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Pablo Martínez Corral | Historiador

Los que esperan en la cola de la historia de La Florida

Archivos españoles avalan la resistencia de los indígenas a Pedro Menéndez, incapaz de realizar pactos duraderos

La Historia siempre tiende a ser fuente de debate; es lógico, historiadores e historiadoras tenemos formaciones diversas y puntos de vista e ideologías diferentes, que se plasman en el relato que pretendemos divulgar. La Historia no está cerrada a encontrar nuevos documentos y nuevas fuentes que nos aclaren cómo fueron los procesos históricos. Es por tanto una ciencia social sometida a una constante revisión; si no, sería algo estanco y aún no habríamos salido de los textos de Heródoto. Esto también afecta a la interpretación de la historia de nuestra villa. Hoy, gracias a las nuevas generaciones de investigadoras e investigadores, se han abierto líneas de trabajo que permiten importantes hallazgos sobre esta villa milenaria.

El debate sobre la figura de Pedro Menéndez responde a dicha diversidad, a la necesidad de dejar a un lado la camiseta nacional que algunos historiadores se ponen a la hora de interpretar el pasado de nuestro glorioso marino. Ese discurso del héroe, noble de baja alcurnia; pero capaz, gracias a su bravura e inteligencia, de hacerse un hueco ni más ni menos que en la historia del imperio de Felipe II. Un hermoso relato, pero cojo.

Es la obra de Eugenio Ruidíaz y Caravia, "Florida: Conquista y colonización por Pedro Menéndez", la que inicia el relato del marino. Esta obra recibió el prestigioso premio Lombart de la Real Academia de la Historia gracias a la metodología empleada. Es el pistoletazo de salida, luego vendrán más obras con el mismo carácter. Es sin duda uno de los grandes éxitos póstumos del marino, entrar en esa producción de relatos históricos que pretendía forjar una memoria nacional ávida de héroes en aquel momento. Sin duda, la epopeya del marino llega a su apogeo cuando en 1918 se le erige una estatua. A partir de ahí es un referente inamovible, con esa estampa decidida y guerrera.

No se trata como comentaba en mi primer artículo de juzgar al marino, sino de abrir nuevas líneas de investigación, conocer y divulgar otros episodios y otros documentos más allá de las crónicas, precisando de la revisión de fuentes francesas e inglesas. No repitamos siempre el mismo mantra sobre el marino.

El proceso de colonización de La Florida es complejo, pues es un territorio poco atrayente en la primera fase de la conquista, con más caimanes que oro. Pero es un territorio vital para la Corona española, Felipe II no podía dejar esas tierras sin control, más cuando franceses e ingleses querían también participar de ese botín que significaban las nuevas tierras. Por ello, se hacía necesario que el Canal de las Bahamas quedase libre de amenazas para la flota cargada de tesoros. Y Felipe II eligió a Pedro Menéndez, con un historial impecable en el combate. Es cierto que éste no pasaba por buenos momentos, a la Casa de la Contratación de Sevilla no le cuadraban las cuentas y por ello lo apresó. Pero el Rey debía de saber cuán importante y fiel era su capitán. Allá a la Florida lo envió a desbaratar la empresa hugonote, protestantes que para algunos historiadores siguen siendo hoy malvados herejes. Calvinistas franceses que, a pesar de la noche de San Bartolomé, consiguieron un acuerdo sin precedentes en la lucha por la convivencia religiosa, el Edicto de Nantes. Pedro cumplió, la experiencia del marino, su aguda visión táctica, desbarataron los planes del capitán Ribault, nuestro antihéroe, con una vida también apasionante. El destino de Ribault fue el mismo que sufrieron los colonos y soldados de Fort Caroline, el cuchillo, niños y mujeres tampoco fueron respetados, no estaba la cosa para miramientos.

Quedaba la ardua tarea de pacificar y colonizar aquellas tierras, para ello utilizará mano de obra esclava negra. Un esclavista no sé si era, pero en las Capitulaciones recibió la licencia de introducir quinientos esclavos negros libres de impuestos y también quedó obligado a introducir otros quinientos más en tres años. Sin duda, una gran ayuda para la empresa colonizadora y para sufragar gastos, pues un esclavo además de trabajo daba buen dinero en el mercado. Sí fundó la primera ciudad, pero también introdujo la esclavitud afroamericana en los territorios hoy estadounidenses.

No le fue fácil al marino poner orden en La Florida. En el Portal de Archivos Españoles (PARES) se puede encontrar un documento digitalizado donde Pedro Menéndez pide a Felipe II permiso para hacer la guerra y poder esclavizar a los indígenas. Es muy interesante la historia de la resistencia ante el invasor, no se trata de jugar al maniqueísmo, pero los indígenas sacaron de sus casillas a Menéndez. Incapaz de hacer pactos duraderos con los indios de la costa de La Florida, decide pedir permiso varias veces a Felipe II para poder hacer la guerra a esos indios, esclavizándolos y expulsándolos de la costa de La Florida, con el fin de garantizar el tráfico marítimo, "...al servir de dios nuestro señor y de v. m. conviene que esto se remedie(...) y se les haga la guerra con todo rigor a sangre y fuego y los que se tomaren bibos [sic] se puedan bender [sic] por esclavos, sacándolos de la tierra y llevándolos a las islas (...) Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico..." La violencia y la crueldad están presentes en todas las guerras de conquista, pero también aparece la resistencia a ser dominados.

Se nos ha olvidado que la Historia tiene una parte didáctica y enseña unos valores, para unos puede ser la grandeza de la patria, pero otros no queremos olvidar el otro lado de la Historia, a los de abajo, a los que como decía Eduardo Galeano "esperan desde hace siglos en la cola de la Historia".

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