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Opinión

Marisol Delgado

Marisol Delgado

Psicóloga

El mayor tesoro de Avilés y Comarca: la unión de sus gentes

Valores comunitarios que permanecen por mucho que pasen los años

Hay personas admirables a nuestro alrededor.

Y, cuando se unen, lo son aún más.

Ya lo decían en aquella joya televisiva llamada La bola de cristal: "Solo no puedes, con amigos, sí".

Nací en el avilesino barrio de Villalegre –no me digan que no es bonito haber nacido en un lugar con ese nombre– y he ido alternando (varias veces) la vida entre Avilés y Corvera. Además, por lazos familiares, por amistades y por trabajo, conozco bastante el paisanaje del resto de la comarca. Quizá por eso me atrevo a plantearles esto.

A lo largo de los últimos años he visto cosas que no creeríais…–vale, vale, no sigo por ahí, ya sé que está muy trillado–.

Lo cierto es que escucho con frecuencia eso de que antes la gente se ayudaba más, que antes se conocía todo quisqui en el vecindario y demás cosas por el estilo. Entiendo que nos cueste trabajo asumir que nada permanece para siempre, que hay que aceptar los inevitables cambios y que ni lo de antes ni lo de ahora va a ser perfecto, pero, aunque hayan cambiado algunas formas de relacionarnos, pienso que el cariño, la ayuda mutua, los cuidados, las inquietudes culturales y medioambientales siguen presentes en nuestros concejos.

Estaría bien intentar no caer en esa distorsión cognitiva llamada focalización en lo negativo para poder contemplar de forma más objetiva la realidad. Porque, por mucho que el individualismo, el egoísmo y la crispación hagan más ruido, nos rodean diversos y maravillosos seres humanos que, con sus naturales e inevitables imperfecciones, deciden juntarse, qué sé yo, para echar una parrafadina en una terraza de un bar o en un banco junto a casa; para escuchar y acompañar a esa persona amiga que está pasándolo mal; para echar una mano en lo que haga falta; para organizar algo en beneficio del pueblo, del barrio o de la ciudad; para comer un bollín preñao en cualquier fiesta de prao; para hacer más llevadera la vida de quienes viven en soledad; para sacarle una sonrisa a alguien convaleciente en el hospital; para mejorar la accesibilidad de aquellos lugares en los que, por la existencia de algún tipo de barrera, no se pueda entrar; para acoger y cuidar a peques carentes de sostén familiar o a peques saharauis o a personas de cualquier edad, vengan de donde vengan; para reclamar derechos humanos y de índole social; para reivindicar la paz y el fin de todo genocidio; para luchar por derechos laborales conquistados, con no poco sufrimiento, por generaciones que nos precedieron; para compartir de forma desinteresada saberes y conocimientos de todo tipo: recetas, manejo del móvil, idiomas, cuidado de mascotas o flora del lugar; para escuchar música; para comentar libros; para ir al cine o al teatro; para hacer rutas por lugares cercanos que, muchas veces, nos resultan desconocidos; para jugar a las cartas, al parchís o al escondite si se tercia; para echar una pachanga en la playa; para hacer tai chi en los parques; para bailar la danza prima en alguna plaza; para construir comunidad; para promover autoestima individual y colectiva; para emocionarse; para crear; para soñar…

A estas personas habría que nombrarlas Patrimonio Inmaterial.

Desde la complicidad y la cercanía, a muchas de ellas nos las ha ido mostrando el diario LA NUEVA ESPAÑA de Avilés y Comarca en los últimos 35 años.

Seguro que conocen a gente así. Incluso puede que, mismamente, ustedes lo sean.

Este es nuestro mayor tesoro.

Este es el mayor tesoro de cualquier lugar.

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