La nueva vida en Asturias del peruano César Loyola tras regularizar su situación: "Quiero trabajar legalmente, cotizar y aportar al país, y no ser explotado"
El inmigrante limeño, que lleva dos años en España, confía en que la regularización le permita obtener un contrato, alquilar un piso y traer a su familia: "Ahora puedo hacer planes a largo plazo"

César Jorge Loyola Martel, en la avenida de Asturias de La Carriona. / Mario Canteli

La regulación extraordinaria de inmigrantes ha impulsado que el padrón avilesino vuelva a superar la barrera de los 76.000 habitantes seis años después. El peruano César Jorge Loyola Martel es uno de los extranjeros que se ha acogido a la medida decretada por el Gobierno tras dos años en España. Loyola confía en que "los papeles" le abran las puertas al mercado laboral regulado y también la posibilidad de volver a reunirse con su mujer, Cynthy Castañeda, y sus cuatro hijos, que se encuentran en el país andino. "Cuando me enteré de la regularización sentí alegría: iba a poder trabajar legalmente y no ser explotado, también cotizar por unos beneficios sociales, por la sanidad y aportar al país que te acoge", señala en plena avenida de Asturias, en el barrio de La Carriona.
La salida de Loyola de su país no fue sencilla, tal y como él mismo relata. "No solo salí de Perú por trabajo, también porque nos robaron varias veces en casa, nos robaron todo, por la inseguridad que se vive...", relata de un paso que dio tras pasar dos años trabajando doce horas de lunes a sábado para poder reunir el dinero para los pasajes y que, reconoce, no podría haber dado sin el apoyo de su esposa, con la que lleva 26 años casado. La experiencia española de César Jorge Loyola comenzó en Madrid, y no de la manera que esperaba. "Iba a trabajar en la empresa de unos conocidos, pero cuando llegué la faena había bajado y no había tarea para mí", recuerda, del que no fue su único obstáculo a su llegada a la capital: "Llegué y no tenía ni dormir".
En este escenario, un grupo de amigos animó a Loyola a viajar a Asturias y le facilitó alojamiento para dar el primer paso en su nueva vida. "Trabajo en lo que aquí llaman 'reformas': fontanería, electricidad...", resume este ya avilesino, que en su país, además de desempeñarse en este sector, también enseñó oficios "a personas que hoy dirigen empresas".
El proceso de regularización no ha sido un trámite sencillo para Loyola. Previamente, había tenido que reunir el dinero suficiente para poder realizar la tramitación, contratar a un abogado y acudir varias veces a Servicios Sociales, presentar documentación... "El Ayuntamiento, a través de los Servicios Sociales, ayudó mucho, pero también había muchas personas, lo que generó un poco de aglomeración y demora. Gracias a Dios todo se está dando bien", explica el peruano, que ya se ha dado de alta en Autónomos, y que entiende que para conseguir "algo bueno" hay que "sacrificarse": "En vez de trabajar para alguien que no te paga, consigues tus papeles, te organizas bien y trabajas como debe ser".
Una vez iniciada la tramitación, ahora Loyola espera que le llegue pronto la resolución previa, lo que le permitirá ir a la Comisaría "a que le tomen las huellas y obtener el número del NIE". "Estoy más tranquilo. Estar en este proceso de regularización te permite hacer planes, tener metas a largo plazo, tener un trabajo, un salario que dentro de un tiempo me permita comprar un coche o el adelanto para un piso y traer a mi familia tranquilamente", apunta este hombre de 50 años que sueña con reunirse de nuevo con los suyos. "Actualmente mi vida no es completa, no estoy al lado de la persona que amo", añade Loyola que se refiere además al cariño a sus hijos de 25, 23, 21 y 19 años, respectivamente.
Además de culminar el procedimiento de regularización, el peruano afirma que uno de sus objetivos a corto plazo es valorar si le compensa más trabajar de autónomo o ser asalariado. Además, también tiene pendiente actualizar su curriculum vitae para buscar un trabajo legal y continuar colaborando como voluntario en Cruz Roja, en la Fraternidad de Francisco o en la red de apoyo a migrantes, donde se repara muebles u otras labores en las que "pueda ayudar". Mientras ese momento llega, Loyola cuenta las semanas para obtener su nacionalidad de la que ya presumió el pasado domingo en la victoria de España en el Mundial: "Es una selección que acoge a todas las personas, también las que emigran".
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