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Lamo de Espinosa y Llera reivindican la monarquía como garantía de estabilidad democrática

Los dos profesores sostienen en la clausura de los Cursos de La Granda que “el problema de la monarquía” en España “no existe” y destacan la neutralidad y capacidad integradora de la Corona

Los profesores Lamo de Espinosa y Llera forman círculo con el presidente Barbón, con la alcaldesa Mariví Monteserí y con Benigno Pendás, el presidente de los Cursos de La Granda

Los profesores Lamo de Espinosa y Llera forman círculo con el presidente Barbón, con la alcaldesa Mariví Monteserí y con Benigno Pendás, el presidente de los Cursos de La Granda / Miki López

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Saúl Fernández

Saúl Fernández

La Granda (Gozón)

Mano a mano, los profesores Emilio Lamo de Espinosa y Francisco Llera concluyeron este miércoles que “el problema de la monarquía” en España “no existe”. El primero tiró un dato sobre la mesa: “La monarquía preocupa a un 0,1 de los ciudadanos”. Y añadió que la institución de la Corona “está enormemente estereotipada y prejuiciada” y luego apuntó: “Uno de estos prejuicios es que es muy cara. Hemos podido acreditar empíricamente que hay monarquías caras, monarquías baratas; repúblicas caras y repúblicas baratas y hay muchas monarquías que son bastante más baratas que muchas repúblicas”. Llera, por su lado, fue directo al grano: “A la democracia, a nuestras democracias parlamentarias avanzadas, les sienta muy bien la forma de Estado monárquica”. Tan es así que Lamo de Espinosa aseguró que “las mejores democracias del mundo hoy son monarquías parlamentarias”.

Uno y otro profesores —los dos, al alimón— se encargaron de cerrar, en el antiguo chalé de Ensidesa —ahora, la sede de la empresaThe Next Pangea— el calendario lectivo de los Cursos de la Granda. No va a ser hasta este mediodía (12.00 horas) cuando los organizadores de estos seminarios que nacieron en 1978 bajen la persiana: por primera vez lo harán en la Casa Museo de Jovellanos, en Gijón. El catedrático Leopoldo Tolivar va a presentar la biografía que Benigno Pendás, el presidente de los cursos y también de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, dedicó al prócer gijonés: “Jovellanos. Ilustración para españoles” (Taurus, 2026).

La monarquía española

Francisco Llera explicó que el lema del rey Felipe VI —"Una monarquía renovada para un tiempo nuevo"— “ha sido eficaz para la recuperación de la confianza hasta los niveles que la Corona obtenía en la década de los 90”. Y apostilló que “si la partidocracia y el partidismo no pasan por sus mejores momentos en nuestro país”, la Corona como institución que simboliza la unidad superpartidista puede y sabe superar su propia crisis de confianza y la del propio sistema en su conjunto gracias a su papel de símbolo de unidad, garantía de estabilidad, salvaguarda democrática y representación por antonomasia de la nación”.

Y explicó también que un rey nacido en el exilio —Juan Carlos I nació en Roma— “logró legitimar y normalizar la reinstauración de la monarquía tras la dictadura”. A su hijo, a Felipe VI, “le está tocando remontar con éxito la crisis de la Corona tras la dedicación de su padre y, sobre todo, tras la crisis del sistema política”. Y añadió que, a su juicio —al de Llera—, “la princesa Leonor tendrá que asumir la responsabilidad de la continuidad y normalización dinástica en un tiempo muy distinto”, un desempeño que “de alguna manera” ya ha comenzado con su mayoría de edad y su formación “y, sobre todo, con las expectativas mayoritarias que genera entre la población española”. Llera es de la opinión de que “será una buena jefa del Estado para España”.

La monarquía constitucional

Francisco Llera tomó la palabra para explicar las virtudes de la monarquía parlamentaria: “En ellas el parlamento es el centro de la vida política e interviene decisoriamente, forma un Estado de derecho con plena separación de poderes, máximas limitaciones constitucionales sobre la monarquía hasta el punto de que el Rey reina, pero no gobierna, el Parlamento es el que ejerce el poder gobernante y el Poder Judicial alcanza su máxima independencia del Rey”. Y anotó que todo esto sucede en el Reino Unido, los Países Bajos, Suecia, Noruega, Dinamarca, Bélgica, Japón y España. “Podríamos añadir Luxemburgo y las tres grandes repúblicas coronadas de la Commonwealth: Canadá, Australia y Nueva Zelanda”.

