Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Antroxu tropical en Luanco: "Lo mejor es que permite jugar con la ropa y los complementos sin pensar en el frío"

El Carnaval de verano vuelve a llenar las calles de disfraces, desde hawaianos y sevillanas hasta personajes de películas, con cuadrillas que mantienen una tradición que ya reúne a varias generaciones

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Pablo Vázquez Alonso

Avilés

El mes de agosto parece volverse loco en Luanco. Disfraces y bañadores conviven cada año en una fecha que vecinos y veraneantes tienen marcada en rojo: el Carnaval de verano. "Es todo una tradición", señalan los participantes en las fiestas más destacadas de la comarca avilesina.

Los avilesinos Daniel García, Ramón Álvarez, María Álvarez, Vanesa García, Arancha García y José María, estaban que bailaban hula en el Muelle Viejo. "Venimos todos los años, es una tradición ya", explicó este grupo vestido de hawaianos. En este grupo, el traje se decide en grupo y hay una norma que se repite cada año: que sea lo más veraniego posible. "Buscamos siempre algo así", afirmaba la cuadrilla, de los más madrugadores en dejarse ver por las calles.

Más heterogéneo era el grupo de Rodrigo Vega, Silvia Antuña, Alberto Alonso, Veli González, Ángela García, Laura Alonso, María Álvarez, Pepe Martínez y Alba Bermudo, naturales de Mieres, Oviedo y Madrid. "Veraneamos aquí y fue fácil elegir los disfraces: ya los teníamos de antes. Solo hubo que sacarlos del armario", confesó Laura Alonso.

Por supuesto que el Antroxu estival luanquín es una fiesta para disfrutar entre amigos. Pero también con la familia y desde todas las edades. Julio Fernández, de 23 años y gijonés, es uno de los que nunca falla: "Vengo desde que soy chico y esto es mi vida", explicaba. Amelia López, luanquina, resumía el espíritu de la jornada como una reunión entre amigos que se repite cada verano. "Es un encuentro que nos encanta. Lo pasamos muy bien", aseguraba. Disfrazarse cuando llega el buen tiempo tiene, además, una ventaja: "Permite jugar con la ropa y con los complementos sin pensar en el frío". Ella había decidido incluso reciclar unas gafas del eclipse para completar su disfraz y acompañar el conjunto con un carrito de la compra y una palmera. "Tropicales del todo, y al tener las gafas sin estrenar, las trajimos", bromeó.

«Desde pequeños ya veníamos al Carnaval de Luanco y ahora, con los hijos, seguimos la tradición», explicaba Pelayo Rodríguez Moreno, otro de los que apuesta por transmitir la fiesta entre generaciones, y que cada año alcanza más fama, incluso fuera de la comarca. «Cada vez viene más gente. Llama mucho la atención: carnaval de repente en verano y todo el mundo quiere participar», resumió Chefi Fernández.

Entre flores hawaianas, sevillanas, personajes de dibujos y disfraces improvisados, Luanco volvió a demostrar que para celebrar el Carnaval no hace falta esperar a febrero. Aquí basta con que sea verano, reunirse con los amigos, recuperar un traje del armario y salir a la calle. La tradición, mientras tanto, sigue creciendo.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents