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DIARIO DE A BORDO

Franceses e indígenas en Florida

En San Agustín, Pedro Menéndez, hombre previsor, se preocupó de mantener vigilancia permanente

Menéndez es valorado por los historiadores como un gran marino. Sus méritos son reconocidos por los expertos, con o sin la epopeya de Florida. Sin embargo, la empresa floridana debe ser traída a colación al analizar su biografía, porque si no lo hiciésemos, tal y como mi colega Martínez Corral

En esa línea, vamos a analizar el asalto de Menéndez a Fort Caroline, el destino de los franceses de dicho asentamiento, así como la relación del avilesino con los indígenas, en esos primeros momentos suyos en tierras americanas. En mi artículo titulado "Menéndez y la empresa de Florida" publicado por LA NUEVA ESPAÑA, sobre la fundación de San Agustín, señalaba como muy amistoso y fructífero el primer contacto de Menéndez con el grupo timucua del cacique Seloy. Los indígenas ceden pacíficamente a los españoles su poblado costero para que éstos consoliden su primer asentamiento y comparten con Menéndez comida, en lo que el hispanista americano Michael Gannon ha calificado como el primer "thanksgiving".

Eugene Lyon, en su obra "The Enterprise of Florida" escribe: "En ese momento del primer contacto, Menéndez obró con precaución, por culpa de las prohibiciones legales contra la expoliación de los indios y por el estado de cosas existente en la Florida. Los españoles habían desembarcado en un lugar donde los franceses habían establecido claramente un grado de influencia sobre los indios, y las culturas nativas estaban bien organizadas. Menéndez intentó implantar asentamientos, sin cambiar su organización política o religiosa y sin estorbar sus derechos esenciales sobre la tierra. La relación estaba muy lejos de la encomienda o repartimiento y, a cambio del acuerdo con los indios, de su respeto y protección, Menéndez recibiría tributos en nombre de su Rey."

El 8 de septiembre de 1565, día de la toma de posesión formal de Florida y de la fundación de San Agustín, Pedro Menéndez nombró a su hermano Bartolomé gobernador del distrito y alcalde de la ciudad. En su obra "L'Histoire Notable", concretamente en "Les Français en Amérique", Suzanne Lussagnet apunta lo siguiente sobre la actitud de los franceses, después de la llegada de los españoles:

"? los franceses habiendo tanteado las fuerzas españolas en su primera escaramuza y habiendo reconocido el establecimiento español en San Agustín, volvieron a Fort Caroline en donde Jean Ribault y sus capitanes se reunieron en consejo en el dormitorio del enfermo Rene de Laudonniére. Su amigo indio Emola tenía noticias de que los españoles habían comenzado a construir un fuerte y habían desembarcado con fuerzas para establecerse allí. Se decidió, en el consejo, que se debería descender sobre la colonia española con los barcos más grandes y atacarlos, porque podrían coger al enemigo con sus fuerzas divididas mientras descargaban suministro. A pesar de las objeciones de Laudonniére al plan, ganó esta propuesta y la mayoría de los franceses dejaron el fuerte llevándose incluso 38 de los soldados de Laudonniére. Las estimaciones del número de los que quedaron en Fort Caroline van desde los 150 a los 240 hombres, quedando la guarnición muy mermada por reforzar la fuerza de ataque de la marina. Ribault dejó a Sieur de Lys para ayudar a Laudonniér en el fuerte y después los cuatro barcos principales navegaron hacia el sur junto a otros barcos de apoyo más pequeños, con un total de 400 soldados y 200 marineros."

Dice Eugene Lyon en la obra ya citada: "? estando los hombres de Menéndez transportando a las fortificaciones de San Agustín los suministros y armas que habían descargado del 'San Pelayo' y del resto de los barcos, que ya habían zarpado hacia La Española, aparecieron repentinamente en el horizonte los buques franceses. Al no divisar en el puerto a la armada española, viraron hacia el sur para tratar de alcanzarla. Al segundo día, una fuerte tormenta azotó la zona. Menéndez intuyó que los franceses no iban a regresar inmediatamente y decidió atacar Fort Caroline. Su instinto le indicó que los franceses no habían dejado una gran guarnición en el asentamiento y que sus mejores hombres estaban embarcados para el ataque a San Agustín. Deja 300 hombres en San Agustín al mando de su hermano Bartolomé y el 18 de septiembre parte con 500 arcabuceros y sus capitanes mandados por Pedro de Valdés y el propio adelantado y guiados por indios fieles que les indican el camino para llegar el fuerte francés. La marcha fue ardua y difícil, porque el terreno estaba totalmente encharcado por la insistente lluvia que estaba cayendo. En la vanguardia iban los exploradores indios y los hacheros vascos que abrían el camino. También los acompañaba en el grupo un hugonote francés renegado que, cuando estaban en las cercanías del fuerte, les guio para acercarse sin ser vistos."

