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Esplendor, caída, fuga e indulto de Natalio Grueso: de traer a Avilés a Woody Allen y a Brad Pitt a permanecer más de dos años en paradero desconocido

El exdirector del centro cultural de la ría ha sido puesto en libertad por su grave estado de salud

Natalio Grueso entrando en la Audiencia Provincial.

Natalio Grueso entrando en la Audiencia Provincial. / Luisma Murias

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Saúl Fernández

Saúl Fernández

Avilés

Natalio Grueso, que ha sido indultado por el Consejo de Ministros de este martes por razones humanitarias -la enfermedad grave que arrastra se agravó en pocas semanas hasta sus límites mayores-, se hizo cargo de la fundación del Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer, en Avilés, antes siquiera de que hubiera un centro contante y sonante: eso sucedió bien en diciembre de 2010, bien en marzo 2011. Porque haber hubo dos inauguraciones: una para grabar un programa para la televisión de la ONU y la otra para acoger en la plaza del Niemeyer -llena hasta el pararrayo- un concierto de la “New Orleans Jazz Band”, la de Woody Allen. Diez mil personas escuchando jazz como si nada en una ciudad que tomaba aliento de las reconversiones siderúrgicas de los años noventa. Antonio Muñoz Molina, el del “Invierno en Lisboa”, no se lo creía.

Antes de que sucediera todo esto, Grueso había trabajado -mucho- en otra fundación, en la Princesa de Asturias -entonces se llamaba “Príncipe”-. Una de las primeras fotografías de Grueso custodia el archivo de este periódico es, de hecho, cuando el entonces Heredero de la Corona -ahora es el Jefe de Estado- abrió en 2002 las puertas de su pabellón a los ejecutivos de la institución que trabajan en su nombre. Uno de ellos era Natalio Grueso. El redactor de la noticia le identifica como el responsable de relaciones internacionales.

La vida laboral de Natalio Grueso -su familia procede de Moreda de Aller-, sin embargo, no empezó aquellos días. La biografía oficial que dejó en la página web del Ayuntamiento de Madrid -trabajó para la Villa y Corte como director de sus teatros municipales, el Español entre ellos- se lee: “Natalio Grueso comenzó su carrera profesional en la Comisión Europea, donde fue director de Proyectos de Cooperación Interregional Externa (DG XVI) en el marco de los programas Ecos y Ouverture. Allí dirigió más de 250 proyectos en 40 países, incluyendo el Este de Europa, la antigua Unión Soviética, Oriente Medio y Mercosur”. Y también: “Ha sido asimismo consultor de organismos internacionales, como las Naciones Unidas o Eurostat. En el sector privado ha sido Director General de la empresa de consultoría internacional DEX, Ltd. en la que lideró misiones comerciales empresariales en extremo oriente, especialmente en China, India, Filipinas, Indonesia, Hong Kong o Japón.”

O sea, cuando llegó a Avilés ya era un hombre de mundo. Y ese mundo es el que trajo a la nueva institución que estaba por nacer y que se iba a convertir en el Niemeyer. Entre 2006 y 2011, Avilés fue un poco Hollywood. Y también un foco inigualable de exhibición cultural. En el verano de 2010 el teatro Palacio Valdés acogió una función de “The tempest”, de William Shakespeare, una producción de “The Bridge Project”, uno de los proyectos teatrales más extraordinarios de aquellos entonces: los actores Kevin Spacey, Stephen Dillane y el director Sam Mendes estuvieron vinculados a él. Y ese vínculo lo mostraron en Avilés. Spacey fue un Richard III sideral en los últimos días de septiembre de 2011, esos días en que salía de su hotel con una raqueta y se iba a jugar a La Magdalena… Mendes, el de 007, dirigió la tragedia. Y la calle Palacio Valdés se convirtió en la Gran Vía para envidia de madrileños y adosados. Verónica Forqué se vino a Avilés a ver a Spacey porque Spacey no iba a ir a Madrid, aunque sí a Hong Kong.

