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Francisco Sánchez

Vita brevis

Francisco Sánchez

A las diez en la cama estés

Había un viejo refrán que decía: “A las diez en la cama estés; si puede ser antes, mejor que después.” Lo recuerdo porque realmente está en desuso, tanto el refrán en sí, como la conseja que contiene.

Era muy oportuno este refrán y su consejo en tiempos antiguos, cuando no había luz eléctrica y convenía ahorrar en velas, candiles y palmatorias, que suponían un gasto extra que debía evitarse en la medida de lo posible, porque las economías domésticas no eran de aquella muy boyantes. Así, durmiendo de noche, podían realizarse todos los trabajos aprovechando la luz solar, desde el riscar del alba.

Había otros refranes parecidos, como aquel que dice: “El hombre honrado a las diez acostado”. Era similar su intención que, por una parte, enaltecía a la persona trabajadora, porque podría levantarse primero para trabajar honradamente y, por la otra, porque andar por ahí por las calles y callejas oscuras era propio sólo de malhechores, pecadores y gentes de mala catadura. Ya decían los clérigos moralistas cuando alguien había tenido un accidente a horas tardías de la noche: “¿Qué estaría haciendo a esas horas por ahí? Nada bueno seguro”.

Estos refranes, lógicamente, se fueron olvidando con el tiempo y, muy especialmente, con la instalación generalizada de la luz eléctrica. Hay una canción avilesina que pondera mucho a la villa y, de forma petulante, dice: “Es Avilés la ciudad más bonita y galante / tiene comodidades de una ciudad grande; / hay comercios de gran importancia, / Juzgado de primera instancia / y hermosa electricidad.” Ahí es nada la hermosa electricidad, que lo cambió todo. Toca usted un interruptor y se hizo la luz, sin necesidad de decir: ¡Hágase la luz! Ve usted casi tan bien como de día en su casa y, sin necesidad de hacer nada, también se encienden las luces de las calles para poder transitar por ellas sin tener que andar palpando para no darse un morrazo.

Con la hermosa electricidad San Juan de la Cruz ya no podría escribir aquello que decía: “En una noche oscura / con ansias, en amores inflamada, / ¡oh dichosa ventura! / salí sin ser notada, / estando la mi casa sosegada”. Ya no hay noches así, porque entre la hermosa electricidad de las casas, de las calles y de los escaparates de los comercios de gran importancia, todo es luz, tanta que ahora hasta contamina.

Pero don Adrián Barbón, que es de Laviana y nos preside sin que le tiemble el pulso, ha recordado el viejo refrán, que yacía como en el poema de Bécquer: “Del salón en el ángulo oscuro, / de su dueño tal vez olvidada, / silenciosa y cubierta de polvo / veíase el arpa.” Y, ¡hala! Nos mandó a todos a dormir a la diez, como si no tuviéramos aún hermosa electricidad.

Como los padres autoritarios antiguos daban permiso a sus hijas para andar un poco por ahí, pero bajo la condición de que ¡a las diez en casa! ¿eh? Y a las diez son a las diez, que sino te quedas castigada el domingo sin salir.

Estos políticos de las taifas autonómicas le han cogido gusto a encerrarnos en casa, de tal manera que hay unos cuantos que han pedido autorización al Gobierno para poder arrestarnos, no a las diez, sino todo el santísimo día con su noche respectiva.

Y es el remedio que vale para todo, como el bálsamo de Fierabrás, que este gigante sarraceno traía en las alforjas de su caballo traído de Jerusalén, procedente del que había sido usado en la sepultura de Jesús.

Que hay un bicho chino que anda por ahí; todos para casa. Que hay una nevadona de padre y muy señor mío; todos para casa. Que hay una galerna gallega que se acerca; todos para casa. De ahora en adelante todo lo van a arreglar arrestándonos en casa. Es la solución milagrosa de todos los males: ¡Venga, corre para casa, que te meto una multa que se te crujen las espaldas!

El gran éxito de un político se va a medir en si ha conseguido que todos sus administrados estén a las diez en la cama. Buenas noches tenga usted.

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