Nada suele ser cuestión de azar. Cuando la luz vence a las puñaladas de la oscuridad no es un hecho casual ni fortuito, sino que sucede a través de estrategias meditadas, planificadas y aprendidas.

No es cuestión de azar que hubiese tenido la oportunidad de informarme, dialogar e intercambiar impresiones con una de las responsables de Filonenos.org, asociación que, entre otras actividades, desarrolla en Asturias la encomiable labor de desarrollar la enseñanza de la Filosofía para niños basándose, al menos en parte, en las pautas pedagógicas surgidas en EEUU en la década de los setenta del siglo pasado, y en la que Matthew Lipman ha tenido tanto que ver.

Durante el interesante encuentro, no debido al azar, vi despejadas algunas incógnitas: la de comprender cómo siendo la Filosofía tan compleja puede transmitirse a través de fábulas, juegos, acertijos, talleres de lectura, etc. en niños, pero también en adultos y en personas con discapacidad para desarrollar los esquemas de pensamiento y además conseguir una “utilidad” para el individuo que revierta también en la sociedad, porque conseguir pensar mejor implica saber escuchar en silencio, tolerar las opiniones contrarias dentro del marco de lo ético, saber abordar problemas dialógicamente, e incluso llegar a lograr, por qué no –aunque resulte utópico– un mundo mejor. Pues no me cabe la menor duda de que si logramos que nuestro mundo sea mejor, quizás podamos contribuir también a mejorar el mundo de los demás.

Si somos capaces de saber reflexionar sobre la verdad, la belleza y la justicia, quizás logremos ser más felices de la única forma posible: la auténtica, la que se aleja del consumo desmesurado, de seres huecos e influencers, de borracheras absurdas los fines de semana. Por eso el debate vital del hombre en su entorno natural y pluridimensional que suscita Filonenos.org se torna tan necesario para desarticular la mascarada que atenaza a nuestra sociedad. Y es que si somos capaces de superarnos y de fortalecernos en la adversidad, créanme, no es una cuestión de azar, sino que se debe al aprendizaje previo que nos permite la construcción de un pensamiento liberador. Y digo esto mientras pienso en Mandela, pero también en Matthew Lipman y en esta asociación, Filonenos.org, a la que he tenido la suerte de conocer pues su metodología logra enseñar a pensar y proporciona el llegar a sentir lo que W. E. Henley plasmó en los versos finales de su célebre poema “Invictus”: soy el amo de mi destino/ soy el capitán de mi alma.