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La paella gigante de Miranda que une generaciones: "Esta es una fiesta de prao auténtica, de las que presta"

"Es la fiesta que más nos gusta de la zona", dicen los asistentes a la arrozada del barrio avilesino, que sigue contando con María Jesús Felipe, una de las pioneras de los festejos, como maestra de ceremonias: "Aquí voy a estar hasta que el cuerpo aguante"

María Jesús Felipe, en el centro, junto a varios de los más jóvenes del barrio. | N. M.

María Jesús Felipe, en el centro, junto a varios de los más jóvenes del barrio. | N. M.

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N. Menéndez

Avilés

"Aquí voy a estar al pie del cañón hasta que el cuerpo aguante". María Jesús Felipe es una de las pioneras de una de las fiestas más populares de Avilés, las de Miranda. Hace más de cincuenta años fue ella quien, junto a otros vecinos de la zona, decidió hacer una paella para celebrar todos juntos. En ese momento comenzaron unos festejos que ahora tienen más fuerza que nunca. La organización repartió ayer 1.400 raciones antes de dar paso a una larga noche, acompañada de las actuaciones del Dúo Reflejos y del grupo M3 Show.

Colas a la espera de las raciones de paella.

Colas a la espera de las raciones de paella.

"Me acuerdo de que, cuando empezamos, no nos habíamos acordado ni de comprar platos. Tuvimos que usar los del colegio", recuerda Felipe. Aunque a ella, cuando ejerce como monja, la llaman sor María Jesús, la palentina aclara que, cuando pisa el prao de la fiesta, "quiero que todos me llamen Chusa". Tiene 87 años, pero no pierde detalle de todo lo que ocurre en los fogones. Además, luce su traje de asturiana como si de una adolescente se tratase. "Las fiestas hay que vivirlas al máximo", sentencia.

Ambiente dentro de la carpa

Ambiente dentro de la carpa

Después de que los cocineros utilizan una grúa para levantar las enormes paelleras, poco a poco se iba preparando un arroz que debía dar de comer a más de un millar de personas. Para prepararlo no faltó longaniza de Avilés, para darle un toque local a la creación. Para elaborarlo, además, hicieron falta las manos de media docena de ayudantes, que, con utensilios de madera, se encargaron de remover para que estuviese en su punto.

"Esta es una fiesta de prao auténtica, de las que presta. Hay un ambiente increíble", apunta Nacho Suárez. Avilesino, reconoce que acude a la fiesta desde pequeño por culpa de sus padres. Ahora, ya con hijos, no quiere que se pierda la tradición familiar. "Ves a mucha gente conocida, pasas un buen rato, comes bien... ¿Qué más se puede pedir?", sostiene.

Lucas Maldonado, por su parte, apuesta por acudir a la cita con sus amigos. "Es la fiesta que más nos gusta de la zona. Preferimos algo así, más familiar, que esas macrorquestas que congregan a miles de personas", subraya el vecino de Avilés, que aguarda su turno en la cola para llevar las raciones a todos sus colegas. "No sé cómo lo hacen, pero todos los años les queda un arroz espectacular. Esa grúa tiene algo mágico", indica.

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