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Paloma Rodríguez baja el telón en el IES La Magdalena

"El teatro es la mejor herramienta que puede tener la enseñanza para trabajar con un alumno", asegura la avilesina, que recientemente se ha jubilado tras quince años como profesora en La Magdalena

Paloma Rodríguez.

Paloma Rodríguez. / Luisma Murias / LNE

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N. Menéndez

Avilés

"No tengo ninguna gana de irme. Noto el cansancio de la profesión, son muchos años, pero amo mi trabajo. Eso sí, es cierto que hay cosas que no me gustan". Tras quince años como profesora en el instituto de La Magdalena, Paloma Rodríguez ha dejado las tizas y los encerados. Durante su larga trayectoria entre alumnos, la avilesina siempre ha tenido clara una cosa: el teatro es vital para el desarrollo del alumnado. Ella, apasionada de dicho arte, lo ha llevado por bandera, impulsando un grupo que ha hecho vibrar las tablas del Palacio Valdés.

Rodríguez formó parte de la primera promoción del Instituto de Teatro y las Artes Escénicas (ITAE), además de formarse como filóloga. Pronto se dio cuenta de que el mundo del teatro era "muy jorobado", por lo que decidió apostar por la enseñanza. Eso sí, sin dejar de lado su pasión. "Un colegio es el mejor sitio donde puede estar un actor. Tienes público todos los días, lo tienes que entretener y son cuatro horas diarias de función", comenta la avilesina.

Su carrera empezó lejos de su tierra. Sacó un 9,96 en la oposición, pero eso no fue suficiente para hacerse un hueco en Asturias, por lo que acabó yéndose a Canarias, donde estuvo cuatro años. Posteriormente, trabajó en Tarancón, en Cuenca, para, finalmente, regresar a casa. "Ahora soy puro sentimiento Magdalena", asegura.

"El teatro es la mejor herramienta que puede tener la enseñanza para trabajar con un alumno", defiende Rodríguez, que explica su razonamiento. "Con el teatro tocas todos los palos, desde el contenido literario más puro hasta la expresión oral, la expresión escrita, la improvisación… Para el alumnado la parte emocional es muy importante, en teatro nadie juzga. El grupo es solidaridad y casa", subraya la profesora, que también pone en valor el trabajo grupal que se hace. "Si alguien no va a ensayar, esa decisión afecta a todo el grupo. Enseñar eso a los adolescentes me parece lo más", asegura.

El equipo

Uno de los puntos de los que más orgullosa está Rodríguez es del equipo que ha formado a lo largo de los años. "Es lo mejor que he hecho en todo este tiempo, rodearme de gente querida y que me ayuda muchísimo. Paula Vicente, Rosa Martínez, María Rodríguez y Elena Fernández son fundamentales en todo este trabajo", afirma la profesora, que si algo ha querido transmitir durante su carrera ha sido su amor por las tablas.

Por ello, si por algo no quiere jubilarse, "es por no perder el contacto con mis alumnos". "Es lo que más pena me da. Las reuniones, las evaluaciones o poner notas no lo voy a echar de menos. Siempre he tratado de transmitir mis ganas de estar con el alumnado, lo bien que me lo paso, y creo que ellos obran en consecuencia", explica Rodríguez, que cree que Avilés es "una locura" para poder expandir su amor por el teatro.

"Tenemos la posibilidad de ir a ver obras, ver ensayos generales desde dentro, nos facilitan entradas… Además de estrenar nuestras propias obras en el Palacio Valdés, como las compañías profesionales. Es una experiencia única", destaca la avilesina.

Esa adrenalina, la de subirse al escenario del Palacio Valdés, asegura que es "adictiva". "El que prueba el teatro en primero de la ESO se engancha hasta que acaba el instituto. Y los que se apuntan más tarde se arrepienten de no haberlo hecho antes", afirma. Ahora, Rodríguez seguirá, desde las butacas, con mucha atención lo que hagan sus pupilos durante los próximos años. A ella le toca, tras una amplia carrera, descansar.

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