Para el profesor Llera, “el conjunto de las ocho monarquías democráticas parlamentarias” señala “un claro liderazgo global con un rendimiento democrático sobresaliente entre las democracias de mayor calidad y más consolidadas y estables”. De tal modo, añadió, que “son siete de nuestras ocho monarquías democráticas parlamentarias las que se incluyen en el grupo de 26 democracias plenas”. Y apostilló: “Todas nuestras monarquías democráticas parlamentarias están en el grupo de cabeza de las 34 democracias mejor valoradas”.

“Podemos concluir que las ocho coronas destacan en legitimidad y confianza institucional, ya que presentan niveles medios significativamente más altos de aprobación o confianza, sobre todo en la jefatura del Estado, que las 18 repúblicas, y en menor medida de confianza en el Gobierno, en los partidos y, sobre todo, en el parlamento”. Y concluyó que “la existencia de una jefatura del Estado situada por encima de la competición partidista parece contribuir a dotar al sistema de un plus de moderación, continuidad, arbitraje y legitimidad”.

Gobiernos de coalición

Llera explicó que “todos los gobiernos” de las ocho monarquías constitucionales “son de coalición: mayoritaria en Dinamarca, Bélgica y Japón, o minoritarias en Noruega, Suecia, Países Bajos y España, salvo el gobierno monocolor británico, por tradición”.

Respecto de la capacidad de aprobar presupuesto, el profesor Llera apuntó que “es alta en los tres países escandinavos y en el Reino Unido, media alta en los Países Bajos, media en Japón, aunque empieza a tener dificultades desde 2025, y baja en Bélgica y en España, en la que no se ha aprobado presupuesto en toda la legislatura”.

Lamo de Espinosa apostilló a este respecto: “La mayoría de los regímenes autoritarios son repúblicas y la mayoría de los regímenes liberales son monarquías parlamentarias. Es más probable que un régimen sea libre si es monarquía que si es república”.

Lo que aporta la monarquía

Los dos profesores señalaron cuáles son las aportaciones de la monarquía al desarrollo de los estados. Lamo de Espinosa señaló cinco ventajas: “La primera aportación, claramente positiva, es el apartidismo y la neutralidad del jefe del Estado. La corona no pertenece a ningún partido”. Y señaló a este respecto que las críticas a la monarquía por su naturaleza hereditaria no tienen sentido “porque justamente porque es una magistratura hereditaria puede ser apartidista”. Y añadió que esta condición de neutral —recogida en las grandes leyes del Estado— “blinda el sistema político de representaciones cesaristas o populistas de un dictador”. Así que, concluye, “lo que parece ser el principal inconveniente —no ser elegido— resulta ser a la postre su mayor virtud”.

Esta circunstancia —su apartidismo— crea “una unidad en un país, frecuentemente en países divididos”. Y añadió: “No es casualidad, sin duda, que las monarquías parlamentarias están vinculadas con uniones de reinos con poblaciones compuestas”.

El largo plazo

Lamo de Espinosa explicó que los reyes viven siempre “en el largo plazo”. Y bromeó: “En el mundo sólo hay dos países que viven el largo plazo: China y el Vaticano; los demás vivimos en el largo plazo. El rey ha muerto, viva el rey. La corona nunca, nunca está a cárcel”. Esto lo dijo para defender que precisamente por esta circunstancia, es decir, precisamente por la amplitud de miras, “se facilita el cambio social”.

“La consecuencia es que en cada generación, el apoyo a la monarquía tiene que ser renovado”, dijo Lamo de Espinosa. “La Reina de Inglaterra explicó que el primer problema de su monarquía había sido la familia. ¿Por qué es esto así? Bueno, pues porque ser rey o reina no es ninguna bicoca. Es un problema muy serio. Las familias reales carecen de derechos humanos básicos que los demás disfrutamos. No tiene libertad religiosa en absoluto, no tiene libertad para contar el matrimonio, ni siquiera para tontear. No tiene ni siquiera libertad para viajar en su propio territorio, como estamos viendo actualmente con el viaje del rey a Ceuta”.

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