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Las dificultades de la industria eólica avilesina: un análisis sobre los vetos de Trump y la competencia china

Windar mantiene su apuesta por el polo de renovables en Polonia, con dos plantas, la última con una inversión de 50 millones de euros

Vista aérea de la margen izquierda de la ría, con las instalaciones de Windar y la cantera de El Estrellín al otro lado.

Vista aérea de la margen izquierda de la ría, con las instalaciones de Windar y la cantera de El Estrellín al otro lado. / Autoridad Portuaria

Covadonga Jiménez

Covadonga Jiménez

Avilés

Cuando soplan vientos desfavorables uno se enfrenta a condiciones adversas, circunstancias negativas, tanto literalmente (viento fuerte en contra para navegar o conducir) como figuradamente (mala suerte, obstáculos en un proyecto, conflictos inesperados). En ese contexto, el opuesto al de buenos vientos, cuando acompaña la fortuna o las facilidades, se encuentra la multinacional Windar Renovables, que, lejos de amedrentarse con la política de Estados Unidos respecto a los parques eólicos marinos, no ha frenado sus planes de expansión internacional y acaba de anunciar un nuevo centro industrial en Polonia para la energía eólica terrestre. Esta iniciativa, además de la inversión de 50 millones de euros y la creación de 300 puestos de trabajo, supone un hito dentro de su estrategia internacional, y consolida la posición de Polonia como polo industrial de referencia para el fabricante eólico.

Podría decirse que, en unas circunstancias de auténtica zozobra por el contexto geopolítico mundial, en Windar Renovables reman contra viento y marea, demostrando una asombrosa capacidad de esfuerzo y resistencia ante la adversidad.

La nueva planta polaca, que contará con una superficie superior a los 70.000 metros cuadrados, se orientará a atender el aumento de demanda de la energía renovable en Europa Central, poniendo el foco en los mercados de Alemania y Polonia.

El carácter referente de la empresa sumaba recientemente otro episodio: la alianza estratégica formada por Navantia Seanergies y Windar Renovables anunciaba la finalización de la construcción de su jacket número 200 para la eólica marina en el astillero de Fene (La Coruña). Ese jacket era una cimentación fija para aerogenerador para el parque eólico marino Dieppe le Tréport, promovido por LEMS, una UTE donde Ocean Winds es el socio mayoritario. Con ese avance, ambas compañías ponían en valor la experiencia forjada desde la construcción del primer proyecto de eólica marina de su alianza: 29 jackets para el parque eólico marino alemán Wikinger de Iberdrola hace más de una década.

El revés estadounidense

La energía eólica ha vivido el recién finalizado 2025 un año de contrastes. Mientras surgían tecnologías revolucionarias como la turbina que permitirá generar hasta cinco veces más energía que los modelos tradicionales, el presidente estadounidense, Donald Trump, echaba por tierra los permisos de los parques eólicos marinos New England Wind 1 y 2, valorados en más de 8.000 millones de dólares, con la excusa de proteger la pesca y la fauna marina. Ese veto en la estrategia de Iberdrola en Norteamérica tocaba también a Windar, habida cuenta de sus alianzas para impulsar nuevos desarrollos en el sector.

Los megaproyectos de Iberdrola en Massachusetts habían recibido luz verde bajo la Administración del ex-presidente Joe Biden en 2024. Iberdrola planteaba que su puesta en marcha permitiría abastecer casi un millón de hogares con energía renovable, y supondría la creación de miles de empleos en la zona. Para Windar era otra piedra en el camino en esta etapa de vientos en contra, pues era suministrador de sus tramos para las torres eólicas en las que se asentarían los proyectos suspendidos por la Administración de Trump. La decisión supone un golpe muy importante contra el desarrollo de este tipo de energías renovables en Estados Unidos, pero también para la industria avilesina ligada, a través de Windar, al negocio de la eólica marina.

Valor de las mercancías en el Puerto

Esas circunstancias, como el denominado "efecto mariposa", según el cual determinadas acciones aparentemente pequeñas desencadenan grandes cambios, ya se han hecho notar en el Puerto de Avilés. El valor económico de las mercancías embarcadas y desembarcadas en el último año ha descendido un 3%, y se situó el año pasado en 3.211 millones de euros, frente a los 3.307 de 2024. Este descenso está relacionado con la disminución de tráficos de mercancías de alto valor añadido, como corresponde a los componentes para parques eólicos.

La otra gran amenaza llega de China, que juega con otras reglas. Y, como defiende el sector, "nosotros no podemos importar acero chino, porque está sujeto a un arancel, pero el producto terminado que viene de China no paga arancel. Esta deficiencia en el mercado no permite competir en condiciones de igualdad". A pesar de todo, Windar continúa dando pasos, a ritmo lento pero seguro, para completar su gran obra avilesina, la planta para fabricar tramos XXL (monopilotes y estructuras gigantes) para la eólica marina, con una inversión de más de 130 millones de euros, evidenciando que, aunque vivir del viento no siempre es sencillo, sí representa una apuesta firme desde Avilés.

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