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Saint-Gobain prepara el camino del nuevo horno de Avilés con el acopio de vidrio

La nueva subestación eléctrica, las ayudas europeas y el aumento de producción apuntan a una parada de la fábrica en 2027 para sustituir el actual float

Instalaciones de Saint-Gobain, en Avilés.

Instalaciones de Saint-Gobain, en Avilés. / Miki López

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Saúl Fernández

Saúl Fernández

Avilés

Todos los indicios apunta a que el nuevo horno de Saint-Gobain está más cerca. Esta misma semana, el Ayuntamiento concedió licencia a la multinacional para construir una nueva subestación eléctrica. Y en los últimos días, la compañía ha puesto a funcionar a toda máquina el maltrecho horno de La Maruca y está trasladando el vidrio a Valladolid y Portugal para su almacenaje. Los trabajadores explican que esto -el estocaje- es una medida extraordinaria, pero que se produce cada vez que se anuncian movilizaciones, huelgas... entonces es cuando la dirección de la compañía eleva su producción y acumula vidrio para poder atender los momentos de menor actividad o de ausencia de ella. Por eso, en la planta se cree que la compañía prevé una parada en el horno, y que ésta podría estar directamente relacionada con la construcción de la nueva infraestructura.

El plazo de construcción de la nueva infraestructura es, según fuentes consultadas, de poco menos de un año. En el horizonte más cercano -a la vista de la aprobación de la licencia de obra de la subestación y del derribo del castillete del agua de hace unos días- está el otoño como inicio de las obras. Y, si esto es así, la parada de producción que prevé la empresa llegaría hasta el verano de 2027. De ahí, dicen los trabajadores, que salga tanta producción fuera de Avilés y se consolide la posibilidad de un nuevo horno.

La fábrica que la multinacional Saint-Gobain tiene en el polígono de La Maruca, en Avilés, necesita un nuevo horno de vidrio flotado. Lo saben bien los trabajadores de su compañía filial -Saint-Gobain Cristalería- y también lo sabe, sin dudarlo, la dirección de su planta asturiana. Lo que sucede es que este deseo paralelo de progreso no termina de tomar cuerpo: la dirección mundial de la compañía sigue a lomos del misterio: sólo ha dicho que si se aprobaba su propuesta de convenio colectivo habría nuevo horno. Y se aprobó. Y los trabajadores se quedaron con la promesa, pero no con la concreción: habrá horno, pero nadie sabe oficialmente cuál, para cuándo, de qué tamaño.

Este misterio se aventura como un malabarista sobre la cuerda floja: esta misma semana el Ayuntamiento de Avilés concedió a la empresa una licencia de obra para la construcción de una nueva subestación eléctrica industrial, una actuación de más de tres millones que se enmarca -dice el propio Ayuntamiento de Avilés en una nota oficial- en la sustitución del actual horno F400 de gas natural por un nuevo horno híbrido de fusión de materias primas.

La compañía se ha presentado a un montón de convocatorias públicas de subvenciones para activar esta infraestructura. Y ha salido beneficiada de la más cuantiosa -una Innovation Fund- y, a la vez, ha vivido el rechazo de fondos Perte -no puede disfrutar de dos subvenciones públicas para un proyecto similar-. O sea, cuenta con los permisos públicos para “hacer sitio” al artilugio, cuenta con ayudas públicas para llevarlo a cabo, la dirección local ha prometido que lo habrá, el Gobierno del Principado lo ha cuantificado -entre 120 y 140 millones- y, además, la empresa ha probado con éxito la nueva fornadora -una máquina que sirve para meter el material, el calcín, en el horno; un artilugio distinto al actual-. Y con todo esto, Saint-Gobain, el dueño del futuro horno de vidrio flotado cuyo destino último es mantener la actividad en La Maruca al menos otros quince años, no se ha pronunciado.

El plan

La multinacional pretende retirar uno de los tres transformadores que actualmente están en funcionamiento en la fábrica. Tras el derribo del depósito de agua, la compañía busca aprovechar el espacio ganado (hasta el secadero de arena) para instalar la nueva subestación con mayor capacidad porque el horno float que está en la lista de deseos de la fábrica de Avilés se va a alimentar al 50 por ciento con gas natural quemado con ayuda de oxígeno y, el resto, con electricidad. Este horno se llama Furhy (Hybrid Furnace).

En un principio, el nuevo horno debería tener mayor capacidad que el actual -anda ahora por las 500 toneladas al día-. La fusión de las materias primas se realizará mayoritariamente mediante electricidad con garantía de origen renovable, quedando el gas natural como apoyo en determinadas fases del proceso o en situaciones de emergencia. Esta modificación permitirá reducir el consumo energético total en torno a un 20% y disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero en aproximadamente 79.000 toneladas anuales. La dificultad principal en este punto está en la capacidad de generar energía del Principado de Asturias, principalmente, en la zona central de la región (lo que se llama anillo energético).

Saint-Gobain y AGC -multinacional japonesa competencia de la francesa- están probando al alimón en la localidad checa de Barevka, cerca de la frontera con Austria, una versión piloto de este horno híbrido.

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