Tromba operística para culminar San Agustín en Avilés: "!Qué pena!", cantar bajo la lluvia
La lírica del teatro Real junta en el Parche a millares de personas, en una actuación que no pudo acabar por las precipitaciones

«La Carroza del Teatro Real», un proyecto inspirado en «La Barraca» de García Lorca, en realidad es un contenedor de esos que cruzan los mares llenos de cosas. El que llegó anoche a la plaza de España de Avilés, de lo que estaba lleno era de un piano, de cuatro cantantes y un pianista. Y, al final, se apuntó la lluvia. Primero, en plan orbayu y ya casi al final, cuando Carmen y los pájaros, a calderadas.
«Tenemos que suspender ya por cuestión de seguridad...», dijo Lourdes Sánchez-Ocaña, la directora de marca del Teatro Real, cuando la lluvia se pasó de lista y el personal se retiraba a los soportales, que la cosa no era para ahogarse en notas pasadas por agua. Entonces quedaban tres piezas para finalizar el repertorio.
Justo antes de que empezara el espectáculo, Sánchez-Ocaña no disimuló su contento: «Avilés fue la primera ciudad de Asturias que creyó en nosotros», le dijo al periodista. Y recordó que esa creencia la tuvo Avilés el año pasado, cuando sólo 32 municipios del país quisieron llevar la lírica buena a sus plazas; este año de ahora las ciudades que se han sumado a la fiesta son 44. Hace unos días en Gijón vivieron por sí mismos lo que los avilesinos habían disfrutado el verano pasado en exclusividad. Lo de este no, porque fue tan distinto como inesperado: el agua se quedó con todo el protagonismo que, en un principio iba de arias de óperas superconocidas, luego fue de paraguas abiertos y, al final, de estampida. Que sí, que la ópera mola, pero estar a cubierto más.

"¡Qué pena!", cantar bajo la lluvia
"¡Qué pena!", se escuchaba entre las personas que iban dejando la plaza –1.000 sillas las puso el Ayuntamiento, las otras, los bares y los balcones que se asomaban al Parche–. En Avilés, sigue gustando la ópera. Aunque sea de pequeño formato.
Pasadas las ocho de la mañana de ayer, el contenedor –de 45 pies– ya estaba colocado en su sitio. Manuel García, un auxiliar de escenario, explicó que este año "La Carroza" estrenaba formas aprovechando todo lo que ofrece el arcón de rica lírica, la que salió de las gargantas de Patricia Rijnhout, Alonso Gabarrús, Pablo Martínez Gil y Yasmín Forasteiro. Los cuatro acompañados por el pianista Álvaro Martín, que cuando comenzó el número lo hizo tocando "Granada", de Isaac Albéniz.

EN IMÁGENES: "La carroza del Teatro Real", en Avilés / Miki López / LNE
Cuando el pianista terminó lo suyo, salió a escena Patricia Rijnhout, que es soprano. Lo hizo para interpretar «Vissi d’arte» –sale en «Tosca»– y se llevó los aplausos y el recogido de los paraguas porque sí, había parado de orbayar. Y así se quedó, con la amenaza en el cielo, pero con la alegría delante de los ojos, hasta dos temas después, hasta «I Puritani», de Vicenzo Bellini. Los paraguas volvieron a florecer, pero de ahí, de la plaza, no se movía nadie. La fiesta se hizo improcedente cuando Yasmín Forasteiro le daba forma a «L’amour est un oiseau rebelle», la pieza esa de Georges Bizet que dice que el amor es un pájaro rebelde que nadie puede dominar. Como la lluvia.
Y, pese a ella, el personal premió a los cantantes y al pianista que sacaron adelante un espectáculo de lírica alta adaptada para todos los públicos. Todo en el Parche, en el mismo sitio en Federico García Lorca aparcó su barraca el 4 de septiembre de 1932, o sea, hace 94 años. El poeta representó «La cueva de Salamanca», «La guarda cuidadosa», de Miguel de Cervantes, y «Los dos habladores», que lo mismo también era suyo. No les llovió. Al día siguiente se fueron a Oviedo. El contenedor «La Carroza» sigue por Burgos. Allí no llueve.
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