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Opinión

Juan Carlos Vázquez

Juan Carlos Vázquez

Presidente de la asociación Mavea

La marmota y el ecopostureo

La restauración de las marismas de Maqua, una oportunidad para la ría

El siglo XX se caracterizó en la comarca de Avilés por un hecho catastrófico desde el punto de vista ambiental para el principal ecosistema: la desecación de un magnífico estuario. Ese hecho se vió acelerado en la segunda mitad de siglo con la implantación de las grandes industrias encima de las zonas marismeñas, trayendo además una contaminación atmosférica inaceptable por insalubre y la casi total desaparición de la vida en el estuario. Además, otros problemas de carácter social, también acallados por las oportunidades de empleo (droga, hacinamiento, aumento de desigualdades…).

Hace 35 años, todos los efectos perniciosos de aquella deriva histórica eran ya más que evidentes y parecía que se empezaba a trabajar para revertirlos, aunque algunas cosas se antojan irreversibles. ¿Y se mejoró? Si claro, se mejoró, pero no es oro todo lo que reluce. En 1982 España firmó el convenio RAMSAR, convenio internacional para la protección de humedales, dada la preocupación por la desaparición de más del 50 % en todo el mundo. Sin embargo, desde entonces en la ría de Avilés siguió con el proceso de desecación. En 2025 fimos testigos del último episodio. ¿Será el último? Hay quien presume de gestor ambiental y parece que no pretende parar ahí. La única oportunidad para revertir esa deriva es la restauración de las marismas de Maqua, cuyo proyecto lleva una década en un cajón, a pesar del trabajo del grupo Mavea y de otras asociaciones que apoyan activamente la causa.

En 1992 se publicó el proyecto de saneamiento de toda la comarca, incluida la ría de Avilés. En teoría las obras deberían acabar antes de fin de siglo, pero la realidad es que a día de hoy no se acabaron y la depuradora necesita un remozado integral para poder cumplir los requisitos mínimos legales. No cabe duda de que las cosas han mejorado mucho, pero nadie debería estar orgulloso, pues no solo se incumple el plazo, sino que está inacabado, sigue habiendo vertidos y la calidad del agua aún es insuficiente.

Hace 35 años también éramos famosos por la contaminación del aire, los malos olores y por ser número 1 en España en varios tipos de cáncer y de otras enfermedades. También es cierto que la cosa ha cambiado mucho y a mejor, pero nuevamente vemos que se relaja la presión, cuando el aire aún sigue sin cumplir los requisitos marcados por la OMS. El aire que respiramos sigue estando demasiado contaminado y no sirve de nada pretender esconderlo quitando medidores. Hay que seguir mejorando, no hay lugar a la relajación.

Los problemas ambientales quizás ya no lo son tanto, pero ni mucho menos se han solucionado. Eso sí, de un tiempo a esta parte los discursos políticos y empresariales se han aprovechado de la coyuntura y han hecho posible y necesario el nacimiento de una nueva palabra. Primero fue el "greenwashig", que la RAE se encargó de traducir al español en 2017 como ecopostureo: una actitud artificiosa e impostada que se adopta por conveniencia para mejorar la imagen pública, haciendo parecer que hay una preocupación y un compromiso por el medio ambiente sin que eso se traduzca en hechos reales. Anteriormente se decía "un lavado de cara", "solo fachada" o "puro teatro".

Hace 35 años los mayores problemas se ligaban a la contaminación y a que vivíamos en un ambiente enfermizo, insalubre. Hoy en día todo eso ha mejorado mucho, qué duda cabe, pero en realidad no se ha solucionado del todo y parece que entramos en periodo de aletargamiento. La gente mayor parece que lo da por bueno y la gente más joven quizás no lo ve tan grave. Pero lo peor es la actitud de autocomplacencia de las autoridades, que siguen demostrando muy poca sensibilidad ambiental y han hecho que el mayor problema sea el ecopostureo.

En estas décadas se ha dado la espalda a la educación ambiental, a concienciar de verdad a la gente sobre los problemas derivados de la forma de vivir. Así nos luce el pelo. La gente no aprecia ni los trinos de los pájaros, las gaviotas se ven como un problema serio, cualquier planta "fuera de sitio" se ve como maleza, no se distingue un bosque de una plantación de ocalitos, molesta el sonido del autillo en las noches de verano, nadie se queja de que los insectos casi han desaparecido. Nosotros vemos que en nuestro 40 aniversario, después de miles de visitas guiadas, talleres, charlas y publicaciones, nuestro entorno es probablemente más ignorante y complaciente.

Estamos a años luz de gestionar adecuadamente el territorio, el respeto a la biodiversidad, la convivencia con otros animales, los residuos, la eficiencia energética....No podemos caer en la trampa de empezar a "vivir en el día de la marmota".

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