Viaje culinario por los puestos del mercado de Avilés: gyros, kebab, pulpo o cervezas artesanas
Diferentes gastronomías del mundo se extienden por el casco histórico de la ciudad para ofrecer todo tipo de comidas a sus visitantes: "Mucha gente nos conoce y viene a buscarnos".

Xabel Rodríguez, Ricardo Rodríguez, Noelia Fdez, Isabel Martín y Enol Rodríguez. / M. Villamuza
Claudia Serantes
De Galicia a Grecia en un solo paso gracias a la zona de restaurantes del mercado medieval de Avilés. Pulpo, balaklava, kebab o patata asada son algunas de las opciones que ofrecen los diferentes puestos que se extienden alrededor de las calles del casco histórico de la ciudad. Al final de un recorrido de joyas, hierbas aromáticas, jabones, quesos o encurtidos, se encuentra la zona de restaurantes dividida en dos, una en la plaza Camposagrado y otra en la plaza Carlos Lobo, que con sus diferentes productos ofrecen un viaje culinario donde casi es necesario el uso del pasaporte.
Subiendo la pequeña cuesta de la Molinera y esquivando a los visitantes que se quedan hipnotizados mientras leen los diferentes carteles del puesto de hierbas y sus usos: para el estreñimiento, para las jaquecas, para la dificultad respiratoria..., un olor oriental roba rápidamente la atención de las personas.
Al encarar la plaza, no es el monumento a Juan Carreño de Miranda lo primero en lo que se fija la gente, sino que es el döner que poco a poco va girando y tostando mientras su empleado, Toufik Lahzen, corta las verduras para así preparar rápidamente los platos. "Ofrecemos un kebab artesanal, cuscús, falafel, balaklava y pinchos con especias árabes", agrega Lahzen, quien vigila la carne para que no se queme. Asimismo, añade que su jefe lleva unos treinta años acudiendo, por lo que ya arrastran un gran público: "Mucha gente nos conoce y viene a buscarnos".
Como si de un verano a lo "Mamma Mia" se tratase, la "Taberna griega" trae consigo los sabores que las diferentes islas griegas recogen gracias a sus platos de gyros, hummus y salsa tzatziki. Este no es el primer año que Grecia pone un pie en el mercado de Avilés, ya que, como relata su empleado Jorge Bravo, llevan sobre unos diez años acudiendo y nota el gran cambio con el tiempo: "Antes se vendía muchísimo más y era otra cosa; mi jefe me ha contado que hace unos años esto estaría lleno", destacando que la apertura de este año ha sido de las más flojas.

Uno de los puestos del mercado medieval. / M. Villamuza
"Pulpo, carne a la parrilla, embutidos, rejos, calamares..." son algunos de los productos que Nathasa Díaz y sus compañeros ofrecen en su puesto simulando las comidas que se ofrecen en los furanchos gallegos. A pesar de que este es el primer año que Díaz trabaja entre sus brasas, el puesto lleva más de quince años acudiendo a la celebración. Por otra parte, la empleada destaca la gran cantidad de comandas que recibieron este mediodía: "Hemos llenado, en un momento". A pesar de esto, subraya la influencia del clima en todas estas celebraciones, ya que "si hace mucho calor, la gente no sale y, si está lloviendo, tampoco".
Dejando a un lado esta plaza y atravesando la calle de San Bernardo, se llega a la plaza de Carlos Lobo, donde, al lado de la iglesia de San Antonio de Padua, se colocan otros puestos.
Nada más subir las escaleras, el calor de las brasas llama la atención. Allí se encuentra el puesto de "La Ponderosa", donde su dueña, Hermelinda Duarte, vende uno de los productos que Colón trajo de América: la patata. En este caso, Duarte la vende asada, donde todos sus comensales podrán echarle diferentes toppings como jamón york, queso, maíz o salsas como boloñesa o de quesos. "Llevo siete u ocho años aquí, toda la vida", agrega Duarte, quien trae cada año sus patatas a las calles avilesinas. Asimismo, destaca la acogida que recibe en este tipo de ferias y citas: "No me quejo porque son clientes míos que me buscan todos los años, me conocen y yo a ellos".
Sobre unas grandes brasas hay algo que ya de lejos consigue robar la vista de todos los transeúntes: un gran cerdo al estilo medieval que lentamente va tostando su piel, siendo la "estrella" del puesto de Edgardo Santos. "Pinchamos un cerdo entero por día, tenemos cinco como este, ya que hasta el domingo estamos aquí sirviendo", añade Santos mientras intenta igualar las brasas para que no se descontrolen. Este también destaca la importancia del clima en este tipo de citas, ya que en la apertura notaron la disminución de asistencia, pero sus clientes más fieles no dudaron en ir a por un poco de ese cerdo asado: "La gente nos conoce, tenemos muchos que cada año vienen a buscarnos, ya que saben el lugar en el que estamos".

Ambiente en el espacio gastronómico del mercado. / M. Villamuza
Asimismo, no todo son comidas, ya que también hay un hueco para todos aquellos que quieran simplemente tomar algo gracias al puesto de cerveza de María Sánchez. Esta viene desde Murcia ofreciendo varias cervezas artesanales e hidromiel, que es una mezcla de agua y miel fermentada. "Como ha llovido mucho, muy poco todavía", agrega sobre la primera tarde tirando cañas, mientras que con los primeros rayos de sol comienzan a llenarse las mesas que hay frente a su puesto.
Alemania con la cerveza, Grecia con su hummus, Oriente con su kebab o Galicia con su pulpo son algunos de los diferentes países que el mercado medieval de las fiestas de San Agustín reúne en sus calles para que así los avilesinos no tengan que subirse a un vuelo para probar algunos de los productos que triunfan tanto dentro como fuera de la península.
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