Opinión | Crítica / Teatro
La realidad ya no es lo que era
La comedia de Juan Mayorga "El Mago", que fue aclamada antes de anoche por el público que llenó el teatro Palacio Valdés de Avilés, tiene mucho que ver con "La cantante calva", de Ionesco; con "Eloísa está debajo de un almendro", de Jardiel Poncela, y hasta con la serie "Doctor Who" (la grieta es inquietante, que se lo digan al undécimo Doctor, el que se materializó en el cuerpo de Matt Smith). Pero, sobre todo, tiene que ver con la propia obra de Mayorga: con "El chico de la última fila", por ejemplo, pero también con "Reikiavik", incluso con "El arte de la entrevista" o "Intensamente azules": los cuentos propios y ajenos completan la vida.
Pese a tener tantas influencias, y tan dispares, la comedia no se manifiesta acreedora de ninguna de ellas con singularidad. Con el universo anterior, Mayorga construye el suyo propio: un aparentemente planteamiento inconsecuente deshoja una tarde en casa de una familia burguesa; una mujer ha sido hipnotizada y así, con el alma suspendida en el aire, ha volado desde el teatro a casa y allí ha vuelto a tomar forma. Y toda la realidad se ha vuelto del revés.
Los elementos absurdos son los que, verdaderamente, clarifican la realidad. Le pasa al matrimonio Bobby Watson en "La cantante calva" y le pasa al viajero en ferrocarril sobre la cama de "Eloísa está debajo de un almendro". En "El Mago", Juan Mayorga crea una ficción que destruye la ficción de la vida cotdiana. O quizá no. Lo hace, eso sí, a ritmo vertiginoso. Mayorga es autor y director. Esta segunda personalidad es la que da brío a silencios dramáticos y es que los movimientos del padre y la hija mientras ponen la mesa son como robados de una comedia de pasteles de nata en la cara. Y eso subraya aquello que el autor saca a colación: que la realidad no es la que parece. Nadia (Clara Sanchis) lamenta: "Hay mucha realidad en esta casa".
José Luis García Pérez es un estupendo Víctor, el padre que quiere que no se desencuaderne la historia que cree que está protagonizando. Pasa de sujeto calmado a desbordado. Desde su punto de vista todo cuanto sucede es una inundación que Ludwig (Tomás Pozzi), como el Bombero de "La Cantante Calva", no contribuye a desaguar. Mayorga elige una escenografía para dejar claro que esa "mucha realidad" quizá sea poca.
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