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Carmen Nuevo

La espinera

Carmen Nuevo Fernández

Escritora

Sobre la felicidad

Y la vida a veces discurriendo indómita, salvaje, como el mayor de los peligros que debiéramos afrontar… Pienso en la felicidad, mientras me contagio de desdicha. Tiempos muy difíciles para este mundo tan occidental que se imaginaba inalterable y a salvo de dolores, enfermedades y tristezas de otros continentes lejanos…

Pero es que todo está interconectado, la naturaleza se destruye en una selva amazónica, pero las lágrimas de esa savia misteriosamente nos sentencian también aquí, aunque seamos tan ajenos.

Tan ajenos, tan a salvo, tan lánguidamente vulnerables. Y de nuevo en un deseo de serenidad recurro al Tao, para alcanzar una esencia estática y pacífica, para que la sonrisa del sabio que mansamente cabalga en un búfalo negro y asiático nos disuelva, me disuelva los pesares y nos devuelva la ilusión y la credibilidad de que un mundo mejor que este es aún posible.

Y sí, es posible solo porque te tiendo la mano y me tiendes la mano y caminamos juntos rodeados de una aureola, de una magia solidaria, por todos los senderos hasta los más oscuros, bordeando una vez más tanta incertidumbre.

Tanta incertidumbre y contra ella toda la docilidad salvaje que quepa en nuestros corazones, porque te tiendo la mano, me tiendes la mano y creamos de nuevo un tejido de fuerzas cósmicas en un universo que deja de ser frío y distante, que se involucra y toma partido. Estoy aquí, porque has estado aquí y ahora soy yo la que rígida y dura te salvo, porque así debemos de ser los compañeros en esta encrucijada para que todo deje de ser marchito y se vuelva originario, suave y tierno.

Así es la auténtica felicidad. La felicidad no es acumular monedas que nos esclavizan o placeres que nos alejan de lo que somos o fuimos. La felicidad es ofrecer lo mejor de nosotros y compartir el sueño de una larga andadura a pie, en la que te sostendré cuando te caigas, porque también tú me has sostenido. La felicidad a veces es llorar y saber que en el dolor también se hace patria, una patria de luz y de agua y de cuerdas desanudadas, porque somos vecinos de los cantos y de los ladridos de los perros al amanecer.

Y sutil afloras felicidad y te cobijo con las manos abiertas indómita, salvaje, como la vida, como el mayor de los peligros que debiéramos afrontar…

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