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Saúl Fernández

Crítica / Teatro

Saúl Fernández

Y un huevo duro

El dramaturgo y director de escena Maxi Rodríguez presenta una comedia loca con actores estupendos y un texto meditabundo

Niue es una isla perdida, un estado libre asociado. Está en el otro lado del mundo. Más cerca de Nueva Zelanda que de cualquier otra parte del planeta. Su capital tiene un nombre divino: Alofi. Pero, siendo todo esto, también es el título de la última comedia de Maxi Rodríguez (Mieres, 1965). Su estreno absoluto lo celebraron con aplausos y carcajadas los espectadores que llenaron antes de anoche el patio de butacas del teatro Palacio Valdés: comedia con poso, juegos de palabras, pero con discursos que suenan un pelín ya oídos.

El planteamiento del espectáculo es sencillo: José Luis Barato (Carlos Mesa) y Narciso Menéndez (Alberto Rodríguez) han naufragado: de la vida, del presente, del futuro, de la verdad... Maxi Rodríguez organiza su comedia en cuadros que, según avanza la función, agravan su peso de tristeza. "Niue. Under the coconuts" es una comedia, pero lo es como "Una noche en la ópera" o "Plácido"... Comedias de tristezas perdidas. Los náufragos de Maxi Rodríguez tienen más que ver con los de Forges que con Tom Hanks o "Perdidos". No hay monstruos, porque los monstruos están escondidos en el interior de cada personaje. Lo marca y lo remarca Rodríguez con hilazones de chistes y razonamientos que profundizan poco, sin embargo, en el malestar que desalienta a sus dos criaturas, a las que dan vida dos estupendas reencarnaciones de José Luis López Vázquez y Luis Escobar (o Alberto Closas) o Dean Martin y Jerry Lewis... La química entre ambos se notó en "X tu culpa", de Marga Llano, la productora de "Niue. Under the coconuts". Todo esto bajo la influencia de Groucho Marx en "Sopa de gansos". La comedia loca -perineo mediante- se junta así con la meditación y la melancolía general. Maxi Rodríguez nunca había estado tan meditabundo.

Los epílogos necesitan de ajustes. Y es normal: el espectáculo acaba de nacer. "Niue" tiene cimientos duros: un texto interesante, dos actores que bullen como un sortilegio y un director perfecto. No se la pierdan.

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