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Diego Baeza González

Diego Baeza González

Presidente del Real Avilés Industrial

Identidades que nunca se apagan

Recuperar el sentimiento de pertenencia a un club como el Real Avilés es el mayor ascenso posible tras sucesivas crisis institucionales del pasado

Celebración en El Parche del ascenso del Real Avilés.

Celebración en El Parche del ascenso del Real Avilés.

En primer lugar, felicitar a LA NUEVA ESPAÑA de Avilés por su 35.º aniversario, siendo uno de los altavoces para los ciudadanos de nuestra ciudad y de la comarca. Treinta y cinco años dan para muchas noticias, historias, unas más felices que otras… El Real Avilés Industrial ha vivido todas ellas. Ha sido símbolo, refugio, quebradero de cabeza y, sobre todo, una demostración de que Avilés y su gente nunca se rinden.

Su evolución en estas tres décadas largas puede leerse desde tres prismas inseparables: el social, el económico y el deportivo. Sin duda, el aspecto económico fue, para la nueva propiedad, que llegamos hace 6 años, el primer obstáculo a superar. La inestabilidad económica era el pan de cada día, con las grandes deudas acumuladas por todos sabidas y las dificultades que ellas conllevan, pero este tema, afortunadamente, ya es cuestión del pasado. La falta de un modelo económico sostenible fue durante años el principal lastre. La dependencia de inversiones externas, la ausencia de una estructura profesionalizada y la falta de visión a largo plazo generaron un círculo vicioso que afectó a todas las áreas del club.

La reconstrucción económica reciente, con una gestión más ordenada, una apuesta por la cantera, una relación más transparente con la afición y un proyecto deportivo coherente han permitido recuperar la vital estabilidad. Otra de las patas es el aspecto deportivo, que fue de la mano del anterior apartado, con el club a punto de desaparecer y de dejar así de latir tras ser el decano del fútbol asturiano. De vivir temporadas ilusionantes en Segunda División B a sufrir descensos dolorosos y vivir temporadas en el que el único objetivo simplemente era sobrevivir.

El RAI está a día de hoy, al menos, donde se merece su afición, después de lograr dos ascensos a Segunda RFEF (2020-21) y a Primera RFEF (2024-25). Sin duda, actualmente nos encontramos en un momento dulce que debemos de disfrutar cada día. Y la tercera pata es, para nosotros, la más importante de todas: la afición. El club no se entiende sin su gente. El arraigo, el sentimiento de pertenencia es vital para nosotros. En los años 90 el fútbol era un punto de encuentro con un sentimiento de unión y amor por sus colores.

Sin embargo, las crisis institucionales, llevaron a la desconexión de la afición, perdiendo la herencia de generación en generación. En estos últimos años se ha recuperado así el corazón del club. No hay mayor satisfacción que ver a las familias unidas, luciendo los colores del equipo de su ciudad. Es sin duda la mayor victoria, el mejor ascenso posible.

Se ha recuperado el sentimiento de pertenencia y, ojalá que perdure, al menos, 35 años más porque Avilés y el Real Avilés Industrial han vuelto a demostrar que en los momentos más difíciles, hay identidades que nunca se apagan.

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