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Espacios de participación joven: creando comunidad

La transformación local que va más allá de la restauración de sus rincones urbanos y que tiene reflejo en el ámbito de la enseñanza

Una actividad en Espacio Joven, en  el edificio Fuero.

Una actividad en Espacio Joven, en el edificio Fuero.

Hubo un tiempo en el que la fisonomía de nuestra villa pagaba las consecuencias de un entorno próspero en lo industrial, pero inevitablemente gris en lo paisajístico. En aquellos años, cuando los efluvios de las fábricas formaban parte de nuestras vidas, la contaminación impregnaba las calles y el patrimonio histórico acusaba el peso de la actividad industrial. Ahora, sin embargo, quienes nos visitan ponen de manifiesto que la transformación urbana ha sido asombrosa, y hoy nuestro casco histórico luce con notable orgullo las huellas de un vibrante pasado medieval y barroco.

Pero la transformación de una ciudad va más allá de la restauración de sus espacios urbanos más emblemáticos. También debemos valorar los cambios en términos de oportunidades y recursos para la ciudadanía. Por eso, como directora de un centro educativo, me interesa cómo la transformación de Avilés se ve reflejada en el campo de la enseñanza y en la apertura de espacios de participación y encuentro para los jóvenes.

Hace cinco años utilizaba estas mismas páginas para hacer balance de las últimas décadas de nuestra ciudad, y aprovechaba la ocasión que se me brindaba para analizar los avances de Avilés en lo que respecta al sector formativo. Ya entonces celebraba cómo la enseñanza pública había ampliado y diversificado su oferta desde los ochenta hasta la actualidad, incorporando oportunidades formativas artísticas y musicales, de idiomas, deportivas o un Centro de Servicios Universitarios.

Pero si hay algo que me gustaría reivindicar, como decía al principio, es la apertura de espacios para que la juventud avilesina pueda socializar, crear y experimentar. Es de sobra conocido que la adolescencia requiere espacios propios de encuentro y convivencia.

Cuando llega la edad de abandonar los juegos en los parques y otros espacios de ocio infantil, surge la necesidad de contar con lugares donde los jóvenes puedan relacionarse y participar activamente en la vida de nuestra ciudad.

No cabe duda de que Avilés ha experimentado una gran transformación en las últimas décadas en su manera de entender la participación juvenil. No en vano formamos parte de la red de Ciudades Educadoras, lo que supone un compromiso que se materializa en la apuesta por la participación de la juventud a través del Consejo de Infancia y Adolescencia. También son destacables las iniciativas destinadas a fomentar la movilidad europea, el voluntariado o la salud mental en espacios como BEPA, dedicado al autocuidado y la promoción del bienestar emocional, tan importante en los tiempos que corren.

En lo educativo cabe señalar programas como Transit, orientado a la prevención del abandono escolar temprano y en juventud las Antenas Informativas, las actividades desarrolladas en el Edificio Fuero o el programa de ocio alternativo "Hoy se sale", que ya ofrecen espacios de convivencia y aprendizaje.

Aunque ya hay proyectos en marcha, las inquietudes e intereses de las nuevas generaciones nos exigen seguir avanzando y ampliar horizontes mediante proyectos innovadores que fortalezcan el ecosistema juvenil de nuestra ciudad.

Hace un tiempo tuve la oportunidad de conocer las impresionantes instalaciones de Arkuos, en Langreo. Se trata de un espacio que cuenta con diferentes zonas de encuentro y creación para desarrollar actividades relacionadas con la música, el ámbito audiovisual, la robótica, la gastronomía, la horticultura y muchas otras disciplinas de ocio y aprendizaje.

Al recorrer sus instalaciones no pude evitar imaginar un futuro en el que Avilés contara con un espacio similar. Por eso, cuando hace unos meses supe que la fundación responsable de Arkuos iba a impulsar un proyecto de características parecidas en nuestra ciudad (Arkuos Marino), la noticia me llenó de satisfacción.

Asimismo, recibí con gran entusiasmo la noticia de que las instalaciones del edificio El Fuero se ampliarían y que el Espacio Joven contaría con zonas de ocio y de cultura destinadas a juegos, una sala audiovisual para proyecciones e incluso un pequeño auditorio para artes escénicas y otras iniciativas creativas.

Ambos proyectos auguran un futuro esperanzador para juventud de Avilés, ya que contribuirán a impulsar el desarrollo de competencias que sean acordes con los desafíos del siglo XXI.

No obstante, todavía siguen existiendo retos pendientes. Sigue siendo algo prioritario la mejora y adaptación de los espacios educativos para garantizar una educación pública de calidad. En este sentido, proyectos como el futuro desarrollo del edificio de La Grandiella pueden contribuir a aliviar algunas de las necesidades históricas de nuestra Formación Profesional, un ámbito especialmente necesitado de nuevas y mejores infraestructuras y recursos.

Poder mantener una ciudad educadora exige seguir invirtiendo en educación, en participación juvenil y en espacios que permitan a las nuevas generaciones crear redes de encuentro y refuercen el sentimiento de pertenencia. El futuro de Avilés va a depender, en gran medida, de nuestra capacidad para seguir haciendo que las mejoras para la población más joven sea una auténtica prioridad colectiva.

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