Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Más turistas extranjeros, mesas llenas, pero menos dinero en la caja: la radiografía de la hostelería de la comarca de Avilés en la primera mitad del verano

"Hay mucha gente, pero el nivel de consumo es menor porque una parte importante del presupuesto del visitante se está yendo al alojamiento", señalan los empresarios del sector, que también señalan la complejidad de encontrar personal

Turistas en Avilés

Turistas en Avilés / Mario Canteli

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Avilés

Más gente en las calles no significa necesariamente más dinero en las cajas. Justo antes de comenzar la programación fuerte de San Agustín, la hostelería de la comarca de Avilés afirma estar viviendo un verano de contrastes, con establecimientos que mantienen o incluso mejoran sus cifras frente al año pasado y otros que detectan una temporada más floja. Pero entre las diferentes lecturas aparecen dos coincidencias claras: el cliente controla cada vez más el gasto en comidas y la presencia de turistas extranjeros, especialmente europeos, ha dado un salto que los profesionales consideran ya una tendencia consolidada y no un fenómeno limitado a grandes eventos.

El movimiento se ve. Terrazas ocupadas, visitantes recorriendo los centros urbanos y localidades costeras y una actividad turística que este año comenzó a dejarse sentir antes de agosto, mes que históricamente venía siendo el de temporada alta para el sector local. Otra cosa es lo que termina consumiendo cada cliente. Rafa Bonilla, propietario del restaurante Sal de Vinos, resume esa contradicción: "Hay bastante gente en Avilés y visualmente se aprecia mucho movimiento, pero esa cantidad de visitantes no siempre se traduce después en un nivel alto de gasto". Una impresión que comparte Chus Paradelo, presidente de Otea en Gozón, donde el mes de julio no colmó las expectativas: "Hay mucha gente, eso se ve, pero el nivel de consumo es menor porque una parte importante del presupuesto del visitante se está yendo al alojamiento".

El encarecimiento general del viaje, reflexionan los hosteleros, está obligando a repartir de otra manera el presupuesto de las vacaciones. Alojamiento y desplazamientos dejan menos margen para sentarse a la mesa, especialmente en las comidas y cenas de mayor importe. Juan Carlos Martínez, de Tierra Astur, asegura que julio en Avilés se comportó de manera muy similar al mismo mes de 2025 y que los primeros días de agosto han sido "bastante potentes", aunque advierte de una tendencia que viene observando durante todo el año: "Hay una mayor estrechez en el tique medio".

No todos los empresarios, sin embargo, observan un turista dispuesto a cerrar el bolsillo. David Franqueira, copropietario del bar El Bombé y vicepresidente y coordinador de Hostelería de la Unión de Comerciantes de Avilés y Comarca, cree que el visitante que está llegando a la comarca mantiene capacidad de gasto y destaca, sobre todo, una mayor desestacionalización del turismo. "En junio y julio tuvimos más movimiento que otros años, cuando antes parecía que todo se concentraba en esperar el gran reventón de agosto. Este verano creo que se ha repartido más", señala. También detecta una curiosa forma de comprobar los precios: algunos clientes piden la cuenta después de la primera consumición y, cuando ven que el importe encaja con sus expectativas, continúan consumiendo. "Al final gastan y no noto que la gente venga especialmente a escatimar. Creo que tenemos un turismo de calidad", sostiene.

El extranjero deja de ser una excepción

Donde prácticamente desaparecen las diferencias de diagnóstico es al hablar del turismo internacional. Los hosteleros coinciden en que cada vez se escuchan más idiomas en las terrazas, restaurantes y cafeterías de la comarca de Avilés. María José Díaz, presidenta de Otea Avilés, considera que actividades como el Celsius 232 o el Festival Intercéltico contribuyen a esa internacionalización, pero la presencia extranjera empieza a superar ya los días concretos de celebración de grandes citas. "Es una tendencia que cada vez resulta más visible en las calles y en los establecimientos", asegura.

Ese cambio también está modificando las rutinas de los negocios. Miguel Villabrille, propietario de Plaza's, asegura estar ligeramente por encima de las cifras del año pasado y destaca especialmente la llegada de visitantes europeos. Sus horarios permiten además escalonar el servicio: "Nos piden comidas antes de la una y cenas antes de las ocho". Lejos de ser un inconveniente, explica, supone una ventaja, porque esos clientes ocupan mesas cuando el público nacional todavía no ha comenzado a comer o cenar. "Así conseguimos que los turnos se escalonen y no se solapen tanto", apunta. En Sal de Vinos, Bonilla ofrece otro dato revelador de la transformación: "Ayer (por el martes) más de la mitad de las comidas que servimos en la terraza fueron para clientes de fuera de España".

El fenómeno también se percibe con claridad en la costa de la comarca. Cristina Pico, encargada del restaurante Agüita de Salinas, reconoce que su establecimiento está por debajo de las ventas del verano pasado y aprecia "algo menos de afluencia", pese a registrar jornadas de muchísimo movimiento cuando acompañan el buen tiempo. Pero incluso en ese escenario identifica el mismo cambio: "Cada vez vemos más visitantes de otros países durante todo el verano y parece una tendencia que se está consolidando". En Gozón, Paradelo señala especialmente la llegada de ingleses, franceses y holandeses, a la que se suma el fuerte crecimiento de las autocaravanas.

Más apartamentos, autocaravanas y nuevos hábitos

La transformación del alojamiento también empieza a trasladarse directamente al consumo hostelero. María José Díaz destaca el auge de los pisos turísticos, cuyos ocupantes tienen una relación diferente con el destino respecto al visitante alojado tradicionalmente en un hotel. "Lo ves por las mañanas, hay mucha más gente desayunando en las cafeterías de la ciudad", explica. En Gozón, en cambio, el crecimiento del turismo de autocaravana tiene un retorno más limitado. Paradelo señala que las restricciones para pernoctar provocan que muchos vehículos estén únicamente de paso: "A veces lo máximo que hacen es encargarte un arroz para llevar antes de continuar el viaje".

La otra preocupación que atraviesa prácticamente todas las conversaciones del sector continúa siendo la falta de trabajadores cualificados. Juan Carlos Martínez considera que el problema afecta a prácticamente toda la hostelería y reivindica la profesión frente a la vieja consideración del sector como último recurso laboral: "Queremos contar con personas que tengan vocación, que muestren interés por aprender y que quieran formarse". Franqueira coincide en que las condiciones de "aquella hostelería antigua" han quedado atrás y sitúa ahora la dificultad en encontrar profesionalidad. "Para un evento puntual puedes tirar de un extra, pero para el día a día necesitas gente a la que realmente le guste ser camarero", afirma. Villabrille sí aprecia una ligera mejoría y destaca la incorporación de población inmigrante con ganas de trabajar y predisposición para aprender.

Con agosto todavía por delante, el sector confía en que el elevado movimiento que muestran calles, playas y terrazas termine convirtiéndose en una segunda mitad de verano favorable. El punto común está en el cambio del visitante: más internacional, con otros horarios y nuevas formas de alojamiento, pero también más pendiente de cada euro que destina a sus vacaciones. Como resume Bonilla, los hábitos de consumo están cambiando y el desafío para la hostelería será conseguir que la creciente afluencia turística termine dejando una huella equivalente en las cajas.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents