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José Gómez "Joselito", de cerca: el magnate del jamón ha encontrado en Avilés su paraíso vacacional

Una charla con el famoso empresario

José Gómez «Joselito» y Juan García, en Casa Lin. | F. L. J.

José Gómez «Joselito» y Juan García, en Casa Lin. | F. L. J.

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Juan García

Juan García

No hace mucho tiempo, les comentaba desde esta pequeña atalaya del periódico, que agosto es un mes muy especial en mi vida, en el que cumplo años (este año 70 primaveras) y por algunas otras razones más. Desde hace muchos años, por mis especiales relaciones con Gijón por estas fechas, entre otras cosas: por las corridas de toros de la feria de Begoña (fuimos abonados durante bastantes años, de fila 3 y barrera); y también me papé mucha Feria de Muestras, siempre por trabajo naturalmente, y donde lo pasamos tremendamente bien con amigos que hoy por desgracia ya no están con nosotros, como Manolo Pérez. También agosto llegó a ser el mes por excelencia de vacaciones. En fin, y por más razones que quizás otro día comente.

Desde hace unos años –bastantes ya– resulta que tengo un amigo, empresario, de talla internacional, enamorado él y su familia de nuestra tierra asturiana, que un día por mi personal recomendación, empezó a hacer base durante el mes de agosto en Avilés. Él es, como muchos ya habrán adivinado, José Gómez, de Jamones Joselito. Y cuando digo que muchos lo habrán adivinado, tómenlo en sentido estricto de lo comentado. Y es que llegadas estas fechas y sabedores de mi amistad con José, son muchos los que me preguntan por la calle: "Qué, ¿ya llegó tu amigo?". Créanme si les digo, que desde el punto de vista sociológico, es un fenómeno éste que merecería la pena estudiarse, porque José no es persona a la que le guste especialmente ser objeto de atención de ningún tipo, pero mucha gente es la que se interesa por él. Algo llevará el río, cuando suena ...

He de decirles que para mí, desde luego, es un honor frecuentar una amistad como la de José. ¿Y cómo no va a ser así, si de las primeras personas que llama en cuanto sale del Negrón y entra en Asturias, es a quien escribe y me consta?. Y no será por no tener a quien llamar entre sus numerosísimos amigos asturianos. Este año también lo hizo.

"¿Almorzamos este mediodía en Mieres, mano a mano?", me suelta este año y sin contar con él ese día, pues no le gustan mucho las previsiones en este sentido a mi amigo. Y así lo hicimos. En Mieres en casa de nuestros comunes amigos, los hermanos José y Juan, de La Consistorial. Como siempre, de diez y, por supuesto, con los primeros culinos de sidra de la temporada estival que tomaba José en Asturias. Por cierto, ese día, y por circunstancias, me acercó a Mieres mi amigo Adolfo Santos, que tras presentarle a José le regaló y dedicó su libro "Voluntad atómica".

Pocas horas llevaba José en Asturias, cuando convoca a poco más de una veintena de amigos, en torno a unas buenas viandas y preciados vinos. Entre ellos gente llegada de muchos sitios de España que venían a pasar ese rato con José. Este año, entre otros, tuvimos con nosotros al enólogo y bodeguero gallego Emilio Rojo, ciertamente, todo un personaje. Para deleitarnos culinariamente se encargaron esta vez sus amigos Juan Luis y Ramona, de Casa Belarmino, con un excelente almuerzo. También participó su amigo del alma Pedro Morán y otros inseparable de ellos como Abel Terente, del Asador de Abel, o Luis Alberto, de Casa Fermín. Y así un reguero interminable de viejos amigos, que tuvo que venir un señor desde Guijuelo para juntar, tras muchos años sin vernos. Recientes son las incorporaciones a este círculo de Tito, el de la Cantina, y Favila, a quienes José ha cogido un especial cariño. Como también se lo tiene a Rodri y su gente de Casa Lin, donde la cita casi diaria en torno a unes botellines de sidra y unos chipironinos a la plancha recién pescados en la ría hacen disfrutar a José y familia cada verano.

Un día de estos atrás, me senté con José en una terraza de la plaza de los Hermanos Orbón en torno a un café y mantuvimos una conversación que aquí reproduzco con formato de entrevista:

-Otro año más en Avilés.

-Pues sí, otro año más. Nos gusta mucho Asturias: clima, playas, gastronomía y, sobre todo, la gente asturiana. Llevamos muchos años viniendo a Asturias. Las primeras veces, hacíamos base en Ribadesella, Lastres, Gijón... y en los últimos años Avilés, donde descubrimos el Hotel Palacio de Avilés por indicación de un amigo, en el cual nos tratan, por cierto, exquisitamente.

-Y se ha convertido en algo generacional, porque tus hijos pasan también mucho tiempo en Asturias y han hecho buenos amigos aquí.

-Sí, así es. Este mes de agosto es cuando también pueden disfrutar de tiempo libre y lo pasan genial en Asturias en sus múltiples fiestas.

-Este año me sorprendió verte de jurado en el festival de la sardina de Candás. ¿Acaso tiene algo que ver la sardina con el jamón?

-Pues como en toda buena restauración existe lo que se llama mar y montaña, y eso fue lo que pasó este año en el festival. Al final se trata de paladares. Se fusionaron ambos gustos: carne y pescado. Así lo entendió también mi amigo Pedro Morán, presidente de ese jurado desde hace años, el cual me invitó a formar parte del mismo, cosa a la que accedí gustosamente. Por cierto, me pareció una fiesta muy bonita y entrañable, animada, cómo no, por vuestra increíble bebida autóctona, la sidra. Y aunque estoy acostumbrado a formar parte de muchos jurados, me pareció éste muy especial por muchos motivos: la gente, la alegría, el marco donde se celebró... En fin, que estuve encantado.

-Como buenos aficionados a los toros que somos ambos, cambiemos el tercio. Desde el punto de vista social y también gastronómico. ¿Qué te dice nuestra villa concretamente?

-Pues desde el punto de vista gastronómico, se bebe buena sidra en Avilés en buenos establecimientos, y se come ciertamente bien, igualmente. Ya sabes que soy un enamorado de unos buenos chipirones afogaos, el bonito, el rollo de bonito, las cebollas rellenas... pero he de decir algo, que salvo alguna excepción, y es común a gran parte de la hostelería asturiana, que tanto carne como pescado se sirve demasiado hecho. Yo soy partidario siempre, del "punto menos" en todos los platos, como lo hacen los vascos, por ejemplo. En lo referido a lo social, he de comentarte que he conocido a personas ciertamente entrañables en Avilés, como es el caso de vuestro pintor y escultor Favila, al que no le dais, me parece a mí, la importancia que tiene y merece. Quizás si hubiera nacido en Nueva York sabe Dios dónde hubiera llegado. Por ejemplo, me gustaría hacerte a ti en este momento una pregunta: en esta plaza del mercado donde ahora nos encontramos, que me parece un sitio espectacular... ¿cómo no se pone en un valor más sobresaliente que el que tiene? Creo, sinceramente, que es algo a tener en cuenta.

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