Pero no fue todo teatro. En la cúpula del Niemeyer el pintor asturiano Hugo Fontela presentó parte de su obra, pero también Julian Schanabel, el director de “Antes que anochezca”. Se vieron sus fotos y aquella exposición se llamó “Polaroids”. Win Wenders y Carlos Saura hablaron, mano a mano, en los antiguos cines Marta -ahora hay un mesón-. Los diálogos estratosféricos también fueron cosa practicada el día de la segunda inauguración del Niemeyer: entonces hablaron en el teatro Joan Manuel Serrat y Kevin Spacey. Spacey, en aquellos años, era muy habitual de Avilés y del Niemeyer (se paseó por la ciudad cuatro veces), pero también Brad Pitt, sí, la superestrella sideral. El presidente del Principado de aquellos días -Vicente Álvarez Areces- le explicó a los periodistas que su presencia en Avilés tenía que ver el desarrollo urbano del entorno del centro cultural, o sea, la Isla de la Innovación. Estamos en agosto de 2009. Hace dieicisiete años.

Ese lustro de Grueso en Avilés -en 2013 abandonó su puesto de trabajo, por uno nuevo en el Ayuntamiento de Madrid, en los años previos a la concesión de aquellos Juegos Olímpicos a los que aspiraba la ciudad que gobernaba Ana Botella- dejó huella en las cuentas de la institución que dirigía.

El juicio

La gestión de toda la fiesta quedó en entredicho en 2012. Ana González, por entonces consejera de Cultura; es decir, por entonces, presidenta del Niemeyer, decidió presentar una denuncia ante el juzgado de Avilés para dilucidar el origen de varios descuadres de facturas emitidas o recibidas por los gestores del complejo cultural entre los años 2007 y 2010. Según dijo entonces, estos descuadres superaban los 400.000 euros. Un año después –en enero de 2014– resumió su acción ante la comisión de investigación que se abrió a propósito de todo esto en la Junta General: "Creo que lo que yo hice se podía haber hecho antes".

La instrucción que vino después de esta denuncia fue tan larga que el juicio fue señalado para el 24 de septiembre de 2018. Diez días antes, la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Asturias dictó contra Grueso una orden de búsqueda y captura y prisión provisional sin fianza. El tribunal consideró que se había sustraído a la acción de la justicia y que existía riesgo de fuga. Entre otras cosas, había facilitado dos domicilios que no eran suyos.

La primera fuga

Grueso se había entregado el día 18 de manera voluntaria, pero el riesgo de fuga quedó patente de tal modo que la Sección Tercera ordenó su encarcelamiento. Llegó entonces el día 24, cuando tenía que comenzar el juicio, y se abrieron las vistas, pero inmediatamente se suspendieron: Grueso había cambiado de abogado.

Habían pasado ya por entonces diez años de los primeros hechos que iban a ser sometidos a escrutinio público. La sentencia final, la de junio de 2020, señaló a Grueso como culpable de un delito continuado de malversación de caudales públicos en concurso medial con un delito continuado de falsedad en documento mercantil y oficial (5 años) y, además, de un delito societario (3 más). De lo que quedó libre fue insolvencia punible, del que también estaba acusado.

Hasta abril de 2023, la defensa de Grueso trató de invalidar la sentencia de Asturias. Entonces, sin embargo, el Supremo la confirmó en todos sus términos. Tras esto, Grueso tenía que ingresar en prisión, pero no lo hizo: se fugó y permaneció en paradero desconocido durante más de dos años. Hasta diciembre de 2025, cuando fue localizado en la localidad portuguesa de Olhâo.

Fue detenido por la Policía Judiciaria de Portugal. Lo trasladaron a Badajoz y, de allí, a Aranjuez. El Consejo de Ministros, a la vista de su estado de salud, decidió perdonarle este martes la parte que cárcel le faltaba por cumplir.

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