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Milio Mariño

Cerrar Avilés: imposible e ineficaz

La toma de decisiones por aquello de guardar las apariencias

Cuando un político no sabe qué hacer es mejor que no haga nada; que no trate de aparentar como que domina la situación y cometa una estupidez. Algo que sucede, con demasiada frecuencia, en cuanto a las medidas que se adoptan para luchar contra el covid-19. Una, la que traemos

Desde que estalló la pandemia, la evolución de los gobernantes ha sido curiosa. Han pasado de celebrar la derrota de la enfermedad con un entusiasmo infundado, pues el virus seguía ahí, a responder con arrebatos que tienen poca o ninguna eficacia y escaso sentido común. Ya me dirán qué sentido puede tener decretar el cierre perimetral de Avilés, sobre todo, si nos atenemos a cómo y dónde se establecen las fronteras de un concejo pequeño que está en medio de otros dos, Corvera y Castrillón, con los que comparte un espacio urbano de continuidad, de modo que cualquiera puede ir caminando, sin bajarse de la acera, desde Los Campos a Piedras Blancas. Y a eso añadan otras circunstancias comunes que, en la práctica, hacen que nadie tenga en cuenta los límites de cada concejo y la vida discurra como si los tres fueran uno.

Son tantos los ejemplos que podríamos poner que es fácil llegar a la conclusión de que, en nuestro caso, resulta prácticamente imposible que el cierre perimetral se pueda cumplir. De hecho, y afortunadamente, no he visto a ningún policía municipal, apostado en ninguna de las fronteras de Avilés, pidiendo el carnet de avilesino a quienes iban o volvían con total tranquilidad. Pero es que, además, aunque el cierre perimetral fuera posible, se ha demostrado que no sirve para frenar los contagios. Y no es que lo diga yo, lo dicen varios especialistas virólogos y, entre ellos, Ignacio de Blas, investigador en epidemiología y profesor del departamento de Patología de la Universidad de Zaragoza, quien asegura que el cierre perimetral de las capitales de Aragón no ha servido para nada. Las capitales aragonesas, como también León, ya suman más de 20 días de restricción de accesos y los contagios no solo no se frenaron, sino que aumentaron.

¿A qué viene, entonces, que se adopten medidas como esta? Pues viene a lo que decíamos al principio, a que cuando los gobernantes se ven desbordados y no saben qué hacer intentan aparentar como que hacen algo y echan mano de lo primero que se les ocurre. Inventan nuevas medidas, tal vez para que no les preguntemos qué han hecho ellos. Que, por cierto, no han hecho lo que prometieron. No han reforzado los centros de atención primaria, ni han contratado más médicos y más enfermeras, ni aumentaron el número de rastreadores que pudieran detectar casos, aislarlos y vigilar las cuarentenas. No han hecho, apenas, nada, pero exigen que hagamos lo que no tiene sentido.

Que analicemos esta medida en plan crítico no quiere decir que les invitemos a que no la cumplan. Quiere decir que, para que podamos asumir nuestro deber con disciplina y responsabilidad, las medidas deben ser razonables y transmitir confianza. No estamos para ocurrencias ni para ver si, por casualidad, suena la flauta.

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