La restauración que desvelará el pasado del Faro de Avilés, una 'linterna' cuya luz llega a verse a 20 millas náuticas
Una nueva cúpula de color rojo es la única nota innovadora para la recuperación de la torre y la vivienda del farero originales

La friolera de 163 años. Esos son los que cumplirá el Faro de Avilés el próximo día 31 de agosto, cuando su linterna iluminó el mar por primera vez desde la punta del Castillo, en la península de Nieva, en el concejo de Gozón. Celebrará su cumpleaños con una nueva cúpula de color rojo y sometido a unas intensas obras de restauración que permitirán recuperar su aspecto original.
El Faro de Avilés, también conocido como Faro de San Juan, se encuentra en la bocana oriental de la ría de Avilés. Su diseño y construcción data de 1861, cuando salió a licitación con un presupuesto de 97.252,60 reales, el equivalente al salario entero de unos 50 años de un trabajador medio de la época.
En sus inicios iluminaba mediante una lámpara alimentada por aceite de oliva. En 1882 se adaptó para funcionar con parafina, y ya en 1926 se instaló el sistema eléctrico. Fue en 1957 cuando se automatizó y su mantenimiento pasó, con el tiempo, a depender directamente del personal de la Autoridad Portuaria de Avilés. Hasta entonces, el farero era el encargado de subir por una estrecha escalerilla de caracol a unos 15 metros de altura para iluminar a unas 10 millas de distancia, unos 18,5 kilómetros. Hoy, su luz llega a verse a una distancia de 20 millas náuticas, unos 37 kilómetros, y además emite la letra "A" en código morse cada 30 segundos con un alcance de 6 millas (unos 11 kilómetros).
El edificio original era casi cuadrado (11,2x10,60 metros), con esquinales, cornisa y frontal rodeando la puerta principal de sillería. Y la torre está compuesta por un primer cuerpo prismático recto de sección octogonal irregular que llega hasta la altura de la cornisa del edificio con una abertura rectangular para iluminarlo. Desde allí parte un fuste tronco piramidal con dos ventanas por la cara del mar y una que da a la fachada principal, rematado por una cornisa formada por pequeñas ménsulas y un balconcillo. En 1917 se le adosó una habitación más por la parte que da a la ría, y posteriormente se construyó un edificio de dos plantas a su lado, que albergaba la vivienda de suplencias, taller y almacén.
Todo el conjunto está siendo sometido a unas intensas obras de reconstrucción para recuperar el modelo original, incluida la nueva cúpula.
La restauración
Marta Corrada y Beatriz Villanueva son las restauradoras encargadas de recuperar la piedra original. "Estamos recuperando la piedra que decora todo el edificio, y que está muy deteriorada por el agua, el viento, y el salitre. La piedra es muy blanda, es una dolomía de Bustillo, y está muy afectada. Hace años lo quisieron arreglar y forraron la piedra con mortero para intentar protegerla. Pero es de cemento, mucho más duros que la piedra, y al hacer de pantalla no dejó que la piedra respirase, no dejaba salir las sales, y están en peores condiciones que las que no se recubrieron", explica Corrada.
Además del mortero, se está eliminando también el rejunteo, para posteriormente aplicar un mortero de cal, rejuntear y dar el volumen necesario para marcar el inicio del azulejo blanco con el que se recubrirán las paredes exteriores. "Se va a respetar todo lo original", remarcó la restauradora.
Mientras tanto, en la torre, donde está la nueva cúpula, Beatriz Villanueva utiliza una manguera de chorreo a presión con árido para limpiar la piedra sobre la que se apoya la nueva luminaria. "Hay que rejuntear muy bien para que no entre agua. Vamos a echar otro mortero adecuado para que haga de suelo y no filtre el agua dentro de la estructura". Y para acabar, todo se rociará con un hidrofugante para proteger la piedra contra el agua y la humedad.
La nueva cúpula y el arcoíris
La nueva cúpula aeromarítima, con un coste de 248.361,79 euros, ha sido fabricada íntegramente en acero inoxidable pero respetando su diseño original, explicó Adrián Teruel, técnico de la división de conservación de la Autoridad Portuaria. La anterior era de fundición y "estaba muy afectada por el ambiente marino", lo que hacía inviable su restauración.
Estas cúpulas no solos servían de guía a los navegantes, sino que también eran fácilmente identificables desde el aire. Pero todas eran de color gris. Y es aquí donde se apostó por la "nota" innovadora. Ahora la de Avilés es roja. "Es una iniciativa de la Autoridad Portuaria con sus siete faros. Se abandona el color neutro y a cada uno de ellos se le asignó un color del arcoíris, así se les da más visibilidad, mejora la ayuda para la señal marítima y para los navegantes porque es más llamativa, y también se le da una imagen más atractiva como valor turístico", explicó Teruel.
Así que, en este reparto de colores, la cúpula del Faro de Vidío es amarilla, la de Cudillero es naranja, la del Faro de Tapia es violeta, y la de Luarca, azul. Quedan pendientes las de San Agustín y Cabo Busto. Si todo transcurre según lo previsto y no surge ningún inconveniente, la rehabilitación de las cúpulas de San Agustín, en Ortiguera (Coaña), que recuperará su característico color azul marino, y del Faro de Cabo Busto, que será verde, y que se prevé abordar en 2027 y 2028.
