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Endasa: la modernidad llega Avilés con la metalurgia

El historiador del Arte Rubén Domínguez desvela el nombre de los tres autores del poblado de Laviana y destaca el papel del INI en la introducción de la vanguardia arquitectónica en el concejo

Edificio proyectado por Tomás Menéndez Abascal para el poblado de ENDASA en Gozón.

Edificio proyectado por Tomás Menéndez Abascal para el poblado de ENDASA en Gozón. / Cedida por Rubén Domínguez

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Saúl Fernández

Saúl Fernández

Avilés

En el poblado de la Endasa, en la parroquia gozoniega de Laviana, se construyeron -a partir de 1954- 162 viviendas para trabajadores de la Empresa Nacional de Aluminio (Endasa, precisamente), una sociedad mercantil que había creado el antiguo Instituto Nacional de Industria (INI) en 1943 para atender las demandas metalúrgicas de un país de vuelta de la Guerra Civil. En aquel año, la empresa aluminera había adquirido un grupo de fincas entre la carretera del faro de Avilés y la iglesia de Laviana y allí empezó a construir viviendas con destino a las familias de los medio jefes, pero también pisos para el resto de la tropa. Todo esto lo analiza el historiador del Arte Rubén Domínguez, que también preside el Centro de Estudios Alfoz de Gauzón, en su tesis doctoral “Obras y promociones del Instituto Nacional de (INI): la Empresa Nacional del Aluminio S. A. (Endasa)”, un trabajo que ha dirigido Natalia Tielve y que recibió la calificación de sobresaliente cum laude y la propuesta para premio extraordinario de doctorado con mención internacional.

Explica Domínguez que accedió “al archivo de empresa, que estaba sin trabajar en su mayor parte” y que esta circunstancia le abrió “un mundo de posibilidades para la investigación” de tal modo que, al final de su trabajo -le llevó cinco años- pudo “corroborar o desmentir algunas cuestiones que se habían escrito con anterioridad y dar lugar a una tesis”. Salieron a la luz los autores del poblado y salió, asimismo el papel como agente modernizador del concejo.

La modernidad

La fábrica de aluminio de San Balandrán estuvo produciendo hasta febrero de 2019 -entonces se pusieron las cubas electrolíticas en “stand by”, a la espera de poder recuperar una actividad que nunca más se produjo-. Habían empezado en 1954. Unos años antes, sin embargo, la sociedad ya estuvo operando: primero en Valladolid y, después, en San Juan de Nieva: “En terrenos que ahora están dentro del dominio del Puerto”, aclara Domínguez.

El nuevo doctor en Historia del Arte explica que su tesis tiene dos partes: “una aproximativa inicial” que busca “demostrar” que el Instituto Nacional de Industria “en su máxima expansión territorial: en la península, en África” funcionó como “un impulsor arquitectónico para la recuperación de la modernidad”.

Y es que, subraya, una de las consecuencias de la Guerra Civil se vivió también en la arquitectura: el Movimiento Moderno, que se asoció a la Bauhaus y que había llegado a España durante la II República, quedó interrumpido tras el triunfo de los sediciosos. Dice Domínguez que la reacción inicial fue empezar a “teorizar” sobre “un estilo propio, español, que en realidad va a ser de inspiración vernácula y clasicista”. Sin embargo, aclara, “a partir los años cincuenta es el propio Estado el que actúa como “promotor arquitectónico de edificios vinculados a la modernidad”.

Explica Domínguez en su tesis la razón por la que las empresas públicas echaron mano del paternalismo empresarial, es decir, del alojamiento de sus plantillas “José Sierra, que es un catedrático de Geografía de Cantabria, dice que el paternalismo tiene como triple objetivo atraer, fijar y disciplinar. Atraerla a la fábrica, fijarla y darle todo tipo de servicios para que pueda vivir ahí y disciplinar, porque evidentemente el paternalismo tiene una parte positiva, pero también tiene una parte de control sobre los obreros”.

Domínguez explica que las grandes empresas de producción optaron por la construcción de poblados porque “generalmente este tipo de industrias se ubicaban en las zonas periféricas de las ciudades”. Y especifica: “En el caso de Ensidesa esto es muy evidente porque hay una gran migración que llega a Avilés, a la que hay que dotar de servicios, de habitación y demás. En otras empresas pasa lo mismo, aunque a menor escala, porque, claro, el poblado de Llaranes tiene unas dimensiones que son difícilmente comparables”.

