Opinión
Seamos buenos antepasados
El reto de mantener el perfil industrial de la comarca y de dar espacio al talento joven al tiempo que se logra minorar el ritmo de envejecimiento

Ambiente en una terraza de Avilés durante una procesión de la Semana Santa. | MIKI LÓPEZ
Alcanzar los treinta y cinco años cumpliendo cada día con los lectores de esta comarca es el resultado de una idea sólida sostenida a lo largo de ese tiempo por un largo listado de personas comprometidas con la sociedad, cada uno desde su responsabilidad, desde los tiempos del periódico casi artesano hasta la moderna edición digitalizada. Los impulsores de este proyecto actuaron como buenos antepasados construyendo una herramienta que hoy sigue siendo una referencia.
Es tiempo de pararse y mirar hacia atrás, pero, sobre todo, de preguntarnos cómo queremos que sea la comarca cuando dentro de otros treinta y cinco años alguien se detenga un instante para describir la realidad del momento. Tenemos la obligación de ser buenos antepasados y construir día a día la comarca del futuro, como antes otros lo hicieron.
Vivimos una época de gran incertidumbre; los gruesos pilares que han soportado nuestra sociedad se están transformando por la acción de elementos con enorme incidencia, como son, entre otros, la digitalización, el cambio climático y la evolución demográfica. Todo indica que estamos en la mayor transformación social y económica desde la revolución industrial.
Ser buenos antepasados supone preparar a la sociedad para cabalgar sobre los motores del cambio y tomar ahora las decisiones que dibujen una sociedad avanzada, justa y sostenible. Los tres elementos mencionados en el párrafo anterior tienen un enorme poder de transformación que requiere decisiones en todos los ámbitos y niveles, empezando por los espacios de decisión más cercanos a las personas, como son las ciudades y sus ayuntamientos.
Nuestra vida ya está inmersa en la sociedad digital; el amplio abanico de funciones que nos permite la tecnología también determina las relaciones sociales y nuestra pequeña economía personal. El cambio climático ya condiciona decisiones relacionadas con nuestro hábitat cercano: nuestras viviendas no están adaptadas a los episodios temperatura extremas, las playas y riberas, como las de El Espartal o nuestra propia Ría de Avilés, se están transformando ya de manera perceptible. La actividad del sector primario se verá igualmente muy condicionada por el nuevo entorno climático, afectando directamente a la pesca, la ganadería y los productos de las huertas de la comarca.
La población joven y dinámica de los años en que se lanzó esta edición del periódico ha dejado paso a una mayoría definida por la edad avanzada y las crecientes limitaciones para las actividades cotidianas. Todo lo que hace que una sociedad funcione, que una ciudad sea habitable, ha de estar adaptado al perfil de sus habitantes. El envejecimiento va a ser una característica durante las próximas décadas, condicionando servicios e infraestructuras que habrán de dar respuesta a las nuevas necesidades de las personas.
En ese contexto, Avilés y la comarca en su conjunto, tendrán que seguir reinventándose para afrontar los retos que en materia de desarrollo económico completarán la definición de la sociedad del futuro. Se plantean varios interrogantes en este aspecto. ¿Seremos capaces de atrapar inversiones sólidas en los sectores con mayor potencial de desarrollo? ¿Podremos enriquecer nuestra historia industrial con nuevas apuestas en sectores como la industria de la defensa, la aeronáutica o la economía digital? Mantener el apellido de comarca industrial obligará a tener presencia sólida en los sectores que representan mayor valor añadido en el futuro, haciendo que se conviertan en el efecto tractor para el resto de la actividad y para la captación de talento. La respuesta a estos retos condicionará en buena medida el perfil de la comarca, su capacidad para minorar el ritmo de envejecimiento y para mantener una diversificada economía minorista generadora de miles de puestos de trabajo.
Una sociedad con un mayor porcentaje de población con mayor edad y personas sin empleo será una sociedad muy marcada por la soledad, especialmente por la llamada soledad social, la que padecen las personas que no forman parte de ningún grupo, que carecen de un entorno relacional diverso y continuado. A los procesos ligados a la situación de no empleo se añade el aislamiento impulsado por la progresiva digitalización, que va sustituyendo las tertulias de café, el paseo hasta la sala de cine e incluso la cola en la tienda del barrio. La soledad es un factor de pérdida de salud hasta ahora poco asumido. Si queremos que dentro de tres décadas los avilesinos tengan la mejor salud, es obligado incorporar la atención a la soledad como prioridad, acompañada de una nueva generación de servicios específicamente orientados para una sociedad mayoritariamente compuesta por personas mayores, sin actividad laboral y con dificultades para mantener un entorno social.
El futuro se construye desde el presente, con visión y estrategia, como hace treinta y cinco años hicieron los impulsores de esta edición comarcal de LA NUEVA ESPAÑA. Según un proverbio griego, "una sociedad se hace grande cuando los ancianos plantan árboles bajo cuya sombra saben que nunca se sentarán". Ser buenos antepasados empieza ahora.
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