DTO ANUAL 27,99€/año

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Vita brevis

El temporal

Un repaso a las civilizaciones fluviales

La civilización comenzó en las riberas de los ríos. En los cauces del Indo, del Tigris y el Éufrates y del Nilo nació la cultura, que no es otra cosa que la domesticación de especies vegetales, como el trigo, la cebada, el arroz, el sésamo, las legumbres, los melones, los dátiles, los olivos y la vid.

Los ríos que se desbordaban una vez al año o con cierta frecuencia, inundando extensas zonas y depositando sedimentos fértiles, permitieron a aquellos sujetos primitivos plantar en esos espacios inundables determinadas vegetales que crecían con mayor facilidad y producción. Ello trajo consigo que tuvieran excedentes en las cosechas con los que comerciar con otros pueblos, surgiendo así la geometría para delimitar los terrenos de cada quién, la escritura y la aritmética para contabilizar los productos, la cerámica para almacenar y transportar los excedentes, y un montón de técnicas más al servicio de ese trasiego que dieron origen a la civilización.

Por supuesto que aquellos sujetos primitivos no eran tontos y, sabedores de que las crecidas de los ríos era un fenómeno habitual, construyeron sus asentamientos urbanos cercanos a ellos, pero en altozanos para que sus casas no padecieran las riadas. Tan civilizados nos creemos ahora que hemos perdido ese conocimiento elemental.

Asturias es un lugar con abundancia de ríos, más bien pequeños en realidad si los comparamos con esos en que surgieron las grandes culturas históricas. Pero el funcionamiento de unos y otros es similar. Los fértiles valles que se forman a las riberas de los ríos no son otra cosa que zonas que éstos inundan de vez en cuando, razón por la cual contienen ese limo que las hace tan productivas agrícolamente. Las inundaciones que se producen aquí no son anuales, como las habituales del Indo y del Nilo, sino más espaciadas en el tiempo, por causa de que, en determinado año, las lluvias arrecien con más fuerza o que el deshielo de la nieve les otorgue mayor caudal. El problema es que aquí no existe una periodicidad fija, sino caóticamente aleatoriamente, que es como la naturaleza se muestra casi siempre.

Hemos sufrido un violento temporal en estos días pasados, en que ha llovido "bastiaos", como aquí se dice tradicionalmente, que viene a ser lo mismo que chuzos de punta, que es expresión más castellana. Se han inundado carreteras y líneas férreas, se han producido argayos y desprendimientos de tierras, se han perdido cosechas, se han inundados cuadras y casas, y hasta han sucumbido personas arrastradas por las riadas y en accidentes con vehículos. Una catástrofe, dicen, que ni los abuelos más viejos del lugar recordaban.

Qué flaca es la memoria. No hace más de siete años que aconteció lo mismo que estos pasados días, aunque ya casi nadie se acuerde de ello. Y unas cuantas veces más se produjo el mismo fenómeno durante el siglo pasado. Es posible que el recuerdo de los que lo vivieron no retenga algunas de las desgracias que ahora han acontecido, no tanto por ser olvidadizos, que también, sino porque ahora parece que somos más absurdos.

Es que cada vez hay más cuadras y casas que se levantan en las riberas, que por las propias leyes de la naturaleza están llamadas a ser inundadas con las crecidas de los ríos. Oiga, es que, además, no es esto sólo cosa de particulares insensatos, porque hasta las propias Administraciones públicas erigen en esas zonas inundables colegios, hospitales y otros edificios públicos e infraestructuras sin encomendarse previamente a Dios ni al diablo. Y ahí que te va que hay que suspender clases por una temporada, sacar a los enfermos en pateras, dejar de prestar servicios públicos diversos y tener al personal transeúnte colapsado en medio de la humedad de la nada.

Se diría que hemos retrocedido más de cinco mil años respecto de nuestros antecesores en la civilización, que ya conocían el poder benéfico de las crecidas de los ríos para la agricultura, pero que también se cuidaban de que no les afectara a sus casas.

Las riberas son del río que, cuando quiere, vuelve a ellas. A ver si aprendemos.

Compartir el artículo

stats