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Francisco Blanco: “La descarbonización y las renovables son la mayor oportunidad de industrialización que tiene España en siglos”

Benito Arruñada advierte que España se encuentra desfasada ante el cambio de era económica y social, y la nueva geopolítica mundial

En primer plano, Francisco Blanco se dirige a los participantes del curso de economistas.

En primer plano, Francisco Blanco se dirige a los participantes del curso de economistas. / Miki López

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Saúl Fernández

Saúl Fernández

Avilés

“La descarbonización y las renovables son la mayor oportunidad de industrialización que tiene España en siglos”. Se pronunció así, “sin prudencia ninguna”, Francisco Blanco, que fue consejero de Industria del Principado con el presidente Javier Fernández y, luego, secretario general de Industria en el Gobierno de España. Lo hizo este miércoles en los cursos de La Granda, que celebran este año su cuadragésimo octava edición. Blanco -y los profesores Benito Arruñada y Juan Vázquez y el presidente de la Junta General, el socialista Juan Cofiño- participó en un seminario promovido por el Colegio de Economistas que se tituló: “Nuevas realidades económicas y sociales: de Asturias al mundo”.

Blanco explicó que España tiene realmente una ventaja competitiva que no ha “tenido nunca”. Dijo: “Siempre hemos sido dependientes de la energía, nunca hemos tenido ni petróleo, ni gas, ni apenas nada. Y hemos tenido que importarlo: era un peso en nuestra balanza de pagos, pero ahora resulta que, encima, la energía renovable -la solar, la eólica- está a precio y tenemos una ventaja competitiva tremenda porque podemos ofrecer no sólo energía más barata, sino energía renovable, que es un requisito de márquetin de primer orden”. Y puso un ejemplo: “Una empresa que haga coches eléctricos no quiere hacerlo con baterías con electricidad que venga de quemar carbón”. O sea que, sí, que el momento presente es el de la electrificación: “No sólo tenemos sol, tenemos suelo. Hay bastantes pedregales donde poner 100 hectáreas de paneles solares, no así en Holanda, donde tienes que arrancar huertas, invernaderos…”. Para Blanco, así, todo son ventajas: “Todo esto hace que podamos ser un destino prioritario de aquellas inversiones que vuelven a la Unión Europea”. Y es que, explicó el también profesor de la Universidad de Oviedo, ahora se está viviendo “un momento de relocalización, de desglobalización”.

El catedrático de la Pompeu Fabra, el profesor Benito Arruñada, que fue el segundo ponente del seminario, explicó a este respecto: “Estamos ante un cambio de era, un parón en la globalización, una geopolítica distinta… es un cambio de era que, yo diría, nos pilla desfasados. Ya el cambio que venía ocurriendo nos había pillado con el pie cambiado. Y bueno, el cambio del cambio nos descoloca una vez más. Todavía no nos habíamos adaptado al cambio anterior y viene lo nuevo”.

De esto también habló Juan Vázquez, el antiguo Rector de la Universidad de Oviedo. Habló del cambio de era económica, de los problemas políticos que conlleva y de la transformación social que se ha producido en el mundo de tal manera que, según su criterio, esta nueva era sea “la de la revancha de los perdedores de la globalización”. Y esta revancha -esta revolución- tiene un héroe que magnifica “el cambio en el sistema”. Se llama Donald Trump y es “quien ha cambiado las reglas que el mundo se había impuesto tras el final de la Segunda Guerra Mundial”.

“La causa de nuestros problemas está en cómo abordamos, cómo nos relacionamos con el entorno y cómo abordamos el cambio”, apostilló Arruñada en su intervención. Y apuntó: “No elegimos políticos porque sean competentes. Es más, si el político es competente, no lo elegimos. Elegimos políticos afines y eso hace que elijamos políticos sin amor propio, políticos sin autoestima, políticos que van a hacer lo que sea por complacer a quienes lo han votado. Punto”. El catedrático ahondó en su idea -cambio de era, nuevos directores de la nueva era-. “Entonces, ¿qué acabamos teniendo? Pues justamente lo que nos merecemos. Unas instituciones defectuosas y unas políticas contradictorias con lo que en realidad perseguimos. O sea, por decirlo en términos de economistas, el problema no es de oferta, el problema es de demanda. Sin actuar sobre esa demanda de malas políticas, no vamos a resolver nada”.

Blanco apostilló: “Seguramente, si hubiésemos hecho un paquete en el que hubiésemos incluido, además de estas ventajas y de los fondos europeos, algunas consideraciones fiscales, también hubiéramos captado más cosas y nos hubiese ido mejor”. Y siguió por derroteros semejantes: “No hemos hecho la inversión en redes necesaria para aprovechar realmente esta inmensa oportunidad de reindustrializar. Probablemente, se podrían haber orientado los fondos europeos en sentidos distintos, pero bueno, donde podríamos habernos gastado un poquito más de dinero era en redes porque lo estaríamos agradeciendo porque en España ahora mismo se da la paradoja de que por un lado hay energía solar, pero hay que desconectarla del sistema porque la red no la puede gestionar y no se puede vender a nadie. Por otro lado hay centros de datos que no se pueden instalar porque nadie les viene energía. Entonces, por un lado hay demanda insatisfecha, por otro lado hay oferta que no llega al consumidor”.

Blanco se trajo el problema nacional a Asturias: “En el caso del Principado, la ventaja en renovables no es tan evidente: no somos una región especialmente con ventajas en renovables. Por eso dependemos muchísimo más todavía de la red. Dependemos de estar en el mercado ibérico. Y concluyó: “Yo creo que la palabra adecuada es ‘revolución’. pero tendrá fases”.

Juan Cofiño pondera el emprendimiento privado en una Asturias que creció por el sector público

Juan Cofiño, el presidente de la Junta General del Principado, se encargó de cerrar la jornada: “Ha quedado un tono pesimista en la jornada: yo no lo voy a mejorar”, bromeó. Hizo un análisis del desarrollo económico de la región: el cambio de la agricultura a la mina y la siderurgia, la toma de posición del sector público sobre el privado hasta el punto de que este último ha llegado a ser denostado. “Esta percepción, sin embargo, tiende a amainar, aunque muy lentamente, parece que ha penetrado en el ADN asturiano”, destacó. Cofiño señaló que esta situación se traduce en “la fragilidad del emprendimiento, las dudas con respecto a nuestras propias posibilidades y el déficit reputacional del empresario como sujeto principal de la actividad económica”

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