Teruel explicó que la restauración integral del Faro de Avilés, que comenzó el pasado mes de mayo, se prolongará durante un año, con un presupuesto de 1.549.653 euros (cofinanciada con Fondos FEDER, a través del IDAE, con 125.000 euros).
Los edificios
El edificio del faro será sometido a una restauración completa de la envolvente y se devolverán los colores originales a los alicatados y la piedra. También se sustituirá la cubierta de teja de hormigón por teja cerámica. Además, se rehabilitarán los espacios de acceso a la cúpula, que estará rodeada por una nueva barandilla de seguridad.
Ya se ha demolido el añadido que unía el faro y el edificio anexo de dos plantas, que se había construido en 1975. El derribo ha permitido recuperar la configuración arquitectónica original, y ahora se ve el mar.
Los edificios ya están completamente diáfanos en su interior, y el de dos plantas, que fuera la vivienda del farero, mantendrá la posición y traza del semáforo que dio origen a su implantación para completar la información visual de la señal marítima. Pero su interior se acondicionará para convertirlo en un espacio polivalente en el que se podrán desarrollar distintas actividades, a la vez que hará las veces de una especie de museo marítimo de la propia Autoridad Portuaria.
"En las reformas que se han hecho en los otros faros hemos ido guardando todos los antiguos equipos porque tienen un valor para nosotros histórico. Y la idea es que se puedan exponer aquí", señaló Adrián Teruel.
Un museo al aire libre
Y no solo en el interior del edificio, sino también en el exterior. El faro se ubica en recinto cerrado de 4.570 metros cuadrados, en el que se mantendrán los jardines, recorridos y espacios actuales, pero en puntos visuales estratégicos y plataformas se expondrán piezas portuarias de interés. Por ejemplo, la antigua cúpula que se ha retirado, también la del Faro Vidío y hasta un ancla. "Serán piezas que se tratarán para evitar su corrosión y se podrá disfrutar de ellas porque estarán a la vista de todos", explicó Adrián Teruel.
Pero si la parte de obra civil, la tecnológica es fundamental. Y merece un espacio aparte de la mano de Adrián Llana, responsable de seguridad y servicios generales de la Autoridad Portuaria de Avilés. Para ejecutar las obras se instaló una caseta en la que se ha alojado toda la sala técnica y el sistema de generación auxiliar. Se trata de evitar que se puedan producir interferencias entre la obra civil y la señalización marítima, con el objetivo de que el faro esté permanentemente en servicio.
El eclipse
De paso, se va a aprovechar también para reforzar el sistema técnico. "Ya teníamos planes de fortalecerlo ante eventos como el famoso apagón, y esta es la oportunidad para hacerlo", señaló Llana. "El faro se basa principalmente en sistemas de detección de la luminosidad exterior, mediante fotocélula, por lo que un descenso de la luminosidad exterior, lo que hace es provocar encendidos y luego la dinámica es la inversa, de apagado".
Y la prueba del fuego fue el eclipse total del pasado día 12. "Todo funcionó sin problemas. Nosotros teníamos previsiones sobre las 20.20 horas, y a las 20.22 se encendieron los faros y cuando llegó al momento de oscuridad total, en el minuto 32, pues siguieron respondiendo hasta las 21.00 horas, según la zona estuviese como más luz o menos, afectaba la fotocélula". O sea, se encendieron, se apagaron y luego volvieron al horario más o menos estándar. "Por el mantenimiento predictivo que hacemos y conociendo las instalaciones, sabemos que se iban a encender y apagar, lo que no sabíamos era el solape, porque en función de la zona de la cordillera, pues podía estar más nublado o menos y bueno, eso podía afectar", explicó Llana.
Los técnicos cuenta además con una aplicación de monitorización remota que es un sistema de alertas, de alarmas vía SMS, vía email, incluso al centro de control de la policía portuaria, que está 24 horas. "Antes estaban los fareros, pero ahora son sistemas que alertan y se activan los equipos de mantenimiento", señaló el responsable de seguridad y servicios generales de la Autoridad Portuaria de Avilés.
Los faros cuentan con instalaciones de alta disponibilidad de tal manera que siempre hay recurrencia si se produce un fallo o una alteración, de tal manera que los distintos sistemas se van activando en cadena para evitar que la instalación quede fuera de servicio.
Y eso pese a que situaciones puntuales pueden afectarles de lleno. Ocurrió por ejemplo con los grandes incendios en el occidente de la región e incluso en Galicia. "Las cenizas afectan a los faros, y hace años, por ejemplo, detectaron que la iluminación exterior no era suficiente y se encendieron", relata Adrián Llana.
La tecnología y las curiosidades se dan la mano para iluminar desde el faro de Avilés, cuya luz llega a verse a una distancia de 20 millas náuticas, unos 37 kilómetros, y que emite la letra "A" en código morse cada 30 segundos con un alcance de 6 millas. La "linterna" del mar desde la tierra.
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