Carmen Julia Gutiérrez González, musicóloga y Premio Nacional de Investigación 2026: "Estoy recuperando la música que se cantaba en las iglesias prerrománicas, y eso me conecta con mis orígenes asturianos"
"Estoy muy contenta porque cuento con financiación y un gran equipo para trabajar, pero recibir un premio también es estupendo"

Carmen Julia Gutiérrez / C. J. G.
Claudia Serantes
Por su "destacada trayectoria investigadora en el ámbito de la musicología, con la integración de enfoques de filología, humanidades digitales e inteligencia artificial", el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades concedió este jueves el Premio Nacional de Investigación "Ramón Menéndez Pidal" en el área de Humanidades a la avilesina Carmen Julia Gutiérrez González, catedrática de Musicología en la Universidad Complutense de Madrid. "Ha sido una alegría enorme", reconoce a LA NUEVA ESPAÑA solo unas horas después de conocer la distinción.
¿Cómo se recibe la noticia de haber sido distinguida con un premio tan prestigioso como el Nacional de Investigación?
Sentí una sorpresa muy grande y una alegría enorme. No solo por mí, sino también por lo felices que sabía que iban a sentirse mi familia y mis amigos y, por supuesto, mi equipo. Es un premio individual, pero detrás de mi trabajo hay muchas personas que llevan muchísimos años trabajando conmigo. Por eso considero que este reconocimiento también les pertenece y que para ellos puede ser casi tan importante como lo es para mí.
¿Es la recompensa a tantos años de esfuerzo y dedicación?
Estoy satisfecha con mi carrera porque dirijo un proyecto europeo muy ambicioso, tengo financiación suficiente para desarrollar una investigación de alto nivel y cuento con un equipo extraordinario. Haber conseguido dedicarme a lo que más me interesa y hacerlo en esas condiciones ya sería para mí una recompensa enorme. Que, además, me concedan un premio de esta importancia supone una confirmación emocionante de que el trabajo ha merecido la pena.
Se ha especializado en el ámbito de la Musicología. ¿Cuál fue su primer contacto con la música?
Empecé a estudiar música con cinco o seis años, en el colegio; después pasé al conservatorio. La música, por tanto, estuvo presente en mi formación desde muy pequeña, mucho antes de que imaginara que terminaría convirtiéndose también en el centro de mi actividad profesional.
Acabó haciendo la especialidad en Musicología, pero lo que había empezado a estudiar era Geografía e Historia, una carrera que parece muy alejada de la música.
Estudié Geografía e Historia, que entonces era una titulación muy amplia: durante tres años cursábamos materias muy diversas y después debíamos escoger una especialidad. Yo estaba pensando en Prehistoria, porque me interesaba mucho la Arqueología, pero precisamente entonces se creó la especialidad de Musicología en la Universidad de Oviedo. Lo tuve claro: reunía mis dos grandes intereses, la música y la investigación histórica. Formé parte de su primera promoción y allí descubrí la música medieval, que ha orientado toda mi trayectoria posterior.
¿Qué le dijo su entorno cuando optó por una rama que entonces era tan desconocida?
En aquella época, la del baby boom, muchas personas fueron las primeras de sus familias en llegar a la universidad. No estaba tan extendida la idea de que cada carrera debía conducir inmediatamente a una profesión concreta y tampoco existía el mismo nivel de desempleo; uno estudiaba, en buena medida, aquello que le interesaba. Eso sí, a lo largo de mi vida he tenido que explicar innumerables veces qué es la Musicología y aclarar que no es Psicología ni ninguna otra disciplina de nombre parecido.
Finalmente, su futuro profesional estuvo ligado a la docencia, ahora en la Universidad Complutense de Madrid.
La Complutense posee un ecosistema excepcional para la Musicología. Impartimos un Grado en Musicología, el único Máster dedicado específicamente a la música española e hispanoamericana y un Doctorado con una demanda muy elevada; tenemos un Departamento muy activo y el Instituto Complutense de Ciencias Musicales, el ICCMU. Además, desarrollamos numerosos proyectos competitivos, entre ellos dos proyectos europeos de varios millones de euros. Todo ello permite que los estudiantes pasen muy pronto del aula a la investigación real y participen en proyectos muy diversos. Es importante recordar lo que puede conseguir la universidad pública cuando existen talento, continuidad, equipos y financiación. También es una forma de defender sus titulaciones y sus estructuras de investigación, porque sin investigación no hay avance ni progreso.
También ha participado en un gran número de proyectos de universidades en Suiza, Alemania o Reino Unido. ¿Qué le han aportado esas experiencias?
Ha sido fundamental para mí. Nada más terminar la carrera pasé un año estudiando en Italia; después regresé, pero cinco años más tarde volví a marcharme, esta vez a Alemania, para investigar. Supuso un choque cultural muy importante: pude conocer otras maneras de trabajar y de pensar, y centros con más medios, personal e infraestructuras. Aprendí muchísimo en todas mis estancias, especialmente en Suiza y Alemania, y después intenté trasladar a España esa experiencia, esas metodologías y esa forma de entender la investigación.
¿Le han influido sus orígenes avilesinos en su trayectoria?
Desde hace años estudio un repertorio extraordinariamente complejo: el canto hispánico, la música que se interpretaba en las antiguas iglesias prerrománicas. Uno de nuestros objetivos es reconstruir virtualmente cómo podían sonar esas músicas en los espacios para los que fueron concebidas. Y, aunque hay prerrománico en muchos lugares, yo procuro que Asturias quede bien representada; por ejemplo, acabamos de trabajar en el Conventín (San Salvador de Valdediós). Mi investigación se ha encontrado así con mis orígenes asturianos.
¿Qué proyectos confía en cumplir a futuro?
Ahora mismo estoy embarcada en un proyecto extraordinariamente ambicioso al que todavía le quedan queda casi tres años de vida. Trabajamos con un repertorio musical muy complejo al que llevo años aplicando nuevas metodologías y tecnologías, desde la restauración virtual y la ciencia de datos hasta la inteligencia artificial. Mi equipo es pionero en aplicar métodos procedentes de la biología evolutiva al estudio de estas músicas. Partimos de que las melodías también forman familias: comparamos los rasgos que comparten y las diferencias para reconstruir cómo se transmitieron y transformaron. Es algo parecido a construir un árbol genealógico, pero, en lugar de comparar genes, comparamos rasgos musicales conservados en melodías medievales de los siglos X y XI.
La música actual se ha acercado a lo electrónico, ¿cómo diría usted que ha evolucionado la música hasta la actualidad?
La historia de la música no es una marcha lineal desde lo simple hacia lo complejo, ni lo antiguo es peor o mejor que lo nuevo. Cada sociedad ha creado músicas distintas para funciones también distintas. Algunas se fijaron por escrito y quedaron vinculadas a instituciones de poder, como la Iglesia o las cortes; otras se transmitieron principalmente de oído y dejaron menos huellas documentales. Esa pluralidad continúa hoy. Lo que es nuevo es la capacidad de las industrias culturales y las plataformas digitales para difundir determinadas músicas de forma inmediata y global, creando la impresión de que aquello que tiene mayor visibilidad representa por sí solo toda la vida musical de nuestro tiempo.
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