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Los niños son de sus padres, no de Celaá

Una nueva ley educativa en plena pandemia que reformula derechos recogidos en la Constitución

No sé si me empapelará ese “Ministerio de la Verdad” que anda flotando por encima de nuestras cabezas, pero el sapo que estamos digiriendo los ciudadanos es gordo, grande y de tegumento muy coriáceo. Me arriesgaré a dar mi modesta opinión, digeriré mejor el batracio.

Aprovechando el maldito virus que nos mandó China, sin que Occidente le exija responsabilidades, el Gobierno español oculta información y miente constantemente, mientras por debajo de la mesa nos endosa medidas reaccionarias que califican de progresistas. Uno de los últimos ejemplos lo vimos a principios de noviembre cuando el Ministerio de Sanidad actualizó los datos de la pandemia desde el 1 de enero y supimos que a lo largo de ese mes hubo decenas de infectados antes de que nuestro gobierno anunciara el primer caso el 31 de enero, un alemán ingresado en La Gomera. Recuerden que poco antes, el 28 de enero, el ministro Illa afirmaba de manera rotunda que hasta entonces no había “ningún caso en España”.

Una de las medidas que Sánchez y su banda nos quiere colar es la LOMLOE, también llamada Ley Celaá, en plena pandemia y estado de alarma, una ley educativa nefasta por muchos motivos.

No contempla un solo artículo que tenga en cuenta al profesorado, la sacrificada infantería sin la cual no sería posible hacer nada. Lo expresó claramente Antonio Amate, secretario general de la Federación de Enseñanza de USO, “ningunea al profesorado”.

Su tramitación ha sido un rodillo a la carrera de Sánchez y su banda, ya que no ha pasado por el Consejo Escolar del Estado como es preceptivo. Tampoco han permitido la comparecencia de las organizaciones interesadas del sector en la Comisión de Educación del Congreso, la primera vez que ha ocurrido.

Pretende que el español desaparezca como lengua vehicular en la enseñanza. Una exigencia de ERC, apoyada por Unidas Podemos y aceptada por el PSOE, partido que hace tiempo que le sobra la última letra de sus siglas. La LOMLOE no dirá expresamente y sin ambigüedades que el castellano deba ser una de las lenguas que se usen para impartir las asignaturas en los colegios. ERC lo enarbola como un triunfo y los morados celebran que se consolide el modelo catalán de inmersión lingüística. Veremos como acaba esta locura, porque aunque la ley orgánica ya no lo diga, tanto el Supremo como el Tribunal Constitucional han fallado que el castellano debe ser vehicular, en sentencias que siguen vigentes.

La ley Celaá es una deconstrucción del artículo 27 de la Constitución. Reformula el derecho a la educación como un derecho a la educación pública. Leña a la enseñanza concertada, como si las familias que optan por esta red no pagaran impuestos. Los padres no podrán elegir centro educativo, ni siquiera el centro de titularidad pública de su preferencia, viendo inculcado su derecho a educar a sus hijos conforme a sus convicciones. Los niños son de sus padres, no suyos, señora Celaá.

Abre las puertas para que las comunidades autónomas vacíen los centros de Educación Especial sin cuantificar el voluminoso gasto que se tendría que hacer para que los centros ordinarios puedan acoger a estos niños con discapacidades. Una animalada, con todo mi respeto para los animales. Esos niños requieren una atención constante, muy difícil de realizar en un centro ordinario y mucho cariño, el que no tiene por ellos la ministra Celaá.

Necesitan unos presupuestos, aunque sean una chapuza, para seguir en el poder el resto de la legislatura y no les importa pactar con el diablo ni las concesiones que le tengan que hacer. Les interesa lo ocurrido hace mucho tiempo pero no lo cercano. “Ernest Lluch fue asesinado por aquellos que no pudieron soportar ese grito de libertad y concordia. Nosotros, compañeros y compañeras del partido socialista obrero español, es el partido de la libertad y aquellos que hoy ensalzan a Otegi y lo llaman hombre de paz, convendría que recordaran sus palabras y la memoria de Ernest Lluch”. ¿Recuerda quién dijo esto, Sr. Sánchez?

Esperemos que recuerde comprar suficientes jeringuillas si adquieren millones de dosis de vacuna anticovid-19. ¡Qué ya lo conocemos!

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