Avilés tumba al chaparrón con una espectacular lluvia de fuegos: así fue una de las noches más esperadas en la ciudad
La ciudad vibra durante más de veinte minutos con un show que mezcló colores y formas ante una ría abarrotada de público

VÍDEO: Covadonga Jiménez FOTO: Mara Villamuza
Alguno, a eso de las 16.00 horas de este jueves, se llevaba las manos a la cabeza pensando en lo que podría acontecer pasada la medianoche. La fuerte tormenta que inundó varias zonas de la ciudad a lo largo de la tarde no fue el mejor augurio de la noche, pero, cuando el artista es un cabeza de cartel, eso pasa a un segundo plano. Por ello, los fuegos de San Agustín debían estar a la altura y, a pesar de la dudosa previsión meteorológica, no fallaron. El espectáculo, que superó los veinte minutos, dejó varios guiños a algunos de los símbolos de la ciudad y a uno de los eventos clave del verano, la Bienal Climática. La mezcla de cuatro minishows —“Floración de luz”, “Noche blanca”, “Gran palmeral” y “La gran catarsis”— terminó con una sonora ovación. Así, de un plumazo, muchos se olvidaron de los paraguas, de los truenos y de los tornados.
La puntualidad fue suiza. Nada más marcar el reloj las 00.00 horas, empezó el espectáculo. Ritmo pausado, con elementos que, poco a poco, iban siendo cada vez más ornamentados. Se pudieron ver estrellas, corazones, girasoles, palmeras... Y una amplia gama de colores, desde los azules más intensos hasta naranjas, verdes, rojos y amarillos. También hubo homenaje a la bandera de la ciudad, con diferentes formas que lucían unos intensos tonos blanquiazules.
Guiños a Avilés y a la Bienal Climática
El paso de los minutos hizo que el espectáculo fuese cada vez más luminoso. Mención aparte merecen los artificios que salieron de las aguas de la ría de Avilés, que se llevaron los aplausos del público y provocaron la sorpresa de los miles de asistentes. Mientras, además, se hizo un juego de alturas entre los fuegos que tocaban el agua y aquellos para los que era necesario levantar la vista.
Y, por supuesto, no faltó la traca final. “La gran catarsis” dio fe de su nombre y, en los últimos minutos, llenó el cielo de la ría de infinidad de colores y formas. Todo ello, además, acompañado de un ruido que iba in crescendo, avisando de que el espectáculo iba a llegar a su fin. El último chupinazo provocó uno de los mayores aplausos que se recuerdan en la noche de los fuegos de San Agustín.
La ría, balcón de la noche grande
La riada de personas que se agolparon a los pies del Centro Niemeyer para ver la noche más mágica de la ciudad había conseguido olvidar, durante al menos veinte minutos, todo lo ocurrido durante la pasada tarde para pasar a comentar todo lo que acababa de ocurrir. No fue para menos.
El paseo de la ría se convirtió en escenario privilegiado para que avilesinos y foráneos disfrutasen de la gran noche de San Agustín. Pablo Hernández juega en el Belenos y lleva en Avilés cuatro días con su pareja, Laura Andrades. Ambos son de Jerez: “Llegamos y no sabíamos que había fiestas. Venimos a ver los fuegos; los de las ferias de Jerez nos gustan y estos también. Luego iremos a la verbena”.
Andrea Lebeña es de Santander y su novio es avilesino. Sin embargo, está con tres amigas asturianas, tres alleranas —Nadaya Gutiérrez, Natalia Díaz e Irene Fernández—, para disfrutar del espectáculo pirotécnico. “Venimos a la fiesta y luego, a la verbena con Panorama y París de Noia”.
Avilesinos y visitantes, al pie del Niemeyer
Julio Granda tiene cinco años y le encantan los fuegos artificiales. Cuenta los días para empezar primero de Primaria en el San Fernando. “Me gusta que exploten en el cielo y la traca lo que más”, comenta, acompañado de su madre, Marta Amado, y sus abuelos, Lola Jorquera y Víctor Amado. “Venimos por tradición, los fuegos de San Agustín son el fin del verano”, afirma la madre de Julio.
Nedi Cachero y Ana González, por su parte, acuden a ver los fuegos “por tradición”, aunque destacan que lo hacen “por acompañar” a sus amistades. González es crítica con los fuegos: “Podrían invertir lo que cuestan en otra cosa, además generan contaminación acústica...”.
Por su parte, Eric Millar es de Noreña y Laura González, avilesina, es su pareja. “Vengo todos los años, es una tradición, es un evento de Avilés”, afirma González. “Y yo, forzado por ley”, ríe y bromea Millar.
Para la gijonesa Xana Pavón, los fuegos significan “reunirse” con sus amigos. “Es un espectáculo visual y es una unión conmigo misma y con mis amigos”, añade en compañía de Luke Rodríguez, que es de Avilés; Ash Pajuelo, que es de Soto del Barco; y Gonzalo Koszt, de La Arena.
Suscríbete para seguir leyendo
- Muere Paco Sánchez, el abogado que ayudó a inventar el Antroxu de Avilés
- La suerte aterriza en Asturias: un premio de casi 2,5 millones de euros que recae casi íntegramente en trabajadores del aeropuerto
- El gigante de la construcción abre una nueva tienda en el centro de Avilés: 175.000 euros de inversión y trece empleos
- José Gómez 'Joselito', de cerca
- Del golpe por el cierre de Zara al desembarco de nuevas cadenas: el comercio se reactiva en el centro de Avilés, pero los bajos comerciales siguen en punto muerto
- Ver para creer en la carretera Avilés-Luanco: la Guardia Civil sorprende a un menor al volante cuando estaba a punto de salirse de la carretera
- Parte del nuevo parking privado del Aeropuerto de Asturias tendrá que demolerse: 'Hay actuaciones que no son legalizables
- Comerciantes y vecinos de Las Meanas reciben con los brazos abiertos a las multinacionales: 'Es más fácil vender si cincuenta personas ven tu escaparate que si lo hacen diez
