responsabilidad, pero también un inmenso aprendizaje. Rotary enseña que el servicio no consiste en buscar protagonismo, sino en poner en contacto a personas capaces de hacer posible un proyecto común. Esa forma de entender el compromiso ha marcado profundamente mi manera de vivir el voluntariado.
Uno de los momentos más especiales llegó cuando Rotary Internacional me confió la responsabilidad del programa Polio Plus en el Distrito 2201, la iniciativa mundial para lograr la erradicación definitiva de la poliomielitis. Recibí aquel nombramiento con ilusión, pero también con el convencimiento de que suponía una gran responsabilidad. Gracias a esa labor he tenido la oportunidad de conocer de primera mano el extraordinario trabajo que desarrollan rotarios de toda España y de muchas partes del mundo para conseguir que una enfermedad que marcó la vida de millones de niños, desaparezca definitivamente. Es emocionante comprobar que estamos más cerca que nunca de lograrlo.
Aquella experiencia también reforzó una idea que siempre había sentido: desde una ciudad como Avilés se puede contribuir a cambiar el mundo. Por eso sentí la necesidad de explicar qué es Polio Plus, de recordar que mientras exista un solo niño en riesgo la lucha no habrá terminado y de invitar a muchas personas a sumarse a esa causa. En ese camino encontré una respuesta extraordinaria. Asociaciones, empresas, instituciones, ciudadanos y medios de comunicación, entre ellos LA NUEVA ESPAÑA, ayudaron a dar visibilidad a una iniciativa que para muchos era prácticamente desconocida. Una vez más, Avilés demostró que sabe implicarse cuando comprende el valor de una causa.
A lo largo de los años he tenido la satisfacción de participar en numerosos proyectos solidarios. He visto cómo la Casa de Cultura de Avilés se llenaba para apoyar la investigación contra el cáncer, cómo otra representación en el Teatro Palacio Valdés hacía posible que vehículos medicalizados llegaran a los campamentos saharauis o cómo muchas personas colaboraban para acercarnos un poco más al día en que la polio sea únicamente un recuerdo en los libros de historia.
Cada uno de esos proyectos tenía un objetivo diferente, pero todos compartían algo esencial: la generosidad de una ciudad que nunca pregunta primero quién organiza una iniciativa, sino para quién se organiza. Quizá esa sea una de las mayores lecciones que me ha regalado Avilés.
Con el paso del tiempo he comprendido que las asociaciones no deben caminar por separado. Cada una tiene una misión distinta, pero todas persiguen, en el fondo, el mismo propósito: mejorar la vida de las personas. Cuando aprendemos a colaborar, cuando compartimos esfuerzos y dejamos a un lado cualquier protagonismo, suceden cosas extraordinarias. Los proyectos crecen, las dificultades se superan y la ciudad se fortalece.
Ese espíritu de cooperación es, probablemente, uno de los mayores valores que deberíamos cuidar de cara al futuro.
Hablamos con frecuencia de los desafíos que nos esperan: el envejecimiento de la población, las oportunidades para los jóvenes, la integración de quienes llegan de otros países, la soledad no deseada o la necesidad de seguir impulsando nuestra actividad económica. Todos ellos son importantes. Pero estoy convencida de que podremos afrontarlos si mantenemos viva esa red de personas comprometidas que hace posible que nadie tenga que enfrentarse solo a los problemas.
Después de tantos años de voluntariado sigo creyendo exactamente lo mismo que el primer día. Ninguna aportación es pequeña cuando nace del deseo sincero de ayudar. Las grandes transformaciones no empiezan con grandes discursos. Empiezan cuando una persona decide dedicar una parte de su tiempo a los demás y encuentra a otra dispuesta a caminar a su lado.
Por eso, cuando pienso en Avilés, no recuerdo únicamente sus calles, sus plazas o sus edificios. Recuerdo a las personas con las que he tenido la suerte de compartir este camino. Porque las ciudades no se construyen únicamente con piedra. Se construyen, sobre todo, con personas que un día deciden que el bienestar de los demás también es responsabilidad suya.
Ese, para mí, seguirá siendo siempre el verdadero patrimonio de Avilés.
- Una promotora nacional compra la Península de Arnao y prevé invertir más de 8 millones de euros en nuevas viviendas de alta calidad
- Nuevo accidente en el Aeropuerto de Asturias: una ambulancia, obligada a desplazarse al aeródromo
- Fin a la incertidumbre en Saint-Gobain: la multinacional francesa anuncia la construcción de un horno híbrido en la planta de Avilés
- La lluvia y las tormentas eléctricas aguan la noche mágica del 'Songs for an Ewan Day' en Salinas: 'Volveremos al bosque
- El hotel de cinco estrellas 'Gran Lujo' de Avilés abrirá el próximo verano: tendrá doce suites y el precio por noche podrá alcanzar los 450 euros
- Un coche calcinado a la entrada del túnel de Arnao obliga a cortar el tráfico en ambos sentidos
- Atropella a un motorista y se da a la fuga: la Policía Local de Avilés busca al conductor de una forgoneta
- El Agüil enciende su camino de luz: el Songs for an Ewan Day reconquista Salinas