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DXC, una visión global desde un enclave local

Treinta años después de que La Curtidora abriera sus puertas como centro de empresas, la antigua fábrica de curtidos se ha convertido en uno de los símbolos de la transformación económica de Avilés.

Jesús Daniel Salas, director de DXC

Jesús Daniel Salas, director de DXC / Cedida a LNE

E.M.

Hay aniversarios que sirven para mirar atrás y comprobar hasta qué punto un territorio ha sido capaz de reinventarse. Treinta años después de que La Curtidora abriera sus puertas como centro de empresas, la antigua fábrica de curtidos se ha convertido en uno de los símbolos de la transformación económica de Avilés. No solo por su papel como refugio de emprendedores y pequeñas compañías que buscaban un lugar donde comenzar, sino también porque, de vez en cuando, fue el punto de partida para proyectos que acabarían teniendo un gran impacto. Entre esas historias que se entrelazan con la propia evolución de la ciudad está la de DXC Technology, una multinacional que hoy forma parte del paisaje tecnológico asturiano pero que, como tantas otras trayectorias relevantes, también vivió un capítulo decisivo en La Curtidora.

La presencia de DXC en Avilés es hoy la de un actor plenamente consolidado, un brazo tecnológico capaz de conectar talento local con desafíos globales, pero su origen en la región no fue más bien el crecimiento orgánico de un equipo que evolucionó al ritmo de un mercado que cambiaba sin descanso y al que supo adaptarse con una mezcla de visión, oportunidad y arraigo. Su director, Jesús Daniel Salas, lo recuerda con naturalidad, casi con el tono de quien habla de un viaje largo en el que cada etapa tuvo su propio sentido: “DXC es un proveedor independiente líder de servicios de TI que acompaña a organizaciones en su modernización”, explica, aunque lo cierto es que en Asturias la compañía ha desarrollado algo más que una actividad tecnológica, pues ha construido un puente entre una industria globalizada y un territorio que siempre ha tenido vocación transformadora.

Los inicios: cinco personas y un lugar donde todo empezó

Para comprender el presente hay que volver al inicio. La historia de DXC en Asturias comenzó en 1997, cuando apenas eran cinco personas prestando servicio a Dupont. Era un proyecto pequeño, de esos que avanzan sin aspavientos, pero que empiezan a crecer cuando la demanda tecnológica se vuelve más exigente. En 2004 llegó un salto importante con la inauguración del Centro de Servicios TI, un paso que consolidó la presencia de la compañía en la región y que la puso en el camino de una expansión que acabaría siendo sostenida durante dos décadas. Ese crecimiento, sin embargo, necesitaba espacio, flexibilidad y una ubicación que sirviera de transición antes de dar el salto definitivo al futuro edificio del Parque Empresarial: La Curtidora.

Fue en 2008 cuando DXC abrió allí sus oficinas. Salas lo resume como un movimiento natural, fruto de la combinación entre disponibilidad, buen entorno y voluntad institucional. “Fue un paso lógico por la combinación de talento, tejido industrial y el apoyo tanto del Ayuntamiento de Avilés como del IDEPA”, recuerda. Lo que encontraron no fue solo un edificio en el que ubicarse de manera provisional, sino un ecosistema vivo que les permitió encajar en la dinámica empresarial de la ciudad. La Curtidora les ofreció ritmo, cercanía y un entorno cómodo para trabajar, pero también les generó esa sensación de formar parte de una comunidad que se movía en la misma dirección.

La etapa en La Curtidora, que se prolongó hasta 2011, supuso un tiempo de crecimiento acelerado, de captación de talento, de colaboraciones que empezaban a tomar forma y de una vida diaria marcada por la interacción constante con otras empresas que atravesaban sus propios procesos de transformación. Salas hace memoria y habla de aquella época con un punto de humor compartido por muchos de los trabajadores que vivieron el traslado. “Los empleados lo veían como un ‘destierro’ desde Tamon, hasta que se acostumbraron a la comodidad de las oficinas, la proximidad a la ciudad, el transporte público y la cafetería. Luego, ya todos querían venirse para aquí”, cuenta. Era un cambio que, con el paso de los meses, dejó de ser una transición para convertirse en un lugar donde la empresa podía respirar mientras ultimaba su gran mudanza al PEPA.

