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La crisis energética y la nueva geopolítica llevan a La Granda el debate sobre el futuro de la industria europea

Eurodiputados y expertos reclamaron más autonomía estratégica, mejores conexiones y un suministro seguro ante las guerras, la dependencia exterior y el avance de la descarbonización

Por la izquierda; Nicolás González, Pablo de Juan y Susana Solís.

Por la izquierda; Nicolás González, Pablo de Juan y Susana Solís. / Miki López

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Avilés

La energía, la industria y la geopolítica centraron este jueves la primera parte de la jornada inaugural de una nueva edición de los Cursos de La Granda, que abrió su programación con el seminario "¿Hacia una transición energética resiliente?", organizado por el Club Español de la Energía (Enerclub). El Hotel Palacio de Avilés reunió a eurodiputados, directivos de las principales compañías del sector y especialistas nacionales e internacionales para analizar cómo debía responder Europa a un escenario marcado por las guerras, la volatilidad de los mercados y la necesidad de reforzar su autonomía estratégica.

Uno de los ejes de esta primera parte del encuentro fue el debate político europeo, protagonizado por los eurodiputados Nicolás González, del Grupo de los Socialistas y Demócratas, y Susana Solís, del Partido Popular Europeo, que, pese a sus diferencias, coincidieron en la necesidad de que Europa redujese su dependencia energética. González defendió que "un ataque al Pacto Verde es un ataque a la soberanía europea", al considerar que disminuir el consumo de combustibles fósiles importados era una cuestión económica y estratégica. "Tenemos que utilizar menos moléculas fósiles porque no las tenemos", sostuvo el eurodiputado, quien recordó que el cierre del estrecho de Ormuz supuso para Europa un sobrecoste de 50.000 millones de euros, una factura que, a su juicio, evidenció la vulnerabilidad del continente.

La eurodiputada popular compartió el diagnóstico sobre esa dependencia, aunque reclamó un cambio de enfoque. Susana Solís sostuvo que la descarbonización debía entenderse "en términos de autonomía estratégica y competitividad, no como un imperativo climático". Alertó además de que Europa atravesaba "un proceso de declive industrial" y defendió que todas las tecnologías que contribuyesen a garantizar el suministro debían permanecer sobre la mesa. "El mundo ha cambiado y no podemos seguir igual que hace cinco años", afirmó, al tiempo que reclamó reforzar las redes eléctricas, acelerar las conexiones y revisar el impacto del Sistema de Comercio de Emisiones sobre sectores industriales como el cerámico o el electrointensivo.

El debate también puso el foco en el futuro del sistema energético europeo. Mientras González apostó por acelerar las interconexiones eléctricas, reforzar el almacenamiento y proteger la soberanía energética frente al crecimiento de los centros de datos, advirtiendo de que "no podemos importar un gas que no tenemos para alimentar infraestructuras que no controlamos", Solís defendió que España necesitaba aprovechar esa oportunidad tecnológica y reclamó decisiones "valientes", incluyendo la continuidad de la energía nuclear y una mayor capacidad de conexión a la red para la industria. Ambos coincidieron, no obstante, en que la seguridad del suministro y la competitividad marcarían buena parte del futuro económico europeo.

La huella de las guerras en la energía

La primera parte de la jornada también sirvió para analizar el contexto internacional que condicionaba esa transición. El responsable del departamento de energía de Abu Dhabi, Sergio López, explicó que el cierre del estrecho de Ormuz, aunque constituía una situación "absolutamente extrema", había demostrado la capacidad de adaptación del mercado energético mundial. No obstante, advirtió de que persistían importantes tensiones, especialmente en los productos refinados y en el gas natural, cuyos elevados costes y bajos niveles de almacenamiento mantenían la incertidumbre de cara al próximo invierno.

Por la izquierda; Sergio López, Ignacio Urbasos y Ignacio Fuente

Por la izquierda; Sergio López, Ignacio Urbasos y Ignacio Fuente / P. M.

El analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos, Ignacio Fuente, defendió que las guerras de Ucrania y del Golfo habían convertido la energía en uno de los principales objetivos militares y estaban transformando el equilibrio internacional. "Las guerras masivas han vuelto para quedarse y hay que prepararse para ese escenario", afirmó, al tiempo que advirtió de que el sistema energético ucraniano se encontraba "destrozado", que el país afrontaba una grave crisis demográfica y que Europa había despertado definitivamente de la comodidad que le proporcionaban las importaciones energéticas rusas. A su juicio, los conflictos actuales estaban recomponiendo la geopolítica mundial y cuestionando principios que hasta hacía pocos años parecían consolidados.

La sesión fue introducida por Ignacio Urbasos, del Club Español de la Energía, quien recordó que el cierre del estrecho de Ormuz había sido, apenas unos años antes, un escenario considerado "impensable" incluso por los analistas que estudiaban las consecuencias de la invasión rusa de Ucrania. Aquella hipótesis se había convertido en realidad y sirvió de punto de partida para una primera parte de la jornada en la que se debatió cómo construir una transición energética resiliente en un contexto internacional cada vez más incierto, con la seguridad del suministro, la autonomía estratégica y la competitividad industrial como grandes desafíos para Europa.

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