El poblado de la Endasa

“Endasa tiene varios poblados y todos están analizados en la tesis”, explica Domínguez. “Endasa se constituye en el año 1943, y el INI en el 41. "Podemos decir que es una de las primeras empresas en nacer. La primera fábrica no se instala en Avilés, se instala en Valladolid: en una ubicación lejana de fronteras y demás: estamos en plena Segunda Guerra Mundial”, cuenta el historiador del Arte. Es decir, la producción de aluminio -estratégica- se apartó de puntos susceptibles de ser bombardeados. Esta ubicación para Endasa “propició el nacimiento de Endesa, porque la central térmica de Ponferrada fue concebida para suministrar electricidad a la fábrica de Valladolid”.

Así que ya hay fábrica. Y el poblado viene inmediatamente después. Se encargaron de ello Francisco Goicoechea y Juan Manuel Cárdenas: los mismos que hicieron Llaranes. “Pudimos demostrar que a nivel arquitectónico, hay enormes similitudes entre el poblado de Llaranes y el del barrio de España, que es donde se construye el de la Endasa de Valladolid”, cuenta Domínguez.

Tras la Segunda Guerra Mundial, tras el contexto bélico, es necesario acercarse a los puertos y Endasa, siguiendo a Ensidesa, mira a Avilés. Pero “donde primero desembarcan es en el otro lado de la ría: en San Juan de Nieva”. “Ahí intentan hacer una fábrica que al final no llega a tener las dimensiones, vamos a decir, máximas que contemplaba el proyecto. Por eso no se construye su poblado correspondiente”.

El poblado de Laviana

“Lo primero que logramos fue establecer la autoría del poblado de Laviana”, apunta Domínguez. Y esto es un avance principal porque esta autoría está mal atribuida “en prácticamente la totalidad de los trabajos que hay publicados sobre hasta el momento”.

“Siempre se ha atribuido la primera línea de bloques -la del ladrillo visto- a Juan Manuel Cárdenas, pero no lo es. El arquitecto fue Tomás Menéndez Abascal, un arquitecto municipal de Avilés”, dice Domínguez. Esta parte del poblado se distingue de las otras “porque es una fase posterior”. Los edificios que hay por encima sí que son de Cárdenas “pero no de Cárdenas en solitario”, aclara. Habla de su coautoría corresponde a Lázaro Cabrera Carral, un arquitecto vallisoletano que va a trabajar con Cárdenas en el poblado hasta tal punto que “lo firman en conjunto”.

Cabrera Carral es el autor los mosaicos que hay en la nave de los hornos de fosa de Ensidesa. Y, además, trabajó en el barrio de la UVA de Hortaleza, en Madrid.

Domínguez analiza los trabajos arquitectónicos que se realizaron en paralelo entre Ensidesa y Endasa. Y aparte de salir los nombres de Goicoechea y Cárdenas -los autores de los poblados de Llaranes y de barrio España-. También sale Carlos Fernández Casado, “que va a participar en Ensidesa, pero que también va a participar en Endasa de San Balandrán, con un edificio sublime: el silo de coque. Este tipo de silos -construidos por Fernández Casado- estaba presente As Pontes, lo está en Fertiberia de Trasona. “Un planteamiento extraordinario desde el punto de vista arquitectónico”.

Interior de la serie 1 de electrólisis en la factoría de San Balandrán.

Interior de la serie 1 de electrólisis en la factoría de San Balandrán. / Cedida a LNE por Archivo CEAG

Otro elemento de conexión entre Ensidesa y Endasa va a ser la presencia del arquitecto Ignacio Fiter Clavé que va a ser uno de los introductores del Movimiento Moderno en la empresa con el edificio de dirección de la planta de San Balandrán y el de Servicios Sociales, pero destaca por diseñado “el complejo de Ingenieros en la calle González Abarca: los bloques de viviendas y la residencia de ingenieros solteros”.

El futuro de la Endasa

“Endasa era un poblado que iba a tener una dimensión muchísimo mayor. Las escuelas se derribaron, pero llegaron a construirse. Otros dos bloques grandes de viviendas, que también eran de Cabrera y de Cárdenas, acabaron destruyéndose también. Pero, por ejemplo, la iglesia nunca se llegó a construir, porque luego, al final, Endasa acabó participando económicamente en la reconstrucción de la nueva iglesia de Laviana, y entonces la idea de la iglesia queda descartada”, cuenta Domínguez.

El poblado ya ha sufrido derribos importantes: no debería haber ni un solo derribo más y lo que debería apostarse es por una rehabilitación de esos edificios y respetando sus valores arquitectónicos originales”, añade el historiador de Arte. “A nivel arquitectónico también la fábrica tiene un altísimo valor. La serie 1 de Electrolisis, que sigue el esquema planteado por Carlos Fernández Casado, muy similar a las naves de laminación de Ensidesa, tienen un valor magnífico. El taller y el almacén general también”, concluyó.

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