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La restauración, emblema de la villa

La oportunidad de la Nebrija y otras transformaciones urbanas de mano de la iniciativa privada para recuperar el brillo de edificios singulares

La última actividad en el viejo conservatorio antes de su traslado a la Ferrería. | MARA VILLAMUZA

La última actividad en el viejo conservatorio antes de su traslado a la Ferrería. | MARA VILLAMUZA

Parece mentira que hayan pasado ya cinco años desde aquel 2021 en que celebrábamos los treinta de la llegada a Avilés de LA NUEVA ESPAÑA. Por una parte el tiempo pasa muy rápido, pero también es verdad que en estos últimos cinco años nuestro Avilés ha seguido avanzando con paso fuerte y seguro sobre todo aquello que lo sigue haciendo tan especial.

Son muchos los temas de los que podría hablar. No hay más que acercarse a la hemeroteca de la prensa local, provincial y nacional para constatar la fuerte actividad que han tenido las empresas tecnológicas que han encontrado acogida en la tan traída y llevada Isla de la Innovación, que continuamente está demostrando su efectividad dentro de nuestro tejido industrial. Y es cierto que la industria clásica avilesina nos da una de cal y otra de arena, entre miedos a que, en el caso del acero, Arcelor se lleve su producción a la India. Pero de esos vaivenes sabemos ya mucho los avilesinos.

Y ahí está también el puerto, en plena evolución. Un puerto al que se creía agotado en sus posibilidades de crecimiento debido a su ubicación en un fondo de ría, ubicación que lo llevaron a ser el puerto más seguro de Asturias y de gran parte del Cantábrico entre los siglos XIII y XVII. Y tampoco estaba en nuestra mano hacer lo que se llevó a cabo en Bilbao, creando un nuevo puerto en el abra, porque para eso estaba el Musel muy cercano. Pero, nunca mejor dicho, contra viento y marea, lo estamos viendo crecer con los nuevos muelles de la orilla derecha y es un placer, por lo menos para mí sí lo es, ver los barcos multicolores que dan salida a esas enormes piezas destinadas a las instalaciones eólicas marinas.

Ahora bien, por lo que a mis intereses más concretos corresponde, sobre aquella vieja Avilés Atenas de Asturias, en parte tristemente preterida en las décadas centrales del pasado siglo, estamos viendo continuamente recuperar el brillo avilesino en ambientes relacionados con el cine, el teatro, la música, los ciclos de conferencias, los congresos y todas las actividades con ellas relacionadas. Insisto nuevamente en que es difícil encontrar en poblaciones con los habitantes que tiene la nuestra y su más próximo entorno, su antiguo alfoz, tres teatros abiertos a todo tipo de programaciones. Y el que además uno de ellos sea nuestro querido Palacio Valdés, un precioso teatro romántico que a punto estuvimos de perder, no quita poder al magnífico teatro que abriga nuestra Casa Municipal de Cultura y dar paso a esa joya, a la que por cierto tan poco se valora y tanto se critica, que es el Centro Niemeyer, con su gran sala, con su sala menor, no muy reducida por cierto, y con ese escenario abierto a la gran explanada, todo ello envuelto por un conjunto arquitectónico espectacular y de trasfondo ... nuestra ría. Programaciones de todo tipo: teatro, conciertos, cine con ciclos muy cuidados que de otra forma nunca llegarían a ser vistos en Asturias, nos ayudan a alcanzar un elevado nivel cultural.

Aunque quizás, lo que más me ha llenado de orgullo en estos últimos años son dos temas en especial.

En primer lugar, el cuidado por nuestro patrimonio arquitectónico, en parte debido a la propia iniciativa municipal, con la adecuación de la antigua casa de Correos como Conservatorio, consolidando así la magnífica trayectoria de nuestra escuela avilesina de músicos y rindiendo homenaje en sus paredes a uno de sus mejores representantes, Julián Orbón, con el mural cómic de Alfonso Zapico, que de manera sencilla dan a conocer su vida a niños y mayores; y la obra de adaptación del palacio de Balsera, antiguo conservatorio, como edificio cultural polivalente. Pero el hecho de que Avilés haya adquirido gran fama además por su cuidado casco urbano ha contribuido a que empresas privadas se hayan hecho cargo de la restauración y readaptación a diversos usos de los edificios del antiguo café Colón, del de Precios Únicos y de la casa de Josefina Balsera. Y que por parte de la parroquia de Santo Tomás de Sabugo se haya abordado por vía de urgencia la restauración de su primitiva sede en la plaza del Carbayo.

Como punto final, la alegría de reconocerle a Avilés la cualidad de ciudad universitaria. Yo estudié desde el parvulario en instituciones públicas: el Carreño Miranda avilesino, el Murillo sevillano, la universidad Hispalense, y en instituciones públicas he impartido docencia durante casi cincuenta años. Pero si la Universidad de Oviedo tuvo la ceguera de no ver las posibilidades de Avilés como polo universitario, bienvenida sea la Universidad Nebrija.

Y Avilés, a seguir creciendo en todos los sentidos.

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