Suzanne Lussagnet recoge el testimonio de un testigo ocular francés que sobrevivió al asalto: "Mientras llegaba el alba gris del día 20 de septiembre de 1565 en Fort Caroline, algunos de los centinelas dejaron sus puestos por culpa de la fuerte lluvia. Los españoles se acercaron al fuerte, descubrieron a un centinela francés fuera del fuerte y lo capturaron. Entonces Pedro de Valdés abrió camino con dos estandartes de batalla, mientras sus hombres forzaron la entrada principal que estaba pobremente defendida. Seguidamente tomaron el fuerte. Mientras los franceses salían atropelladamente de sus habitaciones, a medio vestir, fueron muertos 132. Hicieron una carnicería, de la que se salvaron un número pequeño que fue tomado prisionero, entre los que estaban tres tambores, uno de Dieppe y dos de Rouen, tres trompetas de Normandía y otro llamado Jacque Du Lac de Burdeos. También unos cuarenta y cinco hombres que escalaron la empalizada y escaparon a los bosques o se tiraron al río en un intento de alcanzar los barcos anclados cerca del fuerte. Entre estos últimos se encontraban el mismo René de Laudonniér, el carpintero Le Challeux, Jacques Ribault, hijo del comandante francés, y el cartógrafo Jacques Le Moyne de Morgue, que embarcaron a bordo de los buques 'Pearl' y 'Levriére'. Pedro Menéndez, que entró en el fuerte detrás de la primera oleada de atacantes, gritó a sus hombres que respetasen a las mujeres y a los niños y así otros 50 salvaron la vida."

Continúa Suzanne Lussagnet ilustrándonos sobre la negociación de Menéndez con los indios para que le entregasen a los franceses que se habían escapado del fuerte y que ellos habían capturados. Un grupo, entre los que estaban Sieur de Lys y Pierre d'Ully fueron ofrecidos al avilesino, bajo la promesa de devolverlos sanos y salvos a Francia. Por su boca se conoce el relato de lo que pasó, y el hallazgo de Menéndez en una de las chozas, dentro del cercado:

"?una pequeña caja fuerte, dentro de la cual Ribault tenía todos sus papeles, entre los que estaban los títulos de Capitán General y Virrey de esa tierra y las instrucciones sobre qué debía hacer en seis decretos firmados por el almirante de Francia (Coligny). Sieur de Lys le dice a Menéndez que los documentos estaban firmados por el almirante de Francia, porque éste había entregado una petición al Consejo Real describiendo como Jean Ribault había descubierto y empezado a colonizar y fortificar Nueva Francia, una tierra grande y buena que resultaría un buen servicio al Rey y el crecimiento del reino. El Consejo había decidido ayudar a Ribault y que los decretos con sus nombramientos y las instrucciones fuesen firmados por el almirante".

Después de interrogar a Sieur de Lys y Pierre D'Ully, Menéndez ordenó que fuesen devueltos a Francia junto al resto de los franceses liberados por los timucua, así como con las mujeres y niños apresados en la ocupación del fuerte, según nos relata Hernando de Baeza en "Los despachos que se hicieron en la Florida", un documento del Archivo General de Indias transcrito por Eugene Lyon. Así, estos franceses que sobrevivieron al ataque español de Fort Caroline, fueron embarcados en el "Pearl" y el "Levrière" y zarparon rumbo a Francia, sin ningún intento de reunirse con Jean Ribault.

En las memorias de Jacques Le Moyne de Morgues, en su obra titulada "La Narrativa", se indica el nombre del francés traidor que guio a los españoles hasta Fort Caroline. Se llamaba François Jean. Jacques Le Moyne nos dice que las mujeres y los niños hechos prisioneros por Menéndez en Fort Caroline fueron enviados en tal condición a Santo Domingo. El relato del padre Mendoza Grajales, que concuerda con lo que dice Menéndez en su "Carta el rey de 15 de octubre de 1565", nos ilustra sobre el resultado del ataque: 140 soldados franceses degollados, 20 hombres muertos en el bosque por los indios y unos 60 hombres huidos hacia dos bateles fondeados en el río, entre los que se encontraban Laudonnière y Jaques Ribault, hijo de Jean Ribault. También 50 mujeres y niños menores de 15 años que salvaron sus vidas por orden expresa de Pedro Menéndez. De igual manera lo recoge Antonio Fernández Toraño, en su reciente libro "Pedro Menéndez de Avilés".

El adelantado, inmediatamente después de consolidar la conquista del fuerte galo, y fiel a su naturaleza inquieta y previsora, tomó la decisión de volver rápidamente a su base de San Agustín. Estaba preocupado por localizar y neutralizar al comandante Ribault y sus tropas, y proteger su poblado de un posible asalto. Así que, el 23 de septiembre, cruzó nuevamente el terreno que había transitado la semana anterior, pero en sentido contrario, dejando en el fuerte capturado, ahora rebautizado como San Mateo, una guarnición comandada por Gonzalo de Villarroel. En San Agustín, la bienvenida a Menéndez y la celebración de la victoria fueron tumultuosas; pero el avilesino, tratando de adelantarse a los acontecimientos, reunió a exploradores nativos fieles para encargarles la vigilancia de la costa, para que lo avisasen rápidamente si Ribault daba señales de vida.

En definitiva, franceses y españoles estaban enfrentados en una guerra sin piedad, y el ataque de Menéndez podemos compararlo con el del francés Dominique de Gourgue al mismo emplazamiento, tres años después... En la próxima entrega, profundizaremos en la relación de Menéndez con los nativos floridanos.

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