Pero más allá de la anécdota, la experiencia en La Curtidora les reafirmó en una idea que muchas organizaciones comparten cuando trabajan desde un centro de empresas, y es que un entorno de estas características aporta flexibilidad, servicios compartidos, costes ajustados y un marco de colaboración que difícilmente podría reproducirse desde cero en otro lugar. Para una compañía tecnológica en fase de expansión, aquello era lo que necesitaban. La Curtidora se convirtió en un punto de apoyo, en un lugar donde se mezclaba el dinamismo de quienes empiezan con la solidez de quienes ya sabían hacia dónde querían avanzar.

El salto al PEPA: más espacio, identidad y nuevos retos

Cuando en 2011 la empresa se trasladó definitivamente a su nueva sede en el PEPA, el cambio supuso un salto de escala evidente. Con más espacio, más infraestructura y la posibilidad de construir una identidad propia, DXC entró en una etapa de consolidación que ha marcado su papel actual en el ecosistema tecnológico regional. “Las oficinas se nos quedaron pequeñas”, reconoce Salas, y aquella limitación física fue el indicador claro de que la compañía estaba preparada para asumir un modelo de gestión más complejo y ambicioso. La nueva sede implicaba también asumir la responsabilidad de una operación técnica de mayor envergadura, con controles más estrictos, mayores medidas de seguridad y una capacidad de crecimiento mucho mayor.

Hoy, veinte años después de su llegada a Avilés, DXC Technology es uno de los grandes pilares del polo tecnológico asturiano. La empresa emplea a alrededor de mil profesionales en la región, una cifra que no solo la convierte en uno de los mayores empleadores cualificados del Principado, sino que le otorga un papel decisivo en la retención de talento. Su impacto se extiende más allá del ámbito empresarial, pues forma parte del Cluster TIC, de FADE, del Club de Calidad y colabora activamente con la Universidad de Oviedo y diferentes centros de Formación Profesional. Destaca especialmente la Cátedra DXC, que impulsa investigación, becas y actividades STEM que nutren el tejido tecnológico del futuro.

El presente de la compañía está marcado por la modernización tecnológica en múltiples frentes: aplicaciones, infraestructuras, puesto de trabajo digital, datos, Inteligencia Artificial y, muy especialmente, ciberseguridad. Este último ámbito se ha convertido en uno de los más críticos para las organizaciones y Salas lo expresa sin rodeos: “La ciberseguridad es una prioridad absoluta en todos nuestros proyectos. Trabajamos para proteger los datos y sistemas de nuestros clientes frente a amenazas cada vez más sofisticadas, implementando soluciones avanzadas y formando a los equipos para que estén preparados ante cualquier riesgo”.

La irrupción de la IA añade otra capa de profundidad al futuro inmediato. “La Inteligencia Artificial tendrá impacto tanto en la forma en la que damos servicios actuales como en la demanda de nuevos servicios que están surgiendo con la implementación de estos modelos”, explica. La empresa se prepara para un escenario en el que será necesario combinar conocimiento técnico, capacidad de adaptación y una visión clara del papel que quieren desempeñar en el mercado global.

Muchos de los retos del futuro tienen que ver con el talento, con la necesidad de atraerlo, formarlo y fidelizarlo en un mercado que cada día es más competitivo, pero también con la responsabilidad de consolidar la marca y reforzar su presencia en un territorio donde la innovación y la industria conviven desde hace décadas. DXC sabe que su crecimiento está estrechamente ligado al desarrollo de Avilés y del conjunto de Asturias, y ese es probablemente uno de los aspectos que mejor explica por qué su historia es también parte del relato que hoy celebra La Curtidora en su trigésimo aniversario.

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